Editorial: Hidrógeno verde: dos realidades que no dialogan
Editorial: Hidrógeno verde: dos realidades que no dialogan M ientras en Santiago el gobierno presentaba la actualización de la Nacional Estrategia de Hidrógeno Verde 2026-2030, en Punta Arenas se confirmaba que la Asociación de Productores de Hidrógeno Verde y sus Derivados de Magallanes entraba en receso. La coincidencia temporal no es un detalle anecdótico: es el reflejo de una desconexión profunda entre el discurso nacional y la realidad regional. La escena resulta, por decir lo menos, inquietante. En la capital se hablaba de metas, ejes estratégicos y proyección internacional; en la región que concentra los proyectos más ambiciosos del país, el gremio que agrupa a sus principales actores decidia suspender actividades. El contraste expone una tensión evidente entre planificación y ejecución, entre expectativa y viabilidad. Magallanes fue presentada como el epicentro del hidrógeno verde en Chile. Sus condiciones eólicas excepcionales y la magnitud de las inversiones anunciadas -que superaban decenas de miles de millones de dólaresla convirtieron en símbolo de la transición energética. Sin embargo, hoy el panorama es otro, con proyectos congelados, socios que se retiran, oficinas que reducen personal y una asociación que opta por "poner en pausa" su acción gremial. No se trata unicamente de un problema comunicacional. El receso del gremio revela un deterioro en las condiciones de confianza necesarias para que una industria de esta envergadura prospere. El hidrógeno verde exige inversiones de largo plazo, certezas regulatorias y estabilidad en las reglas del juego. Cuando esas condiciones se perciben frágiles o cambiantes, el capital se retrae. Y cuando el capital se retrae, el discurso pierde sustento. Es cierto que el contexto internacional ha variado. La demanda global se ha ajustado, los mercados energéticos han cambiado y las prioridades geopolíticas se han reordenado. Pero también es evidente que, a nivel interno, la tramitación ambientall compleja, la proliferación de instrumentos normativos y la introducción de nuevas exigencias han tensionado el desarrollo de los proyectos. No se trata de eludir estándares ambientales -indispensables en una región de alto valor ecológico-, sino de asegurar que las reglas sean claras, coherentes y previsibles. La paradoja es que el gobierno lanza la actualización de una estrategia que tiene en los proyectos de Magallanes precisamente el pilar de la vocación exportadora de la naciente industria. La paradoja es que, mientras el Ejecutivo reafirma su compromiso estratégico con el hidrógeno verde, la principal plataforma gremial de la región decide replegarse. Sin un interlocutor colectivo, el diálogo público-privado se fragmenta. Cada empresa seguirá su propio camino, pero la región pierde una voz común en un momento crítico. La transición energética no puede sostenerse sólo en anuncios ni en estrategias bien diseñadas sobre el papel. Requiere coherencia entre la politica nacional, las normas y regulaciones y la realidad territorial El reto inmediato no es sólo técnico ni financiero. Tampoco implica sólo esperar el desarrollo de la demanda internacional, El desafío es politico e institucional. Se tiene que volver a alinear expectativas con condiciones reales, discurso con ejecución, estrategia con territorio. Pero, al parecer ya es tarde, pues estamos a un tris de que la promesa de una nueva industria termine siendo recordada como otra oportunidad que se diluyó entre anuncios y pausas..