Autor: Marcela Mercado, gestora cultural
Columnas de Opinión: fondo de las cuadras, separados de ellas por una delgada puerta de madera, y no tenían ventanas. En años anteriores, el invierno sólo llegaba al dormitorio de los cadetes, colándose por los vidrios rotos y las rendijas; pero este año era agresivo y casi ningún rincón de] colegio
Columnas de Opinión: fondo de las cuadras, separados de ellas por una delgada puerta de madera, y no tenían ventanas.
En años anteriores, el invierno sólo llegaba al dormitorio de los cadetes, colándose por los vidrios rotos y las rendijas; pero este año era agresivo y casi ningún rincón de] colegio se libraba del viento, que, en las noches, conseguía penetrar hasta en los baños, disipar la hediondez acumulada durante el día y destruir su atmósfera tibia. Pero Cava había nacido y vivido en la sierra, estaba acostumbrado al invierno: era el miedo lo que erizaba su piel. " "La ciudad y los perros" es una novela publicada el año 1963. Escrita por el Premio Nobel de Literatura Mario Vargas Llosa, en su época fue 66 ava sintió frío. Los Cpaños estaban al considerada como una obra que irrumpió como un golpe seco en la literatura latinoamericana. La novela, sin concesiones ni ornamentos innecesarios, y poseedora de una estructura fragmentada, obligaba al lector a reconstruir el relato como quien recompone una verdad rota. Hoy, a un año de la muerte de Mario Vargas Llosa, su primera gran novela vuelve a interpelarnos con una vigencia inquietante.
La historia se sitúa en el Colegio Militar Leoncio Prado y podría parecer en apariencia un relato de formación, pero pronto se revela como algo más oscuro: un sistema cerrado donde la violencia no es excepción, sino norma; un lugar donde la jerarquía se sostiene a través del miedo y la humillación, un espacio donde la identidad se fragmenta entre lo que se es y lo que se debe aparentar ser.
Así, vamos conociendo a El Jaguar, El Poeta o El Esclavo, que más que personajes, pudiesen ser consideradas máscaras que encarnan las tensiones de una "La historia se sitúa en el Colegio Militar Leoncio Prado y podría parecer en apariencia un relato de formación, pero pronto se revela como algo más oscuro: un sistema cerrado donde la violencia no es excepción, sino norma; un lugar donde la jerarquía se sostiene a través del miedo y la humillación, un espacio donde la identidad se fragmenta entre lo que se es y lo que se debe aparentar ser.". sociedad que se observa a sí misma sin querer reconocerse, ya que en la novela la violencia institucionalizada no es solo física, sino también simbólica, lingüística y moral.
Se aprende a callar y a obedecer para poder sobrevivir, y en ese aprendizaje se diluye la posibilidad de una ciudadanía plena. ¿ No es ésa, en el fondo, una de las preguntas que atraviesan cualquier proceso democrático? ¿ Qué tipo de sujeto produce una sociedad? ¿ Qué margen de libertad real existe en contextos donde la presión del entorno modela, y muchas veces deforma, la voluntad individual? A un año de la partida de su autor, la obra no se instala en el recuerdo pasivo, sino en la incomodidad activa. Vargas Llosa escribió sobre el poder, sus mecanismos, abusos y seducciones, con una lucidez que hoy adquiere una resonancia particular. Las elecciones presidenciales preuanas no son solo una disputa de nombres o programas, sino que son también un espejo de las estructuras profundas que configuran una nación, sus desigualdades, fracturas y persistencias. Desde Antofagasta esa reflexión adquiere un matiz adicional. Nuestra ciudad, históricamente marcada por el cruce de culturas y migraciones, es también un espacio donde la vida peruana se proyecta más allá de sus fronteras. En estos días, hombres y mujeres peruanos residentes participarán en las elecciones a través de su consulado, ejerciendo un derecho que trasciende la geografía. Hay algo profundamente significativo en ese gesto, pues es la representación de que la democracia no se agota en el territorio, sino que se sostiene en la pertenencia. Leer hoy La ciudad y los perros es, entonces, más que un ejercicio literario, es, por sobre todo una forma de pensar el presente desde una obra que supo anticipar las grietas de su tiempo. Vargas Llosa no ofrecía respuestas fáciles, sino que más bien, exponía las preguntas con una crudeza que incomodaba, obligándonos a mirar por donde preferiríamos no hacerlo. Tal vez sea esa la razón de que literatura se mantenga tan viva. "Ella lo miró con ternura. Alberto pensó: "estudiaré mucho y seré un buen ingeniero. Cuando regrese, trabajaré con mi papá, tendré un carro convertible, una gran casa con piscina. Me casaré con Marcela y seré un donjuan. Iré todos los sábados a bailar al Grill Bolívar y viajaré mucho. Dentro de algunos años ni me acordaré que estuve en el Leoncio Prado". -¿ Qué te pasa? dijo Marcela -. ¿ En qué piensas? Estaban en la esquina de la avenida Larco. A su alrededor había gente; las mujeres llevaban blusas y faldas de colores claros, zapatos blancos, sombreros de paja, anteojos para el sol. En los automóviles convertibles se veía hombres y mujeres en ropa de baño, conversando y riendo.
Nada -dijo Alberto -. No me gusta acordarme del Colegio Militar. " "La ciudad y los perros" En el cruce entre memoria y contingencia, una conmemoración, una elección, una ciudad que observa y participa, la novela se resignifica, y en esa resignificación, confirma su lugar no solo en el canon, sino en la conciencia crítica de quienes aún creemos que la literatura puede ser una forma de verdad. Autor: Marcela Mercado, gestora cultural.