Autor: Osvaldo Urrutia Soto Consejero regional, exdiputado
Columnas de Opinión: La falsa promesa de un tren capaz de hacerlo todo
Columnas de Opinión: La falsa promesa de un tren capaz de hacerlo todo os trenes de pasajeros y los trenes de carga responden a exigencias de ingeniería y operación completamente distintas. Pretender resolver ambas funciones en un solo proyecL to suele terminar entrampando su diseño, evaluación económica y materialización. Hay ideas que suenan eficientes en el discurso, pero que rara vez funcionan en la práctica. El tren capaz de transportar pasajeros a gran velocidad y, al mismo tiempo, mover carga hacia los puertos es una de ellas. La experiencia internacional demuestra que en infraestructu ra ferroviaria existe una regla simple: los trenes rápidos transportan personas y los trenes de carga mueven mercancías.
Cuando se intenta que una misma infraestructura cumpla ambas funciones, lo más probable es terminar con un sistema que no hace bien ninguna de las dos, ya que un tren mixto reduce la velocidad del tren de pasajeros y la capacidad del tren de carga. La razón es fundamentalmente técnica. Los trenes rápidos de pasajeros están diseñados para alcanzar velocidades superiores a los 200 kilómetros por hora. Para ello requieren material rodante liviano, aceleraciones rápidas, trazados con radios de curva amplios y un diseño geométrico de la vía muy preciso. Todo en ello está pensado para reducir tiempos de viaje y garantizar regularidad en los horarios. Los trenes de carga responden a una lógica completamente distinta. Son convoyes largos, pesados y de menor velocidad, normalmente entre 60 y 90 kilómetros por hora, cuyo objetivo es transportar grandes volúmenes al menor costo posible.
Un solo tren de carga puede movilizar el equivalente a cientos de camiones, pero para hacerlo necesita pendientes más suaves, estructuras de vía más robustas, viaductos más resistentes, rieles capaces de soportar mayores cargas por eje y túneles de diferente tamaño. Además, las diferencias no se limitan a la velocidad. Las exigencias de ingeniería también son muy distintas. No se trata de trenes distintos en la misma vía, sino de infraestructuras concebidas desde su origen para misiones completamente diferentes. Para la Región de Valparaíso, cuyo desarrollo histórico y futuro está estrechamente ligado a sus puertos, esta distinción no es menor. El debate sobre un eventual tren entre Santiago y Valparaíso ha vuelto a poner sobre la mesa esta discusión.
Un tren de pasajeros busca acercar ciudades y mejorar la movilidad de las personas; un tren de carga, en cambio, busca conectar los puertos con los territorios productivos, ampliando la zona de influencia y fortaleciendo la competitividad del comercio exterior. En ese contexto, insistir en proyectos ferroviarios que pretendan cumplir simultáneamente funciones tan distintas corre el riesgo de transformarse en una promesa populista, seductora en el discurso, pero extremadamente difícil de materializar en la práctica. Lo razonable, por tanto, es avanzar en proyectos ferroviarios especializados: trenes rápidos para pasajeros y corredores logísticos eficientes para carga. Cuando se intenta con un proyecto hacerlo todo, normalmente se termina sin hacer nada bien. Autor: Osvaldo Urrutia Soto Consejero regional, exdiputado. C Columna