Analfabetismo regional
Analfabetismo regional El analfabetismo en la Región de Coquimbo no es solo una cifra del último Censo 2024 del Instituto Nacional de Estadísticas (INE); es, sobre todo, el reflejo de una deuda persistente del Estado con miles de personas que han quedado al margen del derecho básico a la educación. Que 17.957 habitantes -un 2,15% de la población mayor de 7 añosno sepan leer ni escribir no puede relativizarse por su cercanía al promedio nacional. Cada uno de ellos representa una historia de exclusión. El fenómeno, lejos de ser homogéneo, se concentra en sectores rurales, en personas mayores, en comunidades históricamente postergadas. Allí convergen la pobreza, el aislamiento geográfico y la falta de acceso efectivo a la escolarización. No se trata de un problema del sistema educativo actual, sino de las consecuencias acumuladas de décadas en que la cobertura no logró llegar a todos los territorios. Sin embargo, reconocer su origen no exime de responsabilidad presente. El analfabetismo limita el acceso al empleo, restringe la participación social y profundiza brechas en una sociedad cada vez más mediada por la información y la tecnología. En términos concretos, perpetua la desigualdad. Las iniciativas impulsadas en el sistema escolar -como programas de fomento lector en etapas tempranasson necesarias, pero insuficientes para abordar el rezago histórico. La alfabetización de adultos requiere políticas focalizadas, mayor cobertura territorial y una articulación real entre instituciones. No basta con diagnósticos: se necesita voluntad política y recursos acordes a la magnitud del problema. Erradicar el analfabetismo no es solo una meta educativa; es una condición mínima para avanzar hacia una sociedad más equitativa. La región no puede seguir normalizando esta brecha. La deuda está identificada. Lo urgente es comenzar, de una vez, a saldarla. EDITORIAL. El fenómeno, lejos de ser homogéneo, se concentra en sectores rurales, en personas mayores, en comunidades históricamente postergadas. EDITORIAL