Autor: Ignacio Vera
Cómo China puede resultar victoriosa frente a Estados Unidos tras la guerra en Medio Oriente
Cómo China puede resultar victoriosa frente a Estados Unidos tras la guerra en Medio Oriente La guerra contra Irán, que iniciaron Estados Unidos e Israel en conjunto a finales de febrero, prometía transformar Medio Oriente al debilitar un estricto régimen islámico y frustrar sus ambiciones nucleares. Según The Economist, para sus partidarios más fervientes, la guerra también cambiaría el mundo al truncar el ascenso de China. Así, uno de los principales motivos de la intervención militar estadounidense en el país persa era demostrar cómo el control estadounidense sobre el flujo de petróleo dejaría a China vulnerable. Y, a la vez, reforzaría la disuasión al contrastar la supremacía militar norteamericana con la reticencia o incapacidad de Beijing para proteger a sus aliados. Sin embargo, a un mes después del inicio de los combates, esta lógica sigue pareciendo errónea y arrogante. O, al menos, así lo percibe Beijing. The Economist entrevistó a diplomáticos, asesores, académicos, expertos y funcionarios, tanto actuales como antiguos, en China. Casi todos ellos evalúan la guerra como un grave error de la Casa Blanca.
El régimen de Xi Jinping se ha mantenido al margen, afirman, porque sus líderes estarían siguiendo la máxima napoleónica: "Nunca interrumpas a tu enemigo cuando está cometiendo un error". En esta línea, las fuentes consultadas por la revista británica afirman que la guerra acelerará el declive de Estados Unidos. Consideran la agresión de la administración de Donald Trump como una validación del enfoque del presidente Xi Jinping en la seguridad por encima del crecimiento económico. Y esperan que la paz, cuando llegue, cree oportunidades que China pueda aprovechar. Aunque, en el trasfondo, persiste la ansiedad y el indicio de un posible error de cálculo chino. El declive norteamericano En primer lugar, en China abunda la opinión de que Estados Unidos está arremetiendo contra Irán porque siente que su poder se está debilitando. De esta forma, y al igual que Gran Bretaña en el siglo XIX, la amenazante demostración de fuerza militar norteamericana contrasta con una falta de propósito y moderación. "China está ganando la partida geopolítica.
Primero, Trump está alejando a Estados Unidos de los ideales y principios que alguna vez defendió", sostuvo al respecto Eswar Prasad, economista y académico de Política Comercial de la Universidad de Cornell en una columna publicada en el Financial Times. "Segundo, con China, al menos otros países saben exactamente a qué atenerse, a diferencia de la incertidumbre que generan los cambios impredecibles del presidente estadounidense", prosiguió. Donald Trump desestimó la Asamblea de Expertos de Irán, especialmente respecto a su habilidad para rearticularse tras la decapitación del régimen en los primeros días SIGUE Autor: Ignacio Vera. El conflicto entre Estados Unidos, Israel e Irán, lejos de frenar a Beijing, es visto por analistas chinos como un error estratégico de Washington que podría acelerar su desgaste global. Mientras la Casa Blanca se concentra en Medio Oriente, China apuesta por consolidar su autonomía económica y tecnológica, y posicionarse para capitalizar un eventual reordenamiento del poder mundial. SIGUE El presidente chino, Xi Jinping, y su par estadounidense, Donald Trump. V del conflicto, cuando abatieron al líder supremo Alí Jamenei y otros jerarcas de la institucionalidad chiita. Debido a lo anterior, los expertos del gigante asiático esperan que la guerra amplifique el discurso sobre el declive norteamericano. Las reflexiones del inquilino de la Casa Blanca sobre una eventual operación terrestre son una muestra de la facilidad con la que un paso en falso puede conducir al siguiente. Entonces, se aparecen distintos escenarios desfavorables para la Casa Blanca. Si Irán cae en el caos o el régimen se aferra al poder, Washington podría pasar años combatiendo conflictos en la región. Si Irán busca armas nucleares, Estados Unidos podría entrar en guerra una vez más. Todo esto distraería a Washington del este de Asia, donde, si China se sale con la suya, se definirá el siglo XXI. Y esta guerra también preocupa a los países que dependen de Estados Unidos. Por ejemplo, para varios países asiáticos, su gran aliado norteamericano no solo se ha vuelto menos fiable, sino que están pagando las consecuencias de su impulsividad con precios elevados de energía y materias primas.
La oportunidad de China En segundo lugar, según los funcionarios chinos consultados por The Economist, creen que la guerra demuestra la sensatez del énfasis del mandatario chino en fomentar la autosuficiencia en tecnología y materias primas, incluso cuando estos esfuerzos se han producido a expensas del crecimiento económico. Xi Jinping se ha esforzado por proteger a China del cierre de puntos estratégicos. Ha creado una reserva estratégica de petróleo de 1.300 millones de barriles, suficiente para varios meses. Ha diversificado la generación de energía hacia la nuclear, la solar y la eólica, manteniendo al mismo tiempo el uso del carbón extraído en el país. En definitiva, el gigante asiático está actuando con su característico pragmatismo. Beijing también ha invertido en sus propios puntos estratégicos como medida disuasoria contra Estados Unidos. El año pasado, tras la escalada arancelaria de Trump, China amenazó con restringir el suministro de tierras raras, vitales para la electrónica y las tecnologías verdes. Si bien esta influencia disminuirá a medida que Estados Unidos encuentre fuentes alternativas, Xi Jinping ya busca nuevos puntos de presión, como precursores farmacéuticos, chips y la logística. El objetivo de China es dominar las nuevas tecnologías, como la computación cuántica y la robótica. Por último, la guerra creará oportunida des para el gigante asiático. Los países del Golfo e Irán licitarán lucrativos contratos de reconstrucción. Muchos países preocupados por futuros embargos de hidrocarburos en el estrecho de Ormuz querrán comprar tecnología verde china, incluyendo equipos de productores de energía solar, eólica y de baterías. China también cree que puede explotar a Estados Unidos. Debilitado tras la guerra con Irán, Trump podría ser más proclive a negociar.
En la próxima cumbre entre Xi Jinping y el inquilino de la Casa Blanca en Beijing, el 14 y 15 de mayo, China espera sentar las bases para un acuerdo que limite el uso de aranceles y controles de exportación por parte de Washington, y que posiblemente cree un marco para la inversión china en Estados Unidos. Sin embargo, el optimismo de China se ve atenuado por la ansiedad. Los expertos están sorprendidos por la forma en que las Fuerzas Armadas estadounidenses están utilizando la inteligencia artificial para coordinar operaciones. Otras preocupaciones son económicas. Si la guerra se prolonga, el daño a China y sus exportaciones aumentará, incluso si otros países sufren más. Beijing a la cabeza A pesar de todo, el análisis pragmático de China tiene un punto ciego estratégico. Los pensadores chinos serían reacios a contemplar un escenario en el que Estados Unidos actúe como una potencia rebelde, destruyendo el orden mundial que creó. Aunque Beijing no comulga con los valores occidentales, ha prosperado bajo reglas que Washington estableció. Pero, según la columna de Prasad publicada en el Financial Times, la administración de Trump estaría desmantelando la narrativa e instituciones que lo separan de China.
Esto podría implicar que Beijing termine como el gran ganador de la disputa geopolítica entre ambas potencias. "Ha intervenido directamente en los mercados, dando preferencia a empresas e industrias que gozan de su favor y el de su familia", sostuvo el economista.
Luego comparó el gobierno de Trump con los comportamientos de Beijing: "Ha dejado claro su deseo de controlar las decisiones sobre los tipos de interés del banco central, como lo hace el Partido Comunista en China. Ha destituido a funcionarios que no le muestran lealtad a él ni a sus políticas. Y ha utilizado el sistema judicial para derrocar a sus rivales políticos". "Hasta ahora, ha atacado a los jueces que emiten fallos desfavorables, tildándolos de manifiestamente partidistas, pero no ha revocado sus decisiones. Esto es similar a la posición del Partido Comunista Chino por encima del sistema judicial chino, que resuelve sobre derechos de propiedad y contractuales, pero no cuestiona las acciones ni las políticas del gobierno", continuó.
Finalmente, el académico de la Universidad de Cornell ejemplificó con las amenazas a la Primera Enmienda de la Constitución estadounidense. "La visión de Trump sobre la libertad de prensa es la de una prensa que exalta sus logros y minimiza las críticas.
Bajo su administración, el papel de la prensa como instrumento para exigir responsabilidades a los funcionarios públicos se está erosionando, ya que Trump busca algo parecido a la prensa oficial china, que se limita a ensalzar las virtudes del líder", concluyó..