Autor: SERGIO URZÚA U. de Maryland y Clapes-UC
Columnas de Opinión: Voy a volver a reconocer tu letra
Columnas de Opinión: Voy a volver a reconocer tu letra Hurgueteando carpetas antiguas encontré un papel escrito por mi padre. ¿Cómo sé que era de él? Imposible olvidar su letra. Casi ilegible para el resto, en la casa nos formamos descifrando sus “s”, “a”, “l”, etcétera. Lo mismo con la de mi mamá, pero esa es distinta.
Redondita, perfecta, el resultado de un entrenamiento que tomaba años y al que hoy muy pocos están sujetos. ¿Podrían describir mis hijos mi letra? Y peor aún, ¿podría yo reconocer la de ellos? ¿ Son estas dudas solo nostalgia o apuntan a algo de fondo? Existe evidencia de la importancia de escribir en papel y con lápiz. El desarrollo motor fino en niños es una clave, pero el ejercicio mental de mover la mano mientras el cerebro procesa información segundo a segundo tiene consecuencias más generales para el desarrollo humano.
Por ejemplo, en los primeros años del colegio está documentado que escribir las letras del abecedario a mano trae consigo una mejor y más duradera comprensión lectora respecto de la opción de tipearlas en un teclado. La acción, para algunos antigua, además mejora la memoria y el reconocimiento de palabras, elementos básicos del aprendizaje. Entre los adultos, tomar apuntes a mano en una clase o charla (en vez de tipearlos) está asociado a una mejor comprensión del material que se escucha. Sin embargo, es posible que el aspecto social de leer un mensaje, una carta, una misiva manuscrita, sea lo más importante y lo que, personalmente, más extraño en estos tiempos de tipeo.
Primero, pues la forma de la letra devela rasgos de personalidad de quien escribe. ¿Jugó al amigo secreto de chico? En colegio de hombres, el contacto previo a redes sociales se hacía, obvio, con uno de mujeres. De aquellos mensajes escritos a mano por una desconocida, la imaginación extraía gustos, preferencias, humor, ansiedad, hasta afectos. Era puro regocijo abrir el sobre y sorprenderme con una carta escrita con preocupación, detalle y linda letra. Y esto último es precisamente otro punto relevante. Convengamos que escribir a mano una carta, sin errores y cien por ciento legible, demanda mucho esmero.
Esta acción no es solo uno de los procesos cognitivos más complejos del ser humano, sino también, dependiendo de las circunstancias, puede ser una de las formas más bellas de mostrar afecto o más quirúrgica de mostrar desprecio.
En cualquier caso, la emoción de recibir el mismo mensaje en un email nunca será el mismo. ¿Será que para las nuevas generaciones todo lo anterior importa un bledo? Entiendo que para quienes el escribir es sinónimo de tipear en un teléfono o sentarse frente a una computadora, el goce de lo manuscrito puede ser una tontera. Sin embargo, para fortuna de quienes crecimos reconociendo en la letra del prójimo algo más que solo palabras, el mismo cambio tecnológico nos hará vigentes, particularmente con los más jóvenes. Aquí el porqué: en colegios y universidades, la necesidad de conocer el aprendizaje del estudiante está obligando a volver al lápiz y papel. Esto pues, con la inteligencia artificial, dar tareas para la casa, tomar pruebas en la computadora o preparar reportes digitales, es absolutamente inútil.
Y como no hay forma de evitar el uso de la tecnología, qué mejor que volver a lo de antes: ¿ aprendió la materia?, esta es la prueba y escriba sus respuestas... aquí tiene un lápiz. Se lo firmo, escribir a mano, de forma clara y precisa, vuelve al aula. Si en el colegio o universidad aún no lo hacen, hágale un favor al estudiante y reclame. Y ojo, que esto también puede llegar al lugar de trabajo. El retorno del papel y el lápiz será un proceso que requerirá ajuste (por de pronto soltar la mano), pero será uno virtuoso. Nos obligará a alejarnos un poco de la homogeneidad de la tipografía de imprenta, de la fuente digital; y a expresarnos con una identidad distinta aun cuando escribamos lo mismo. Y a nivel familiar, puede tener algo de reencuentro. Quizás los hijos reconozcan (y valoren) un mensaje escrito a mano por sus padres, mientras los padres recuperen la esencial intimidad de conocer la letra de sus hijos. Si ese es el impacto de la inteligencia artificial, no me quejo. Autor: SERGIO URZÚA U. de Maryland y Clapes-UC. “... Se lo firmo, escribir a mano, de forma clara y precisa, vuelve al aula. Si en el colegio o universidad aún no lo hacen, hágale un favor al estudiante y reclame. Y ojo, que esto también puede llegar al lugar de trabajo... ”.