Uno ordena, el otro desordena
Uno ordena, el otro desordena No ha hecho más que iniciar su labor el nuevo gobierno elegido democráticamente, y ya han comenzado las protestas y los ataques desde varios sectores, debido a una serie de medidas anunciadas que al margen de ser perfectibles, buscan ordenar los gastos del Estado en particular, y la economía del país en general.
Pero parece que varios sectores políticos sólo quieren obtener ventajas, dádivas y regalías del Estado, no estando dispuestos a aceptar malas noticias, incluso si ellas son el fruto de la mala administración de los gobernantes elegidos anteriormente por ellos mismos. De esta manera, da la impresión que estamos condenados a un permanente movimiento pendular.
Es decir, que con la excusa de lograr diversas mejoras para la población (muchas imposibles, o si producen un beneficio inmediato, generan a la postre mayores problemas que los que intentan solucionar), en un primer momento, los gobiernos de izquierda desordenan las finanzas y en general la economía; y después, son los gobiernos de derecha los que intentan volver las cosas a su sitio, viéndose obligados a tomar medidas impopulares, pagando así los platos rotos producidos por el desorden anterior, lo que hace, sorprendentemente, que luego sean sustituidos nuevamente por los mismos que originaron el problema, con lo cual el ciclo vuelve a empezar. Así entonces, uno ordena y el otro desordena.
El gran problema es que la economía tiene sus propias reglas (varias de las cuales aún no se comprenden del todo y seguramente habrá otras que quedan por descubrir), reglas que no dependen del querer o del capricho de los gobernantes. De hecho, estas reglas son tan claras y precisas, que intentar burlarlas mediante leyes suele ser peor a la postre. Tal vez por eso decía hace algunos meses un conocido economista que "el que entiende realmente economía, no puede ser marxista", precisamente por la total incompatibilidad que existe entre una y otro.
Y esto no es teoría: es cosa probada empíricamente hasta la saciedad, viendo la más que lastimosa situación en la cual han acabado los países gobernados por esta ideología. ¿ Aprenderemos algún día? Así entonces, el gran problema con que se ha encontrado la nueva administración es simple: no hay dinero. No solo eso, sino que además, buena parte del mismo "se esfumó" y no se sabe dónde está o qué se ha hecho con él.
Por eso resulta indispensable para el Estado equilibrar ingresos y gastos, pues estos últimos están siendo financiados en buena medida en la actualidad con deuda, deuda que afectará sobre todo a las generaciones futuras, las que muy bien podrían recriminarle a la actual su irresponsabilidad en la administración de los recursos de todos.
Sin embargo, el gran problema es que cuando ello eventualmente ocurra, muchos de los actuales responsables de ese descalabro estarán muertos, con lo cual, en la práctica están actuando-y lo saben perfectamente-en la más total impunidad. Así entonces, se hace imprescindible "ordenar la casa", si es que se quiere que las cosas funcionen aceptablemente bien en los próximos años.
Continuar por el actual camino de gasto sin control es claramente "pan para hoy y hambre para mañana". MAX SILVA ABBOTT Doctor en Derecho, profesor de Filosofía del Derecho Universidad San Sebastián Es imprescindible "ordenar la casa", si es que se quiere que las cosas funcionen aceptablemente bien en los próximos años. Continuar con el gasto sin control es "pan para hoy y hambre para mañana".. Opinión Es imprescindible "ordenar la casa", si es que se quiere que las cosas funcionen aceptablemente bien en los próximos años. Continuar con el gasto sin control es "pan para hoy y hambre para mañana".