Columnas de Opinión: OPINIÓN El estrecho de Ormuz y la minería chilena
Columnas de Opinión: OPINIÓN El estrecho de Ormuz y la minería chilena La crisis en el estrecho de Ormuz no solo golpea sobre la energía. Vuelve a exponer la vulnerabilidad logística de las cadenas globales en las que descansa la producción mundial y por cierto la minera chilena. Por ese estrecho transita cerca de un 20% del comercio mundial de petróleo y una proporción aún mayor de productos energéticos y químicos asociados. Pero aún más relevante es la concentración, pues entre 30% y 50% del comercio marítimo global de insumos clave como urea, metanol y azufre depende de esa ruta. No se trata solo de petróleo, es un nodo crítico de la cadena global de insumos industriales. Para la minería chilena, el impacto de esta crisis se transmite a través de los mayores precios de insumos, así como de su eventual indisponibilidad. El efecto de mayores precios sobre los costos es relevante pero manejable. Los combustibles representan alrededor del 6% del costo operacional de la minería del cobre en Chile.
Un aumento significativo del precio del petróleo, por ejemplo, desde US$ 70 a US$ 150 por barril, podría traducirse en incrementos del orden de 7% en los costos operacionales directos, equivalentes a unos 12 centavos de dólar por libra de cobre. No es trivial, pero tampoco es estructuralmente disruptivo en una industria acostumbrada a la volatilidad. El verdadero riesgo está en que la minería chilena depende críticamente del diésel para la operación continua de camiones de alto tonelaje y equipos móviles.
A diferencia de procesos mineros intensivos en electricidad como la concentración o la lixiviación, el transporte minero sigue siendo intensivo en combustibles fósiles sin sustitutos inmediatos a gran escala, lo que convertiría una interrupción prolongada en un riesgo operativo. Si bien la mayor parte del crudo que se procesa en Chile proviene de América Latina, el país sigue estando expuesto a los vaivenes globales.
Más aún, los 25 días de inventarios mínimos exigidos por ley están por debajo de los estándares de la Agencia Internacional de Energía (90 días). Si bien esto concede al sector minero una relativa protección frente a disrupciones acotadas, lo deja vulnerable frente a eventos prolongados.
Por otra parte, el transporte marítimo de insumos críticos para la minería, como el ácido sulfúrico, está comenzando a registrar aumentos de precio relevantes, lo que impactará directamente en alrededor de un cuarto de la producción de cobre chilena. La minería chilena enfrenta el desafío estratégico de repensar su resiliencia operativa frente a shocks externos. Esto incluye acelerar la electrificación del transporte minero, fortalecer la seguridad de abastecimiento de combustibles, diversificar proveedores de insumos críticos y, a nivel país, revisar los estándares de reservas estratégicas. El estrecho de Ormuz puede parecer lejano.
Pero su impacto no lo es. n “El verdadero riesgo está en que la minería chilena depende críticamente del diésel para la operación continua de camiones de alto tonelaje y equipos móviles”.. “El verdadero riesgo está en que la minería chilena depende críticamente del diésel para la operación continua de camiones de alto tonelaje y equipos móviles”. JUAN CARLOS GUAJARDO