Columnas de Opinión: Parque Chiloé, lugar que parece olvidado
Columnas de Opinión: Parque Chiloé, lugar que parece olvidado Visité el Parque Nacional Chiloé, ubicado a unos 60 kilómetros al suroeste de la ciudad de Castro. Mientras caminaba por sus senderos no pude evitar recordar cómo era este lugar hace algunos años: lleno de vida, con familias compartiendo, visitantes recorriendo sus caminos y un ambiente que invitaba a quedarse. En ese entonces el parque contaba con espacios habilitados para hacer parrilladas, una gran cafetería abierta al público, cabañas para alojar y sectores claramente definidos para acampar. Todo estaba en uso y el lugar transmitía la sensación de un parque vivo, cuidado y pensado para quienes llegaban a conocer uno de los paisajes más hermosos del Archipiélago. Sin embargo, lo que encontré esta vez fue muy distinto.
Lo primero que me llamó la atención fue la cantidad de senderos cerrados con cintas de "peligro". A medida que uno avanzaba, se encontraba con caminos que, justo a la mitad del recorrido, advertían sobre riesgos o simplemente estaban clausurados. Las tablas de los senderos ya no tenían uniformidad: muchas estaban quebradas, otras derechamente destruidas. Los paneles informativos aparecían descoloridos, desgastados por el tiempo o dañados. Las mesas y los cubos de cemento donde antes se instalaban parrillas estaban prácticamente abandonados; incluso algunos habían sido cerrados con varas para evitar que la gente los utilizara. El fogón del parque estaba asegurado con un candado. El museo del parque también se encontraba solo, sin ninguna alternativa de recorrido autoguiado para los turistas. Y quizás lo más sorprendente fue no ver guardaparques recorriendo el lugar: solo estaba presente el funcionario de la caseta de entrada. La verdad es que me dio pena. Resulta difícil comprender cómo un lugar que alguna vez tuvo tanta vida hoy se percibe tan silencioso y descuidado.
No sé si existe una administración local más allá del apoyo que pueda entregar la Conaf, institución encarHéctor Contador Santana, investigador autodidacta de Castro gada de estos espacios a nivel nacional, pero la sensación que queda es que el parque está, en muchos aspectos, olvidado. Los parques nacionales no son solo áreas protegidas: también son espacios de encuentro entre la naturaleza y las personas. Cuando se cuidan, educan, inspiran y generan orgullo por el territorio. Cuando se abandonan, en cambio, no solo se deteriora la infraestructura, también se pierde parte de la relación que las comunidades y los visitantes tienen con esos lugares. El Parque Nacional Chiloé es uno de los tesoros naturales más importantes del Archipiélago. Verlo apagado duele, porque sabemos que tiene el potencial de ser un espacio vibrante, educativo y turístico. Cuidar estos lugares no debería ser un lujo ni una tarea secundaria; es una responsabilidad que habla de cómo valoramos nuestro propio patrimonio natural. Ojalá este parque vuelva algún día a tener la vida que recuerdo.. COLUMNA