Autor: Alfonso España Investigador de Horizontal
Columnas de Opinión: La trampa de la empatía
Columnas de Opinión: La trampa de la empatía na de las críticas que más se ha escuchado desde un sector dela izquierda es que el Gobierno U carecería de empatía debido a las medidas de ajuste del gasto público. Esta acusación es sintomática de un problema de fondo: la ausencia de un proyecto político propio desde el cual evaluar las decisiones del Ejecutivo. La modificación de los criterios del Mepco ha revelado esta debilidad argumentativa de la oposición. La justificación técnica es evidente. Por un lado, mantener el mecanismo habría costado cerca de cuatro mil millones de dólares, equivalente a dos veces el gasto anual en gratuidad en educación superior. El costo de oportunidad de mantener el Mepco inalterado era demasiado alto.
Por otra parte, el aumento del precio de combustibles representaba un importante riesgo fiscal para 2026, sobre todo en un contexto de incumplimiento sistemático de la meta de balance estructural, que cerró 2025 en -3,6% del PIB (US$ 12.640 millones) y una deuda bruta del 41,7% del PIB (CFA, 2026). El ajuste no responde a una falta de sensibilidad por parte del Ejecutivo, sino a una ética de la responsabilidad de la que careció la administración anterior. Con todo, la eficiencia de las medidas desplegadas por el Gobierno para contener el impacto del alza del precio de los combustibles en los grupos más vulnerables debe ser revisada. Es cierto que los quintiles más bajos destinan más recursos a taxis, colectivos o microbuses en comparación con los hogares de mayores ingresos, pero los combustibles representan una proporción más elevada de su gasto mensual.
Por ello, en lugar de subsidiar la oferta, el Gobierno debería considerar avanzar hacia transferencias directas al 40% más vulnerable, tal como fue la experiencia del Bolsillo Familiar Electrónico para enfrentar el alza del precio de los alimentos (Horizontal, 2026). Es legítimo que una decisión no genere consensos, pero reducir la deliberación pública a clasificar a quién tiene o carece de empatía es degradar la política. La división maniquea entre "empáticos" e "indiferentes" sólo sirve para alimentar a un populismo que manipula a la ciudadanía a través de las emociones en lugar de apelar a su razón. En lugar de discutir sobre el carácter de los políticos sería más valioso deliberar sobre las difíciles decisiones públicas. Ese es el quid del asunto. Autor: Alfonso España Investigador de Horizontal.