Autor: FERNANDA GUAJARDO S.
Piscinas calientes sin químicos ganan fama en Frutillar: nada de cloro, solo plantas
Piscinas calientes sin químicos ganan fama en Frutillar: nada de cloro, solo plantas ZEDNÁNREFLEUNAM A diferencia de una piscina convencional, una biopiscina no utiliza cloro ni químicos para mantener el agua limpia. En su lugar, funciona como un pequeño ecosistema: el agua se filtra de manera continua a través de áridos minerales y plantas que cumplen una función depuradora, replicando procesos naturales de regeneración. Este tipo de sistemas se ha desarrollado principalmente para aguas frías, pero en Frutillar un proyecto decidió llevar la idea más lejos.
Se trata de Cancagua, un spa y centro de relajación que acaba de completar su primer año de operación con un sistema de biopiscinas calientes, elementos que conviven hoy junto a los más tradicionales hot tubs, saunas, y masajes. La propuesta integra filtración biológica del agua con calefacción mediante geotermia artificial, permitiendo baños a temperaturas cercanas a las de una piscina termal, pero sin químicos. “Las biopiscinas existen hace tiempo, sobre todo en Europa, pero casi siempre son frías. El desafío era cómo llevar ese principio a temperaturas altas sin perder el equilibrio del sistema”, explica Mario Hermosilla, cofundador del proyecto. Cancagua comenzó a operar en enero de 2021, en plena pandemia, y desde entonces se ha construido por etapas.
La idea surgió de una convergencia de intereses: la arquitectura orientada al bienestar, impulsada por su esposa y cofundadora, la arquitecta brasileña Luciana Misi, y la creación de experiencias que conectaran a las personas con la naturaleza. La etapa más reciente, y la más compleja, asegura Hermosilla, fue el desarrollo de estas biopiscinas calientes, concebidas desde el inicio bajo criterios de sostenibilidad. UN CIRCUITO CERRADO, SIN CLORO Y CON GEOTERMIA ARTIFICIAL El sistema desarrollado por Cancagua funciona en un circuito cerrado que mantiene el agua en movimiento permanente y permite su limpieza sin químicos. A través de bombas de calor geotérmicas, el agua se mantiene entre 35 y 40 grados, aprovechando su propia temperatura como insumo energético.
El diseño contempla tres zonas conectadas: una de enfriamiento, donde el agua baja hasta cerca de 25 grados, una zona de regeneración, compuesta por áridos minerales y plantas de humedal que actúan como biofiltro, y una zona en donde se vuelve a calentar el agua. Durante la noche, el agua se filtra entre dos y seis horas por este sistema antes de volver a calentarse y reincorporarse a la piscina. “El agua nunca está estancada. Siempre está recirculando, limpiándose y regenerándose”, explica Hermosilla. El sistema se complementa con filtros físicos y con inyección de ozono en la cañería, un refuerzo que no afecta a las plantas y ayuda a mantener el agua limpia sin recurrir al cloro. “Ver el agua transparente, sin olor ni químicos, ha sido parte de un proceso largo de prueba y ajuste”, reconoce. El agua utilizada proviene de vertientes y su temperatura inicial permite reducir el consumo energético, especialmente en verano. En invierno, el sistema demanda más energía, pero sigue siendo más eficiente que métodos tradicionales de calefacción.
Autor: FERNANDA GUAJARDO S.. A través de un sistema de biofiltración y recirculación permanente, el proyecto propone una forma distinta de operar piscinas de agua caliente, reduciendo el uso de químicos y trasladando procesos naturales de regeneración del agua a una experiencia de bienestar. SE ENCUENTRAN FRENTE AL LAGO LLANQUIHUE La idea tras Cancagua nace de la arquitecta brasileña Luciana Misi. El centro cuenta con tres biopiscinas.