Autor: Helmut Kauffmann Chivano Dr. en Teología- Magíster en Liderazgo Pedagógico.
Columnas de Opinión: Convivencia en los colegios
Columnas de Opinión: Convivencia en los colegios El viernes último, nuevamente llegamos tarde, un alumno de Enseñanza Media mató a una Inspectora de patio en la ciudad de Calama. Antecedentes culturales, el joven se vestía de negro (tribu urbana, al parecer gótico) y exhibía en las redes sociales datos de estar haciendo una planificación de atacar un colegio, inspirado en la masacre de Finlandia. Publicó fotos con cuchillos y animaciones sangrientas antes del ataque, e incluso un video titulado 'Ataque en el instituto Lezaeta' en You Tube. Este comportamiento de 'avisar' y luego 'jactarse' en redes sociales es interpretado como una búsqueda de notoriedad y un desprecio absoluto por la vida ajena. Fomentar una buena convivencia escolar no es solo evitar conflictos; es construir un ecosistema donde el aprendizaje sea posible gracias a la seguridad emocional. Para lograrlo en profundidad, se debe trabajar sobre tres pilares: el preventivo, el relacional y el resolutivo. Una estrategia sería, la construcción de la 'Constitución' del Aula. En lugar de imponer un reglamento unidireccional, la convivencia mejora cuando las normas nacen de un contrato social participativo. Normas en positivo: En lugar de 'No gritar', usar 'Hablamos con un tono adecuado para ser escuchados'. Esto activa la función ejecutiva del cerebro hacia una acción, no hacia una inhibición. El sentido de pertenencia, cuando los estudiantes participan en la creación de las reglas, las siente como propias, esto reduce la resistencia y fomenta la autorregulación. El Rol del Docente como Gestor Emocional, ya no es solo un transmisor de contenidos, sino un referente de calma y justicia.
Antes de corregir una conducta, es vital validar la emoción. 'Entiendo que estés frustrado porque no te salió el ejercicio, pero no podemos lanzar el lápiz', esto ayuda a que el alumno pase del estado de 'alerta' (sistema límbico) al de 'razonamiento' (corteza prefrontal). La convivencia se enseña con el ejemplo (mensaje para los padres y docentes). El trato del profesor hacia el personal de limpieza, otros colegas o los mismos alumnos es el currículo oculto más potente. Existen metodologías que favorecen la cohesión, sobre todo, el diseño de la clase influye directamente en cómo se llevan los estudiantes entre sí. Al trabajar en metas comunes donde el éxito de uno depende del otro (interdependencia positiva), se rompen los guetos y se fomenta la empatía. Ejemplos de espacios semanales de 15 a 20 minutos para hablar de 'cómo nos sentimos' y no de 'qué aprendimos', es la herramienta preventiva por excelencia para detectar tensiones antes de que estallen. El conflicto es inherente al ser humano; el problema es la violencia, no el desacuerdo. Capacitar a los propios alumnos para que ayuden a sus compañeros a resolver disputas menores, esto empodera al alumnado y alivia la carga del docente.
Debe existir, a como dé lugar un enfoque Restaurativo, en lugar de centrarse solo en el castigo (¿ qué regla rompiste y qué sanción te toca?), enfocarse en la reparación (¿ quién fue dañado y cómo puedes arreglarlo?). Esto genera verdadera responsabilidad. El entorno físico condiciona la conducta.
Debe haber una sala o rincón de la calma, un espacio físico con elementos que ayuden a la autorregulación (libros, texturas, música suave, en inglés un 'timing out' ) para que el alumno aprenda a retirarse voluntariamente cuando siente que va a perder el control. Es bueno, hacer una celebración de la diversidad, integrando referentes de distintas culturas, capacidades y trasfondos en el material didáctico para que nadie se sienta un 'extraño' en su propia sala. Nota Clave: la convivencia no es una unidad que se enseña en marzo y se olvida. Es un 'músculo' que se entrena diariamente a través del lenguaje, los gestos y la gestión de las crisis. Autor: Helmut Kauffmann Chivano Dr. en TeologíaMagíster en Liderazgo Pedagógico..