Columnas de Opinión: Chile frente al reto demográfico: ¿ nacer más o vivir mejor?
Columnas de Opinión: Chile frente al reto demográfico: ¿ nacer más o vivir mejor? Macarena Arriagada Las recientes proyecciones del Instituto Nacional de Estadísticas (INE) confirman una tendencia profunda y estructural: Chile ingresará en 2026 a una tasa de fecundidad "ultra baja", con menos de un hijo por mujer, muy por debajo del umbral de reemplazo generacional de 2,1. Hacia 2028, además, los fallecimientos superarán a los nacimientos, y a partir de 2035 la población comenzará a disminuir, acompañada de un acelerado proceso de envejecimiento. No se trata solo de un fenómeno demográfico, sino de un cambio que tensiona los sistemas de salud, protección social, cuidados y financiamiento del Estado. La evidencia es clara: cuando el trabajo de cuidado se concentra en las mujeres, la decisión de tener hijos se transforma en una fuente de sobrecarga, incertidumbre económica y renuncias profesionales.
Por eso, enfrentar la tasa de fecundidad ultra baja exige ir más allá del diagnóstico demográfico y colocar en el centro políticas públicas estructurales que reconozcan, redistribuyan y valoricen el cuidado como un pilar del bienestar social. En primer lugar, resulta clave reconocer y redistribuir el trabajo de cuidado entre mujeres, hombres y el Estado, avanzando hacia sistemas universales de apoyo. Esto implica una red robusta de salas cuna y jardines infantiles de calidad, así como políticas efectivas para el cuidado de personas mayores y en situación de dependencia. Sin estos apoyos, el envejecimiento poblacional no solo tensiona al sistema de salud, sino que profundiza la feminización del cuidado y de la precariedad.
En segundo término, es indispensable garantizar licencias parentales equitativas e intransferibles para madres y padres, rompiendo la asociación cultural y normativa entre "ser cuidadora" y "ser mujer". La corresponsabilidad no se instala solo con discursos, sino con reglas claras que incentiven la participación activa de los hombres en el cuidado desde el inicio de la vida.
Asimismo, se requiere fortalecer de manera real la conciliación entre trabajo y vida familiar, mediante jornadas laborales más flexibles, reducción de horas de trabajo sin castigo económico y una protección social que considere explícitamente a quienes cuidan. Sin estas condiciones, la maternidad continúa compitiendo con la estabilidad laboral y los proyectos personales, especialmente en un mercado del trabajo marcado por la informalidad y la inseguridad. Finalmente, hacia avanzar un cambio estructural implica valorar económicamente el trabajo de cuidado, incorporándolo en los sistemas de seguridad social y reconociendo su aporte a la economía. Hoy, este trabajo permanece invisibilizado en las cuentas nacionales, pese a su enorme contribución al funcionamiento del país y a la reproducción social. Desde esta perspectiva, la fecundidad no cae por azar ni por decisiones individuales aisladas. Cae cuando el cuidado se concibe como un asunto privado, gratuito y femenino. Revertir, o al menos mitigar, la tendencia demográfica pasa por transformar ese modelo. No se trata solo de cuántos nacen, sino de bajo qué condiciones se vive, se cuida y se proyecta el futuro en Chile. Directora de Obstetricia Universidad Andrés Bello. Opinión Directora de Obstetricia Universidad Andrés Bello