Autor: CÉSAR BARRÍA LARENAS PROFESOR DE HISTORIA Y GEOGRAFÍA LICENCIADO & MAGÍSTER DOCTOR (C) PDHUDEC
Columnas de Opinión: Cuando el territorio no cabe en el calendario escolar
Columnas de Opinión: Cuando el territorio no cabe en el calendario escolar Durante los últimos años, el adelanto de las vacaciones de invierno se ha transformado en una política cada vez más habitual dentro del calendario escolar chileno. Bajo el argumento de disminuir los contagios respiratorios, las dos semanas de receso que históricamente se ubicaban en julio fueron trasladadas hacia fines de junio y comienzos de ese mes.
Sin embargo, detrás de esta medida aparentemente técnica surge una pregunta que rara vez se discute en profundidad: ¿ puede un país territorial y climáticamente diverso funcionar con un calendario escolar prácticamente homogéneo? Mientras en Santiago junio suele coincidir con el aumento de enfermedades respiratorias, en gran parte del centro-sur y sur de Chile julio continúa siendo el período más complejo del invierno. Sistemas frontales intensos, heladas, inundaciones, problemas de conectividad y temperaturas extremas forman parte de una realidad climática que no desaparece por decisión administrativa ni por ajustes en el calendario escolar. En regiones como Nuble, Biobio, Araucanía o Los Lagos, muchas escuelas continúan funcionando en condiciones deficientes de calefacción, humedad e infraestructura. En sectores rurales, las lluvias intensas suelen provocar cortes de caminos y suspensión de transporte escolar, afectando directamente la asistencia de estudiantes y docentes. A ello se suma la situación de territorios insulares como Chiloé, donde durante julio las marejadas, lluvias y temporales dificultan el cruce de canales y la conectividad entre islas. Esta situación también se replica en numerosas comunas rurales de Ñuble y Biobio. Durante julio, las bajas temperaturas, las precipitaciones persistentes y los problemas de conectividad dificultan el funcionamiento normal de muchas comunidades educativas. En sectores cordilleranos y apartados, los cortes de caminos, las heladas y las intensas lluvias afectan directamente el traslado diario de estudiantes y trabajadores de la educación. Al mismo tiempo, numerosos establecimientos continúan enfrentando problemas de calefacción, humedad y aislación térmica insuficiente, obligando muchas veces a desarrollar clases en condiciones inadecuadas para el aprendizaje. El problema, por tanto, no es únicamente climático, sino también territorial. Las políticas educativas siguen diseñándose bajo una lógica centralizada que muchas veces desconoce cómo se vive realmente el invierno fuera de Santiago. Así, decisiones que parecen meramente administrativas terminan impactando directamente la experiencia cotidiana de miles de comunidades educativas en regiones. Durante los últimos años, distintas autoridades plantearon avanzar hacia calendarios escolares más flexibles y pertinentes territorialmente. Sin embargo este año volvieron a establecer fechas muy homogéneas para gran parte del país, sin considerar suficientemente las diferencias climáticas y de conectividad entre regiones. Esta discusión no es menor. Persistir en una lógica uniforme para territorios profundamente distintos termina reproduciendo una vieja dificultad del país: pensar Chile desde una experiencia territorial única. Porque el invierno, definitivamente, no se vive igual en Santiago que en Ñuble o Biobío. Autor: CÉSAR BARRÍA LARENAS PROFESOR DE HISTORIA Y GEOGRAFÍA LICENCIADO & MAGÍSTER DOCTOR (C) PDHUDEC. Persistir en una lógica uniforme para territorios profundamente distintos termina reproduciendo una vieja dificultad del país: pensar Chile desde una experiencia territorial única. Porque el invierno, no se vive igual en Santiago que en Ñuble o Biobío.