Nada que hacer, todo sube
Nada que hacer, todo sube Rodrigo Contreras Vergara ay dos tipos de choferes de colectivos. Los dueños y los que arriendan. Ambos, en todo caso, comparten hoy las misH mas preocupaciones. Atentos, obsesivamente, a la bencina los bencineros y al petróleo los petroleros. Nunca les había interesado el estrecho de Ormuz. Y ahora saben dónde se ubica y qué país tiene o no tiene su control. Hay otros, pocos por el momento, que no están preocupados. O que les preocupan otras cosas. La mala campaña del Rangers, quizás. Son los eléctricos. Benditos los elegidos por los bonos del gobierno. De los 24 autos que componen la Línea 4, tres son eléctricos. El terminal está en la 5 Oriente con 19 Norte. A fines del año pasado conversé con Cecilia Moreno, dirigente de la Línea 4 y, además, dueña de uno de los autos eléctricos. Hablamos del boom de la electromovilidad en el sector de los colectivos. De los siete autos eléctricos que se incorporaban a distintas líneas, lo que hoy es evidente en las calles de Talca con sus característicos colores blanco y verde. De la idea de sumar más autos de este tipo, ya sea para favorecer el medioambiente o por un tema de costos.
Por ejemplo, cargar un eléctrico en una Copec tenía un costo de 400 pesos por kilowatt, lo que se reducía a 180 pesos al hacerlo en un cargador común de una casa, claro que con un mayor tiempo conectado. Una carga completa en una Copec costaba 13 mil pesos, para una autonomía de 357 kilómetros. Los eléctricos solo sacan cuentas alegres. Los petroleros y los bencineros, en cambio, puras caras largas. Avelino Miño llega a marcar tarjeta en el terminal de la Línea 4. Pertenece al equipo de los dueños que conducen su propio vehículo, en su caso un petrolero. Se nota que, transcurridas varias semanas desde el alza en el precio del combustible, ya ha sacado las cuentas. Está pagando 9 mil pesos diarios más de lo que gastaba antes del aumento. Un bencinero, en tanto, debe haber su4 EMENTERIO LAS AMERICAS $800 frido un alza de entre 15 y 20 mil pesos diarios. En total, está perdiendo unos 200 mil pesos. No es poco. A mitad de semana comenzó a concretarse el alza en el valor del pasaje, pasando de 800 a 900 o 1000 pesos, dependiendo de la extensión del recorrido. La otra opción para compensar el incremento es un bono de 100 mil pesos aportados por el gobierno. Trámite que, acusan los colectiveros, ha sido engorroso. Avelino hizo el trámite en internet para recibir el bono. Le costó un poco, pero ya está inscrito. Los 100 mil pesos ayudan, pero no solucionan el problema. Lleva unos 15 años en el negocio del transporte. Diez en la Línea 4. Reconoce que la situación está complicada, pero -se encoge de hombroshay que seguir adelante. De alguna forma hay que parar la olla. En cuanto a los que arriendan, el asunto no es menos complejo. Algunas cifras señalan que el arriendo diario pasó de 15 a 25 mil pesos después del aumento de combustibles. Las cifras pueden variar ya que cada dueño de vehículo es libre de cobrar más o menos por el arriendo. Renato llega al terminal de la Línea 4 al poco rato que Avelino. Pertenece al grupo de los que arriendan. También tiene la película bastante clara. Dice que antes con 20 mil pesos le alcanzaba para 20 litros de combustible. Hoy con suerte llega a los 13 litros. Para compensar ha tenido que trabajar más horas, de lunes a lunes. Es el que arrienda el que tiene que quebrarse la cabeza para cuadrar los números. El dueño recibe lo que pide. Por una semana puede cobrar 120 mil pesos. Claro que, si el auto tiene un problema, en un solo repuesto se le puede ir fácilmente esa cantidad. Gajes del negocio. En el rato que estuve en el terminal no apareció ningún eléctrico. La persona a cargo me dice que ese día estaba trabajando sólo uno de los tres que circulan en la línea. Así es que era difícil que me cruzara con uno. En el sector, los vecinos salen a la 5 Oriente a tomar locomoción. Gisselle Medel y María Hidalgo vienen llegando del centro y acaban de bajarse de un colectivo en la misma calle. Viven en la población Sor Teresa. No se puede hacer nada, dicen ambas al consultarles por el alza en los pasajes. Son más rápidos y pasan con mayor frecuencia, acotan respecto a los colectivos en comparación a las micros. Hay que aprender a vivir con los aumentos, señala resignada Gisselle. Un poco más al norte, siempre por la 5 Oriente, cruzando los semáforos que regulan la intersección con la Circunvalación Norte, Juan Rivera Jara espera locomoción en un paradero. Tiene 82 años y no se hace muchos problemas con el alza en los pasajes. Espera la micro "C", la mejor, no como la 3 que pasa cada una hora. Y por 300 pesos viaja sin inconvenientes al centro. Juan se toma las cosas con calma. Es lo que hace falta en un mundo demasiado movido y cuesta arriba. Difícil, pero no imposible. Sube el pasaje del colectivo. Lo saben muy bien los choferes que arriendan y los dueños de los autos. También los pasajeros. A ninguno las cifras les cuadran. Solo los que tienen vehículos eléctricos sacan cuentas alegres. Sube el pasaje del colectivo. Lo saben muy bien los choferes que arriendan y los dueños de los autos. También los pasajeros. A ninguno las cifras les cuadran. Solo los que tienen vehículos eléctricos sacan cuentas alegres Avelino Miño llega a marcar tarjeta en el terminal de la Línea 4. Juan Rivera Jara se sube a su micro favorita, la "C". No le hablen de colectivos.