Autor: Por Sebastián Claro
Columnas de Opinión: Dar con el tono justo
Columnas de Opinión: Dar con el tono justo El rápido aumento en el precio de las bencinas ha sido un remezón, con un impacto no despreciable en el bolsillo de las familias. Pero no estamos frente a una catástrofe; esto no es el covid ni la crisis financiera de 2008. Por eso, el gran riesgo de lo sucedido esta semana es que las personas perciban una crisis mayor a la que verdaderamente existe. En otras palabras, que, en vez de soltar los espíritus animales, estos se hayan encerrado en una jaula. Esta caída en los ingresos es, en buena parte, inevitable.
Con o sin Mepco, un aumento del precio del petróleo de esta magnitud g e n e r a u n a u mento en el precio de las bencinas al poco andar (a no ser que la guerra desaparezca rápido). Por ello, el debate de fondo no es sobre la mayor o menor afectación del bolsillo de los chilenos como si fuera posible evitar el costo, sino sobre la capacidad de “esconder” el alza por algunos meses al costo de subsidios de miles de millones de dólares. La estrechez fiscal y la ineficiencia de estos subsidios seguro pesaron en la decisión de apurar el traspaso por sobre una caída en popularidad, y hay buenas razones técnicas para justificar esa decisión. Pero la rapidez del ajuste ha generado una sensación de crisis que supera con creces la realidad. La guerra es importante, pero sus consecuencias económicas distan de las grandes crisis de las últimas dos décadas.
Sin embargo, las familias parecen haberse apanicado; ¿ cómo explicar si no las largas colas para llenar los estanques, a veces sentados en cómodos autos, esperando una hora para ahorrar diez mil pesos? La reacción natural de consumidores cuando ven la guerra online y ven un aumento así de brusco en el precio del combustible justificado con el argumento de que el país no tiene recursos es asustarse. El susto paraliza y congela el gasto, especialmente si el Estado que, cada vez que hubo un problema en el pasado, se metió la mano al bolsillo no tiene hoy esa capacidad de reacción. Algo parecido sucede con las empresas, que ven atemorizadas la reacción de las personas. Y si hay un riesgo de que esto dure más, mayor es la incertidumbre y el incentivo para postergar inversiones. Es clave evitar que esta percepción de susto se apodere de la población, gatillando una contracción excesiva del gasto y retrasando la incipiente recuperación del consumo y del mercado inmobiliario. Por ello es necesario detener el deterioro del sentimiento.
Es imposible controlar la guerra, pero la agenda económica debería enfocarse en el empleo, en aliviar la carga regulatoria y en aprobar inversiones pendientes, buscando el realismo pero al mismo tiempo evitando caer en catastrofismos que puedan terminar en una profecía autocumplida. El gran riesgo es que las personas perciban una crisis mayor a la que verdaderamente existe. Si desea comentar esta columna, hágalo en el blog Autor: Por Sebastián Claro. COLUMNADEOPINIÓN El gran riesgo es que las personas perciban una crisis mayor a la que verdaderamente existe. Si desea comentar esta columna, hágalo en el blog