Medidas sanitarias por incendios forestales
Medidas sanitarias por incendios forestales En Penco, Tomé y Concepción, las comunas más golpeadas directa e indirectamente por los incendios forestales, la remoción de escombros y la limpieza de viviendas y barrios dañados se ha convertido en una tarea tan necesaria como peligrosa. Entre cenizas, restos calcinados y polvo fino, se esconde una amenaza silenciosa para la salud pública que exige medidas sanitarias estrictas, coordinación institucional y, sobre todo, conciencia ciudadana. En este escenario, el despliegue de la Seremi de Salud del Biobío ha sido clave. No solo por la fiscalización en terreno, sino también por el refuerzo de recomendaciones básicas que, en contextos de normalidad, suelen darse por sentadas. El problema es que hoy la normalidad no existe. La fragilidad de la situación es evidente: sectores sin agua potable, cortes prolongados de electricidad y familias que deben habitar o limpiar espacios contaminados por humo, cenizas y residuos potencialmente tóxicos. La falta de agua segura es, quizás, uno de los factores más críticos. La autoridad sanitaria ha sido clara en señalar que, cuando no se cuenta con agua potable, es imprescindible clorarla correctamente. Estas indicaciones, que pueden parecer simples, marcan la diferencia entre prevenir brotes de enfermedades gastrointestinales o enfrentarse a una segunda crisis sanitaria. En los albergues, donde conviven decenas de personas en espacios reducidos, el riesgo se multiplica. Por eso resulta acertada la prohibición de introducir recipientes o conectar mangueras a los sistemas de almacenamiento de agua comunitaria, así como la fiscalización permanente de sus condiciones sanitarias.
A ello se suman recomendaciones esenciales sobre el manejo de alimentos, como son el lavado frecuente de manos, cocción adecuada, no exponer alimentos perecibles más de dos horas a temperatura ambientey extremarel cuidado con la leche no envasada. En contextos de emergencia, una intoxicación alimentaria puede tener consecuencias graves y totalmente evitables. Pero la remoción de escombros no solo expone a riesgos alimentarios, sino que también a lesiones complejas. Cortes con metales oxidados, clavos, maderas quemadas y contacto con aguas servidas son parte del día a día de vecinos, voluntarios y rescatistas. En ese sentido, la estrategia de vacunación desplegada por la Seremi es una medida sanitaria fundamental.
Contar con stock de vacunas antitetanicas para quienes no han sido inmunizados en los últimos 10 años, así como vacunas contra la hepatitis A para personas expuestas a aguas contaminadas, especialmente menores de 40 años, es una decisión preventiva que puede salvar vidas. A ello se suma también la vacunación contra el SARS-COV-2 para población de riesgo involucrada en la emergencia, y la vacuna Neumo 23 para personas mayores que aún no la tienen. Estas acciones no solo protegena individuos específicos, sino que reducen la presión sobre un sistema de salud que, tras una catástrofe, suele operar al límite. La limpieza de un territorio afectado por incendios forestales no es una tarea doméstica común, ya que implica riesgos respiratorios, infecciosos y físicos que no siempre son visibles. Por eso, minimizar estas advertencias o acelerar procesos sin las condiciones adecuadas es un error grave, de ahí la importancia de utilizar mascarillas, guantes y en general elementos de protección. Hoy, más que nunca, se requiere responsabilidad colectiva, información clara y apoyo constante del Estado. Entre el largo proceso de lograr el control de los incendios en combate y la urgencia por reconstruir, no podemos olvidar que la salud es la base sobre la cual se levanta cualquier recuperación. Ignorarla sería permitir que la tragedia se prolongue, esta vez, de manera silenciosa.
La limpieza de un territorio afectado por incendios forestales no es una tarea doméstica común, ya que implica riesgos respiratorios, infecciosos y físicos que no siempre son visibles.. Editorial La limpieza de un territorio afectado por incendios forestales no es una tarea doméstica común, ya que implica riesgos respiratorios, infecciosos y físicos que no siempre son visibles.