Autor: María José Villagrán prensa@latribuna.cl
"Me gusta lo que hago": recolector en Los Angeles relata su historia laboral
"Me gusta lo que hago": recolector en Los Angeles relata su historia laboral on 52 años, siete de ellos los ha dedicado a la recolección de residuos, su C jornada comienza temprano y exige atención constante.
No es solo levantar bolsas: la labor de Benjamín Salamanca también implica esquivar vehículos, anticipar riesgos y coordinarse con su equipo en un trabajo que -aunque muchas veces invisible-sostiene la vida cotidiana de toda una ciudad. "Soy recolector de basura, peoneta", dice con sencillez. Pero detrás de esa definición hay décadas de esfuerzo. Antes de subirse al camión, Benjamín pasó más de 25 años en el comercio ambulante. Durante 12 de ellos vendió productos arriba de buses en el terminal Isla Jacob de Los Ángeles; era un trabajo inestable, sin previsión ni seguridad. La pandemia, sin embargo, cambió su destino. "El comercio ambulante se perdió, y tomé la decisión de entrar a la empresa", recuerda. Esa decisión marcó un antes y un después. Por primera vez comenzó a cotizar, a tener un ingreso fijo, a proyectarse. "Es mucho mejor así. Uno tiene su sueldo mensual, puede organizarse, incluso sacar un crédito. Hay más seguridad", explica. Hoy, su rutina se divide entre distintos sectores de la ciudad: Parque Lauquén los lunes, miércoles y viernes; Galilea los martes, jueves y sábados. Seis días a la semana recorriendo calles que conoce de memoria, acompañado por su equipo: un chofer y tres peonetas que, como él, hacen del trabajo colectivo una pieza clave. "La relación es buena. Somos un equipo, conversamos, nos organizamos. Tratamos de hacer lo mejor posible", cuenta. Esa coordinación no es menor en una labor que implica riesgos constantes. "Es un trabajo peligroso. Hay que tener cuidado con los autos, con los perros, con los vidrios dentro de las bolsas. Todos los días uno está expuesto a un accidente", advierte. Aun así, hay algo en este oficio que lo conecta con su historia personal. UNA LABOR ESENCIAL De joven trabajó cargando camiones madereros, siguiendo los pasos de su padre, quien también fue peoneta en faenas forestales. "Siempre me gustó este trabajo. Yo creo que lo heredé", dice. Hoy, ese gusto se traduce en compromiso. Ese compromiso lo llevó, hace unos dos años, a asumir un nuevo rol: peoneta líder. En cada uno de los 12 camiones de la empresa hay una figura encargada de guiar al equipo, y Benjamín es uno de ellos. Su función no es solo operativa, sino también formativa. "Uno tiene que enseñar a los compañeros nuevos, mostrarles cómo hacer el trabajo, cómo cuidarse. Enseñar con el ejemplo", explica. Para él, ser líder implica escuchar, apoyar y transmitir lo aprendido en años de experiencia. "No me cuesta enseñar. Me gusta compartir lo que sé", agrega. En la calle, el contacto con las personas es diverso.
Hay quienes saludan, agradecen y reconocen la labor, y otros que simplemente ignoran su paso. "Hay de todo, pero uno tiene que saber llegar a la gente, trabajar de buena forma, no generar problemas", dice con seguridad. En el fondo, su trabajo habla de algo más amplio: de oficios que sostienen la vida urbana sin mayor reconocimiento. Sin recolectores, la ciudad se detiene. Sin su labor diaria, la basura se acumula, los riesgos sanitarios aumentan y el orden desaparece. Benjamín lo sabe, aunque no lo diga en esos términos. Lo demuestra cada día, subiendo y bajando del camión, recorriendo calles, cargando bolsas, cuidando a sus compañeros y enseñando a quienes recién comienzan. A casi siete años de haber cambiado la incertidumbre del comercio ambulante por la estabilidad de un trabajo formal, no duda en su elección. "Me gusta lo que hago", repite.
Y en esa frase simple -dicha entre recorridos, madrugadas y callesse resume una historia de adaptación, esfuerzo y dignidad que, como muchas otras, avanza silenciosa, pero esencial. "Uno tiene que enseñar a los compañeros nuevos, mostrarles cómo hacer el trabajo, cómo cuidarse. Enseñar con el ejemplo". Autor: María José Villagrán prensa@latribuna.cl.
Tras décadas de comercio informal, encontró en la recolección de residuos no solo estabilidad, sino también un oficio que conecta con su historia familiar y su vocación de servicio. "Uno tiene que enseñar a los compañeros nuevos, mostrarles cómo hacer el trabajo, cómo cuidarse. Enseñar con el ejemplo". EN JUNIO PRÓXIMO, Benjamín cumplirá siete años trabajando en el rubro de la recolección de basura. Benjamín Salamanca, recolector de residuos