El gigante de Tenerife
El gigante de Tenerife E l termómetro marcaba 17 grados cuando salimos del hotel a eso de las ocho de la mañana. El sol ya templaba la costa de Adeje y todo apuntaba a un día perfecto. Pero el Teide tiene sus propias reglas. Para cuando llegamos a los dos mil metros de altitud, un banco de nubes espeso y blanco como algodón tapizaba el horizonte hacia abajo: la costa estaba completamente oculta. Arriba, sin embargo, el cielo era de un azul profundo e inmóvil. La temperatura había caído a solo seis grados. Así funciona este lugar: como un mundo separado del mundo. El Parque Nacional del Teide, en el corazón de Tenerife, la mayor de las islas del archipiélago canario, es el parque nacional más visitado de España y de Europa entera. Declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 2007, alberga el pico del Teide, con 3.715 metros de altitud, el punto más alto del territorio español. Pero reducirlo a una cifra es quedarse muy corto con lo que este lugar ofrece. Lo que hace al Teide tan singular no es solo su tamaño, sino su historia geológica. No estamos ante un volcán simple.
El parque es, en realidad, el resultado de millones de años de actividad geológica superpuesta: grandes formaciones volcánicas fueron creciendo en la isla, colapsaron parcialmente y generaron una enorme depresión llamada Caldera de Las Cañadas, de 16 kilómetros de diámetro, y dentro de esa estructura descomunal surgió el actual Teide junto a su vecino, el Pico Viejo, que es, con sus 3.135 metros, la segunda cumbre más alta de Canarias. Más antiguo que el cono del Teide, guarda un enorme cráter de paredes perfectas que desde el teleférico se ve como una forma circular en el paisaje. En sus laderas ocurrió la última erupción histórica de la zona, en 1798.
Para muchos senderistas que lo conocen, la ruta hacia el Pico Viejo es paisajísticamente superior a la clásica al Teide: más salvaje, menos transitada, y con vistas directas al volcán principal que quitan el aliento. "El Teide es lo primero que recomiendo a todo el que llega a la isla. Lo he visto cientos de veces y nunca me cansa". Eso nos dijo al paso una chilena en el hotel en Costa Adeje, con varios años viviendo en Tenerife. Nos explicó que Canarias se ha convertido en un destino predilecto para jubilados europeos que buscan un clima benigno y un ritmo tranquilo. "Aquí no hay invierno de verdad", dijo. Y luego: "El Teide lo tienes siempre ahí, mirándote desde cualquier parte". El paisaje que ha seducido a Hollywood El acceso al parque por el sector norte es una experiencia en sí misma. A medida que se asciende, la vegetación cambia radicalmente hasta desaparecer casi por completo. El paisaje se vuelve oscuro, mineral, marciano. Las extensas áreas de lava negra se extienden como enormes galletas de chocolate trituradas. Hay dunas mezcladas con restos de nieve (visitamos en enero; invierno en el hemisferio norte) que crean contrastes imposibles de imaginar antes de ir. Una zona en particular, árida y de coloraciones ocres y grises, me recordó de forma casi exacta el Valle de la Luna, en San Pedro de Atacama. No es casualidad que varias producciones de Hollywood hayan elegido estos parajes para rodar escenas de otros mundos. Entre tanto paisaje volcánico, los roques son los protagonistas más fotogénicos.
En el contexto canario, un roque es una elevación rocosa y escarpada que emerge de forma aislada: son los restos de antiguos conductos volcánicos que resistieron la erosión durante milenios mientras todo lo que los rodeaba se iba desgastando. El Roque García es quizás el más fotografiado, pero hay otros de nombres evocadores: La Catedral, La Cascada, Roque Cinchado (que parece apretado en su cintura por la erosión diferencial), y el Roque Blanco. Cada uno tiene una silueta distinta y casi una personalidad propia contra el cielo despejado. El techo de España El teleférico del Teide sale desde los 2.356 metros y en menos de ocho minutos deposita a sus pasajeros en La Rambleta, a 3.555 metros de altitud.
Ese día subimos junto a un contingente mayoritariamente español (es temporada baja, pero el volcán nunca está vacío), con algún grupo nórdico y varias familias alemanas que llevaban capas de ropa como si fueran a cruzar la Antártica. Quizás ellos no andaban tan equivocados. La vista desde La Rambleta es uno de esos momentos que uno no sabe muy bien cómo describir sin caer en el lugar común.
A esa hora del mediodía, el banco de nubes que había cubierto la costa comenzaba a disiparse lentamente y entre sus jirones blancos aparecía el perfil de Gran Canaria al fondo, como una sombra flotando sobre el Atlántico. A los pies, la Caldera de Las Cañadas se extendía en toda su magnitud, una depresión inmensa y silenciosa que parece imposible en una isla. Para llegar al pico propiamente tal, la cumbre a 3.715 metros, existe el sendero Telesforo Bravo, trayecto de unos 40 minutos desde La Rambleta. Pero no es un paseo cualquiera: el aire escasea, el olor a azufre de las fumarolas del cráter puede ser intenso, y en invierno el acceso estaba cerrado por hielo y nieve cuando visitamos. Además, para hacerlo se requiere un permiso especial, gratuito, pero de alta demanda, que se obtiene con meses de antelación a través del sitio web oficial de Reservas de Parques Nacionales. Si es su primera visita, La Rambleta es ya una recompensa más que suficiente. La bajada épica El descenso lo hicimos por el sector sur y suroeste del parque, y fue ahí donde apareció una de las grandes sorpresas: el Observatorio del Teide. Situado a unos 2.400 metros de altitud, por encima de la mayor parte de las nubes locales, este complejo astronómico es uno de los principales de Europa, especialmente en observación solar.
Me recordó de inmediato al Tololo, el observatorio en el Valle del Elqui: cúpulas blancas enmarcadas en la misma calidad de cielo, la misma sensación de estar en un lugar privilegiado para mirar fuera del mundo.
Los cielos de Tenerife tienen dos condiciones excepcionales que lo hacen codiciado para la astronomía: una cantidad extraordinaria de noches despejadas y una contaminación lumínica muy baja para ser una isla con millones de turistas al año. Ambas se mantienen gracias a la combinación de altitud, vientos y regulaciones para la protección del cielo nocturno. Y luego, la bajada propiamente tal. Es difícil exagerar lo espectacular de ese tramo. A un lado, el Teide nevado como telón de fondo. Al otro, el Atlántico en toda su extensión, brillando bajo el sol invernal de enero. En el valle, Santa Cruz apenas asomaba entre tiras de nubes. El camino serpenteaba entre bosques de pino canario que de pronto eran espesos y umbríos, con ese olor característico a resina, y me transportaron a los pinares del Biobío. Unos pocos parapentes aprovechaban las térmicas. Los motoqueros, que en Tenerife tienen debilidad por esta carretera de curvas perfectas, pasaban a velocidades que, a veces, preferí no calcular.
Los guanches y el Echeyde sagrado Antes de la llegada de los europeos a Tenerife en el siglo XV, la isla estaba habitada por los guanches, pueblo bereber del norte de África que llegó alrededor del primer milenio a.C. Practicaban la momificación y tenían una fuerte conexión con su entorno. Para ellos, el Teide era sagrado y temido a la vez: lo llamaban Echeyde, "infierno" o "lugar del mal", y creían que en su interior vivía el espíritu Guayota. Esta dimensión cultural del parque es menos conocida. El Centro de Visitantes de Cañada Blanca, junto al Parador, ofrece una exposición sobre la mitología guanche, el uso pastoril del parque y sus yacimientos arqueológicos.
De vuelta en la costa, con el volcán ya convertido en una silueta oscura sobre el horizonte y el cielo encendiéndose en naranja, me quedé pensando en lo que dijo aquella chilena que conocimos en el hotel y que lleva años en la isla. "El Teide lo tienes siempre ahí, mirándote desde cualquier parte". Tiene razón. Hay algo en este volcán que no suelta. Quizás sea su escala imposible. Quizás el hecho de que en un solo día puedas pasar del mar Atlántico a un paisaje que parece de otro planeta, atravesando nubes, bosques de pino, lava negra y cielos privilegiadamente limpios. O quizás sea simplemente que hay lugares en el mundo que exigen ser visitados. El Teide es uno de ellos. D El gigante de TENERIFE El Teide es el punto más alto de España y un paisaje extraordinario, protagonista de un encuentro cercano con la naturaleza --y los cielos-de las islas Canarias. TEXTO Y FOTOS: Francisco Conte, DESDE ESPAÑA. HITO. Con 3.715 metros de altitud, el Teide es el punto más alto del territorio español. VERDE. Bosques de pino en las partes más bajas del Teide. Este parque nacional es el más visitado de España. SIMILITUD. Los paisajes volcánicos de este parque recuerdan a los que se ven en el norte de Chile. También hay un observatorio que se parece a El Tololo, en el valle del Elqui. NA T ALIA HERRERA LLEGAR Al parque, en auto, por las carreteras TF-21 (norte) y TF-38 (sur), perfectamente asfaltadas y en sí mismas parte del espectáculo. Llegue antes de las 9:30 para encontrar estacionamiento. Hay tours guiados, con traslado, desde Costa Adeje o Puerto de la Cruz. Y si va en bus, las opciones son las líneas 342 desde Costa Adeje y Los Cristianos, y 348 desde Puerto de la Cruz. Solo hay un viaje de ida y uno de vuelta al día. Es la opción más económica, pero la que requiere más planificación.
TELEFÉRICO Compre con antelación en el sitio oficial: los horarios se agotan rápido (especialmente en primavera y verano; VolcanoTeide. com/es). También chequee los valores de las "ecotasas" que desde este año se aplican a los senderos principales. ALOJAR En el parque, Parador de Las Cañadas del Teide, único hotel a los pies del volcán: acceso directo a senderos y cielos estrellados inigualables. Puede buscar también en La Orotava, que es una ciudad histórica preciosa, a 30 kilómetros del parque.
O en Vilaflor de Chasna, que es el municipio más alto de España (Hotel Spa Villalba es una buena opción). Otras opciones son Costa Adeje/Los Cristianos, en la zona sur, que tienen mejor clima, más oferta turística, pero están a unos 60 minutos en auto del parque. Y Puerto de la Cruz, en el norte de la isla, más tradicional y auténtico, a unos 45 minutos por la carretera de La Orotava.
COMER En Costa Adeje, El Gomero y Casa Juan, ambos con buena cocina canaria (las papas arrugadas con mojo son el plato imprescindible). En Puerto de la Cruz, Bodega Julián y Mesón Los Gemelos, con mucho ambiente local. PERMISO A LA CUMBRE Es gratuito, pero muy solicitado. Resérvelo con meses de antelación en la web oficial de Reservas de Parques Nacionales (ReservasParquesNacionales. es). OBSERVATORIO Hay visitas guiadas (iac. es). OJO CON... SUBIDA. El teleférico llega hasta 3.550 de altitud, donde comienzo el sendero..