LA MIGRACIÓN PERSONAL de Miguel YaksIc
LA MIGRACIÓN PERSONAL de Miguel YaksIc Desde 2017 no es sacerdote ni jesuita, formó una familia y hoy se mueve en el mundo "civil" y académico. Sin embargo la migración, sus complejidades, dramas y soluciones siguen siendo el centro de su interés y de su trabajo. Un tema que se ha vuelto cada vez más polémico, explosivo, electoral, no solo en Chile. Y donde sabe que algunos lo ven con sospecha, por considerarlo un gran promotor de la llegada a Chile de migrantes.
Yaksic, de 46 años, delgado, carismático, responde las preguntas sentado en un café de un tranquilo sector de la comuna de Providencia, cerca de su casa, ya no como el mediático director del Servicio Jesuita Migrante, sino como asesor en política migratoria del subsecretario del Interior (además de profesor de migraciones en la Escuela de Gobierno de la UC). Llegó a trabajar al actual Gobierno desde los inicios de la administración Boric por Carolina Tohá, quien le presentó a Manuel Monsalve. --Llegó a alimentar la tesis de quienes dicen que los jesuitas son de izquierda... --No (se ríe). En los años del gobierno de Piñera yo participaba de un par de grupos de reflexión de personas que son parte del mundo de la socialdemocracia, que me identifica mucho. Fue en eso que me llamaron del equipo programático de Paula Narváez para que escribiera el capítulo de migraciones del programa presidencial, ahí contacté más con ese entorno. El tema de los migrantes ha sido parte vital de la carrera de Miguel Yaksic como lo fue su sacerdocio. Fue director del Servicio Jesuita a Migrantes durante cuatro años, período que coincidió con el segundo gobierno de Michelle Bachelet. Pero su primera aproximación ocurrió cuando estudiaba su magíster en Ética Social en Boston, y los fines de semana iba a trabajar con comunidades de dominicanos. Después vivió en México y le tocó pasar una temporada trabajando en la frontera con Estados Unidos, al pie del muro que divide ambos países. Y después otra temporada en el sur, en Chiapas.
Además de ser director del SJM, fue coordinador de las oficinas del Servicio en el cono sur, entonces le tocaba viajar por América Latina, y era parte de un grupo académico que reflexionaba sobre lo que ocurre en las fronteras de América Latina. Después de que terminó en el Servicio, se dedicó a consultor, investigador, profesor de migraciones de la Escuela de Gobierno de la Católica, consultorías para empresas, organismos internacionales y organizaciones de la sociedad civil.
Estuvo dos años en el Consejo para la Transparencia seleccionado en un cargo por Alta Dirección Pública, y de ahí se fue al Gobierno, en un período en que la ciudadanía pide más mano dura con el ingreso de extranjeros, más control, más expulsiones, con cifras de delincuencia que crecen y delitos que antes no se veían, como sicariatos y secuestros. --¿ Qué tan difícil es para una persona que estuvo a cargo del Servicio Jesuita a Migrantes y que además era sacerdote --por lo que el "tuve hambre y me diste de comer...." era un mandato obvio-, trabajar ahora en el tema de las migraciones en un momento en que las encuestas empujan a la mano dura? ¿ Cómo es ese conflicto para usted en lo personal? Porque no creo que se pueda disociar con quien era hasta el 2017. --No, y ha sido un trabajo de integración. Evidentemente, el mandato del Servicio Jesuita es promover y garantizar los derechos de las personas migrantes y sus familiares, y eso está bien. Y otra cosa es tener que gobernar. Se gobierna en el marco de las condiciones que existen, sociales y políticas, que no se pueden elegir. No se gobierna como uno quiere, hay que construir acuerdos. Pero ha habido una continuidad, que es la de cuidar a las personas, a todas las personas.
Así como buscar y recibir asilo es un derecho, también lo es vivir en condiciones seguras. --¿ Siente que en el mundo político hay gente que lo ve como un estorbo por las posturas que ha tenido antes? --No, aunque he tratado de ser honesto conmigo mismo, y lo he seguido siendo hasta ahora. No tengo ningún problema en que se apliquen todas las medidas de seguridad que hagan falta, todo lo necesario para controlar la delincuencia y el crimen organizado. Pero no estoy de acuerdo y no lo estaré nunca, con que a personas comunes y corrientes, familias, mujeres, niños, que han sido víctimas de una crisis tan compleja, no los tratemos como seres humanos.
Se puede y se debe trazar una línea roja que separe delincuencia y migración. --¿ Parte del mundo político no lo sigue viendo como un profeta de las bondades de la migración? --Nadie me ha dicho eso nunca, no. Cuando era director del Servicio Jesuita a Migrantes comenzamos a recibir en nuestras oficinas a mujeres dominicanas con historias similares. Descubrimos que eran víctimas de tráfico ilícito de migrantes. Promovimos la creación de la Mesa de tráfico ilícito de migrantes que continúa hasta hoy y que forman también el Ministerio Público y la Subsecretaría del Interior. Trabajamos con la Fiscalía para desbaratar las primeras redes de crimen organizado que traficaban personas.
Los traficantes están en la cárcel. --En los años que estuvo en el Servicio Jesuita Migrante tuvo mucha presencia en medios, escribía columnas, estuvo instalando ciertas ideas en el debate público y le pidió a los políticos "que no conviertan a los migrantes en un campo de batalla electoral". ¿Cuánto le ha pesado eso ahora? --Queríamos mostrar una perspectiva equilibrada; deconstruir mitos, explicar por qué migran las personas y por qué se produce la migración irregular, mostrar que no siempre las políticas securitistas se traducen en más seguridad. Y algunos construyen caricaturas como que promover los derechos de las personas migrantes y refugiadas es equivalente a promover el descontrol de las fronteras.
Nada más absurdo. --Se convirtió como en el gran abogado de la igualdad de los derechos de los extranjeros. --Probablemente lo más importante que hemos aprendido los seres humanos, fuera de los avances de la ciencia, es que cada persona es un fin y no un medio, que todos compartimos la misma dignidad inalienable y que nunca una condición o situación puede restringir el acceso a los derechos. La migración es un fenómeno que ocurre y seguirá ocurriendo.
Tenemos que aprender a gestionarlo, lo que implica tres cosas: control y seguridad, protección de grupos vulnerables, y promoción del desarrollo productivo y laboral. --¿ Pero ese discurso ya no lo compran los chilenos? --No, es un discurso que de tan manipulado, se ha desgastado. Por eso es importante complementarlo con otros factores. Como que la migración también es importante para los países.
En Chile, con una natalidad a la baja, con una tasa de recambio del 1,5%, ¿ qué vamos a hacer con el sistema de pensiones si no hay una población joven que esté inyectando capital al sistema financiero, por ejemplo? --En noviembre de 2016 usted dijo que no había ninguna asociación entre delincuencia y migración y entonces las cifras eran bajas. ¿Acepta que hoy ya no es así, y que se han importado delitos como extorsión, soborno, sicariato y secuestro? --Si, las cosas han cambiado respecto de cómo eran en 2016. Estamos viendo la expansión y la globalización del crimen organizado. Y en muchos de esos delitos tan graves participan extranjeros.
Veo en quienes toman las decisiones en el Gobierno la convicción absoluta de que hay que poner todos los medios para detener ese avance del crimen organizado y eso implica formas más efectivas de proteger nuestras fronteras y controlar y ordenar la migración. --El fiscal Héctor Barros declaró que la inmigración ilegal nos llevó a esta violencia desatada. --Las cifras muestran más personas extranjeras imputadas y condenadas que antes. Pero lo que tenemos que aprender a diferenciar es que la migración irregular no es la causa del aumento de la delincuencia.
En 2018 el 46% de los niños en Venezuela LA MIGRACIÓN PERSONAL de Miguel Yaksic Hoy es asesor de política migratoria del subsecretario del Interior, pero hace unos años --cuando era sacerdote-estuvo a cargo del Servicio Jesuita Migrante, en un mediático rol que lo hizo ganar admiración y también adversarios. ¿Cómo es para él trabajar en un tema donde la gente, la política y las encuestas exigen mano dura? "Algunos construyen caricaturas como que promover los derechos de las personas migrantes y refugiadas es equivalente a promover el descontrol de las fronteras. Nada más absurdo", dice. POR PAULA CODDOU B. FOTO SERGIO ALFONSO LÓPEZ "No tengo problema en que se apliquen todas las medidas de seguridad que hagan falta para controlar la delincuencia y el crimen organizado.
Pero no estoy de acuerdo con que a personas comunes y corrientes que han sido víctimas de una crisis tan compleja, no las tratemos como seres humanos". "La irregularidad es la mayor causa de exclusión social de un extranjero y la exclusión, la falta de protección del Estado, sobre todo en jóvenes, pavimenta el camino para su participación en bandas criminales".. LA MIGRACIÓN PERSONAL de Miguel YaksIc mostraba signos de desnutrición (en Chile es cero), el acceso a la salud se volvió imposible y la violencia y la corrupción se han generalizado. La imposibilidad de acceder a medios de vida decente es lo que gatilla la migración irregular. Las personas no pueden obtener documentos de viaje y los países de acogida no tienen la capacidad para recibir por vías regulares toda esa demanda. Y en su desesperación las personas migran como pueden y a donde pueden.
Esa situación es el caldo de cultivo para el aumento del crimen organizado que ve una oportunidad: tráfico ilícito de migrantes, trata de personas y el aprovechamiento de fronteras sobredemandadas para meter contrabando y tráfico de drogas.
También las bandas criminales aprovechan esos movimientos para desplazarse y cruzar fronteras. --Entonces, ¿hoy no encuentra injusto que se asocien ciertos delitos a cierta inmigración? --Es muy complejo porque, como decía, la causa del delito no es la migración irregular, pero sí es un contexto que la facilita.
Por eso se deben seguir robusteciendo las capacidades de control de fronteras, de identificación de todas las personas que entran y residen en Chile y las capacidades de expulsar a las personas que amenazan la seguridad de los que vivimos en el país. --¿ Regular significa controlar y limitar? --Significa controlar, limitar, ordenar. Hay que avanzar hacia una migración segura, regular, de todas maneras. La migración irregular no es buena para nadie, ni para los migrantes ni para el país de acogida. --¿ Hay dos almas frente a la inmigración en el Gobierno? --No. Yo lo que veo es una claridad meridiana en el Gobierno respecto de que hay que poner todos los medios para avanzar en seguridad, en persecución del crimen organizado y protección de las personas.
Y también veo claridad de que hay un porcentaje de esos crímenes que son cometidos por extranjeros, y además veo claridad de que la cualidad de esos delitos se ha vuelto más grave en virtud de personas extranjeras. No veo que eso esté en discusión. Pero hay otro fenómeno que es el de las personas que se han visto forzadas a migrar y que requieren protección, y que frente a ellas hay que tomar algunas decisiones.
No vamos a tapar el sol con un dedo y hacernos los lesos, no vamos a dejar que sigan viviendo en la irregularidad y la informalidad 150 mil personas extranjeras sin antecedentes penales, que trabajan y tratan de contribuir. La irregularidad es la mayor causa de exclusión social de un extranjero y la exclusión, la falta de protección del Estado, sobre todo en jóvenes, pavimenta el camino para su participación en bandas criminales.
La inclusión de hoy es la seguridad de mañana. --Pero ideológicamente el tema de la expulsión, de la seguridad, sigue siendo un tema feo para la izquierda, más allá de que haya ese consenso. --El resguardo del orden y la seguridad es una tarea central para el Estado.
Cualquier gobierno debe acometer esa tarea con decisión. --El Presidente Boric dijo la semana pasada que se arrepentía de algunas posiciones cuando fueron oposición, ¿eso incluye el tema migrante? --No lo sé. --¿ No cree que al considerar discriminatorio poner restricciones a los migrantes --buena parte de la izquierda puso mucha objeción a la política sobre migraciones de Piñera 2--, se termina haciendo que todos los migrantes paguen por los que delinquen? --Depende qué restricciones. Se pueden imponer restricciones que no sean arbitrarias ni discriminatorias. No se puede restringir el acceso de las personas a la salud, no importa si llevan un año o diez viviendo en Chile. Pero sí se puede y se deben exigir antecedentes penales, el respeto de la ley, la formalidad en el trabajo, en la vivienda y en el uso de los espacios públicos.
Sí se puede exigir que las personas que quieran residir en Chile lo hagan de acuerdo a las normas previstas en el derecho migratorio. --¿ Siente ahora que hubo cierta miopía en sectores de la izquierda en trabajar por el control de la migración, por generar una base de datos eficiente? --No, de hecho, la idea de hacer el empadronamiento biométrico que se está llevando adelante para determinar la identidad de todas las personas extranjeras en situación irregular ha sido una idea promovida en este gobierno; que nunca antes se había hecho, y estaba en el programa de gobierno del Presidente Boric. --El diputado Tomás de Rementería dijo que su sector había "romantizado" la inmigración. --Puede que algunas personas hayan romantizado la migración.
Yo no he romantizado nada porque he visto desde hace varios años ya en Chile, en Haití, en República Dominicana, en Colombia, en México, en Estados Unidos, las dificultes que viven las personas migrantes y refugiadas; he visto las mafias que florecen en torno a las fronteras. --Romantizar en el sentido de pensar que los migrantes en su mayoría son buenos, no romantizar el proceso de migrar. --Hay que dejar de ver maniqueamente la migración como algo bueno o malo.
En los flujos migratorios se desplazan personas comunes y corrientes que quieren salvar o mejorar la vida propia y la de sus familias y también hay otros que buscan cometer delitos, aprovecharse de la vulnerabilidad de las personas y las fronteras.
No es una distinción tan difícil de hacer. --Cuando hay una alteración en la vida diaria de la gente, en la percepción de inseguridad, ¿cómo un país se defiende de eso? --Hay un shock inicial que ha sido un impacto duro sobre muchas comunidades, que han visto afectada su vida cotidiana, los cupos en la escuela, que han visto que la cola en el consultorio es más larga. Esas personas perciben que la migración hace su vida más precaria, y esa experiencia, que es verdadera, hay que acogerla y entenderla.
Lo peor que podemos hacer es poner a competir a grupos vulnerables y acusar de xenófobos a los que sienten miedo. --¿ Esa experiencia está teniendo ya una traducción política de polarización, de gente más dura para votar? --Estoy de acuerdo con Ricardo Caballero, el economista del MIT, cuando critica la mentalidad suma cero. Esta idea de que para que unos ganen, otros tienen que perder. Que es el mito falso de que los extranjeros les quitan el trabajo a los locales. Los mercados laborales son dinámicos, se expanden cuando hay innovación y nuevos emprendimientos.
Lo que quiero decir es que en vez de polarizarlo todo, intentemos meter evidencia, inteligencia y hacer buena política pública. --Eso se sentía así, pero particularmente este último año, es la inseguridad la que se ha tomado la agenda. ¿Se puede decir a la gente "acojo su vivencia" si también hay que darles soluciones? --Sí, y las soluciones son poner los medios para disminuir, regular y controlar el ingreso irregular, además de los medios para combatir el crimen. Lo que pasa es que a veces se cree que los gobiernos tienen toda la capacidad para hacerlo. Chile tiene una frontera larga, porosa, difícil, no existen los medios para controlar toda esa demanda.
En las leyes migratorias modernas, de los países OCDE por ejemplo, se complementan dos estrategias: deportaciones, sobre todo, focalizadas en personas que suponen riesgos, y la creación de mecanismos eficaces de integración. --¿ Cree que el tema de los migrantes no genera ninguna empatía en los mundos más vulnerables? --Hoy día hay un rechazo muy fuerte de la migración en todos los sectores, ha crecido, y sobre todo en los más vulnerables, sí. --¿ Es solo la experiencia y percepción o es real? --Eso hay que probarlo también, porque una cosa son las experiencias, que son todas válidas, las percepciones, emociones, y otra cosa es levantar datos y evidencia.
La Encuesta Bicentenario 2022 de la UC hacía unas preguntas sobre migración: El 71% cree que hay un gran conflicto entre chilenos y extranjeros y el 81% piensa que la cantidad de inmigrantes en el país es excesiva.
Pero hay otra pregunta: ¿ Con qué frecuencia ha tenido una mala experiencia con personas migrantes? Y el 80% responde que nunca o casi nunca. --Hay una frase suya que se le recuerda mucho --dicha durante el segundo gobierno de Piñera-cuando les criticó la "criminalización del migrante". --Existe en el derecho internacional lo que se llama el principio de no criminalización de la migración irregular, que además lo recoge el artículo 9 de nuestra ley de migraciones. Si una persona se ve obligada a migrar irregularmente, eso no es un crimen, no es un delito.
Persigamos con toda la fuerza del Estado a quienes cometen delito y amenazan nuestra seguridad. --¿ Ahora entiende más las posturas del gobierno de Piñera o le siguen pareciendo algunas equivocadas? --En general no me parecían equivocadas las posturas del gobierno del Presidente Piñera. Tenía algunas diferencias basadas en razones que expresé públicamente.
En eso consiste la democracia. --¿ Es de los que piensa que Cúcuta tuvo la culpa? --Creo que el problema de Cúcuta fue que dificultó las relaciones diplomáticas con Venezuela, que ha habido que reconstruir para poder materializar expulsiones a ese país. Para poder expulsar a Venezuela se requiere que quieran recibir a las personas. --¿ Pero reconoce cuando la gente dice que se importaron delitos? --No tengo ningún problema, de hecho, me parce que es así. Venezuela tenía la tasa de homicidios más alta del mundo con 40 homicidios por cada 100 mil habitantes. Chile tenía 4 y hoy tiene 6, sigue siendo la más baja de todo el continente. Pero evidentemente si la situación en el origen era muy violenta y las personas salen; bueno esa violencia se reparte por la región.
En lo que no estoy de acuerdo es en meter a todos en el mismo saco. "Lo peor que podemos hacer es poner a competir a grupos vulnerables y acusar de xenófobos a los que sienten miedo"..