Columnas de Opinión: Evitemos una tragedia
Columnas de Opinión: Evitemos una tragedia E n los últimos días, nuestra región ha sido testigo de hechos que no pueden dejarnos indiferentes, además del cobarde ataque a una Ministra de Estado al interior de una universidad, algunas amenazas de tiroteo en establecimientos educacionales de varias comunas, las que si bien se están investigando, todo apunta a alumnos de esos establecimientos. Más allá de que no se hayan concretado, el solo anuncio de un acto de esta naturaleza remueve profundamente a toda la comunidad educativa y enciende una señal de alerta que no podemos ignorar. Porque aquí no estamos frente a un hecho aislado, estamos frente a síntomas de un problema mayor, que combina factores de convivencia escolar, salud mental y seguridad. Y cuando esas variables se cruzan, el riesgo es real. Hoy muchos estudiantes asisten a clases con temor, docentes y asistentes de la educación trabajan bajo presión y familias enteras viven con incertidumbre. Ese clima, aunque silencioso, es profundamente dañino. La violencia, incluso cuando es solo una amenaza, ya cumple su objetivo: instalar el miedo. Por eso, como autoridades, no podemos limitarnos a reaccionar después. La política pública no puede llegar tarde. No podemos esperar a que ocurra una tragedia para recién actuar. La prevención no es un discurso, es una obligación. Y en este caso, implica fortalecer los mecanismos de detección temprana, mejorar la coordinación entre instituciones y dotar a los establecimientos educacionales de herramientas reales para enfrentar situaciones de riesgo. Daniel Valenzuela Salazar Diputado por Los Ríos Pero también implica algo más profundo, hacernos cargo de lo que está ocurriendo con nuestros jóvenes. No podemos normalizar que un estudiante sea capaz de emitir una amenaza de esta gravedad, ahí hay señales que deben ser atendidas a tiempo, con seriedad y con responsabilidad. El Estado tiene el deber de garantizar que los colegios sean espacios seguros, no solo en términos de infraestructura, sino también en lo emocional, en lo social y en lo humano. Hoy estamos a tiempo. A tiempo de actuar, de prevenir y de evitar que estas señales escalen a consecuencias irreparables. Porque cuando se trata de nuestros niños y jóvenes, no hay margen para la indiferencia. Y mucho menos para la improvisación.. C Columna