EL IMPACTO DE LAS COOPERATIVAS ELECTRICAS EN EL DESARROLLO REGIONAL DEL PAÍS
EL IMPACTO DE LAS COOPERATIVAS ELECTRICAS EN EL DESARROLLO REGIONAL DEL PAÍS DF DIARIO FINANCIERO® SUPLE MENTO SANTIAGO DE CHILE VIERNES 27 DE MARZO DE 2026 H ace más de un siglo, la mayor parte de los hogares ubicados en zonas rurales del mundo no contaban con suministro eléctrico.
Una realidad que en Chile comenzó a cambiar a principios de la década del 40, cuando el "Plan de electrificación del país" permitió que grupos de agricultores desarrollaran un modelo asociativo para prestar el servicio eléctrico en zonas rurales donde las empresas grandes no llegaban.
Así surgieron las cooperativas eléctricas, que, además de habilitar el suministro en zonas aisladas, trajeron una serie de ventajas para la población rural, como el aumento en el volumen de producción, mayor disponibilidad de mano de obra, crecimiento en sus ingresos y una mejora en el estándar de vida y su condición sociocultural. "La llegada del suministro continuo de electricidad a los sectores rurales generó un cambio FENACOPEL radical en las vidas de sus habitantes, facilitando y ampliando sus actividades diarias, minimizando sus costos y abriéndoles un mundo de mejoras productivas a través de la incorporación de tecnologías que antes eran impensadas contar con ellas", explica el gerente de la Federación Nacional de Cooperativas Eléctricas (Fenacopel), Patricio Molina. Tras llegar a ser 13 cooperativas eléctricas en 1958, actualmente solo ocho se encuentran operativas.
De ellas, siete forman parte de Fenacopel, las cuales en conjunto abastecen a un total de 250 mil clientes ubicados en los sectores mayormente rurales de 55 comunas del centro-sur del país, abarcando una zona geográfica de 28 mil km2 con una red de 25 mil km para llevar la electricidad a cada uno de sus clientes.
Desafíos "Día a día las cooperativas eléctricas enfrentan variados desafíos para cumplir con su objetivo de llevar la electricidad a las zonas rurales, como lo son el recorrer vastas áreas de compleja geografía, con caminos no siempre en buen estado y enfrentando diversas contingencias climáticas", comenta Molina.
El ejecutivo agrega que, además de las adversidades climáticas y geográficas, a diferencia de las empresas eléctricas que prestan el servicio eléctrico en zonas urbanizadas, las cooperativas enfrentan un problema propio de sus características: la densidad de clientes por kilómetro de red más baja entre las empresas distribuidoras. Además, cuentan con los niveles de pérdidas de distribución más altos de la industria y el consumo promedio de sus clientes es poco más de la mitad del promedio nacional.
A ello se suma el acotado margen de su actividad económica y que no reparten por voluntad propia sus utilidades, no obstante, el beneficio o remanente de la cooperativa aumenta el patrimonio de sus socios y se reinvierte en la red eléctrica para asegurar la prestación de un suministro eléctrico seguro, de calidad y continuo. "A lo largo de los años el motor de las cooperativas eléctricas ha sido el compromiso de su gente con el importante rol social que tienen en los sectores rurales", recalca Molina. Motor de desarrollo Hoy, las cooperativas son mucho más que distribuidores del servicio eléctrico.
Con el propósito de prestar un servicio integral a sus socios y clientes a través de la búsqueda constante de satisfacer sus necesidades mediante la entrega de opciones que los beneficien, a lo largo de los años las cooperativas han incursionado en nuevas líneas de negocio que signifiquen reales aportes para sus socios y clientes, participando en soluciones de áreas vinculadas a la eficiencia energética, climatización, energías renovables, capacitaciones, generación distribuida, venta de materiales eléctricos, arriendo de equipos, prestación de servicios eléctricos, retail, seguros, inmobiliaria, agroferretería, automotriz, apícola y farmacia.
Este escenario refleja la transformación de las cooperativas eléctricas desde organizaciones comunitarias que buscaban llevar electricidad a zonas aisladas hacia un modelo integral, profesionalizado y con impacto económico, que después de 80 años, sigue siendo un motor para el desarrollo regional del país. 21. Estas entidades operan en territorios de baja densidad poblacional y alta complejidad geográfica, impulsando el desarrollo social y productivo, permitiendo acceso a diversos servicios y nuevas oportunidades económicas para la población rural. POR ANDREA CAMPILLAY