Violencia escolar: una reflexión que duele
Violencia escolar: una reflexión que duele Nelson Cárcomo Borrero prosor probablemente probablemente estamos ante uno de los acontecimientos más duros y lamentables lamentables que haya registrado y enlutado a la educación en nuestro país.
El hecho de violencia ocurrido el pasado viernes en un establecimiento educativo en Calama, que terminó con la vida de una inspectora tras el ataque de un estudiante, estudiante, genera una profunda angustia en toda la comunidad educativa nacional.
Desde ya, nuestro mensaje es de acompañamiento y apoyo a las familias afectadas en este momento de dolor. ¿Desde cuándo la escuela puede convertirse en un escenario donde un hecho de violencia acabe con la vida de uno de sus integrantes? Lo ocurrido en el norte del país nos conmueve, nos apena y nos angustia, no solo por la muerte de una trabajadora de la educación, sino también porque evidencia cómo nuestro sistema educativo se ve desgarrado desgarrado por una violencia que escala y que desde hace tiempo viene advirtiendo que las cosas no están bien, que debemos poner atención. Después de una serie de episodios violentos ocurridos en el Instituto Nacional durante durante los últimos años, hace solo algunos meses tres profesoras fueron agredidas y rociadas con bencina. No es invento ni ocurrió en otra nación. Pasó en Chile, en un establecimiento educativo que se ha convertido en tierra de nadie, gobernado por la violencia. Hechos similares se arrastran desde hace años en otros liceos emblemáticos de la capital. Se decía que la motivación eran los problemas de infraestructura, pero las demandas se manifestaban con la destrucción de los mismos edificios. En Magallanes también hemos tenido episodios lamentables. En julio de 2023, un hecho violento se registró a las afueras de un liceo en Punta Arenas.
Hoy, la preocupación en las escuelas ya no pasa exclusivamente por el aprendizaje de las y los estudiantes, sino también por un fenómeno que alguna vez pareció aislado y que ahora nos mantiene en permanente alerta.
Estamos de acuerdo en que las escuelas deben ser espacios de sana convivencia, aprendizaje, contención y encuentro, pero las instituciones instituciones educativas no están ajenas a recibir las consecuencias de una sociedad afectada por la violencia. Las cifras son elocuentes. Según datos de la Asociación Chilena de Seguridad (ACHS), las denuncias por violencia en el ámbito escolar aumentaron un 74% entre 2023 y 2024, pasando pasando de 2.338 a 4.418 casos. Por su parte, la Superintendencia de Educación informó que, durante los primeros nueve meses de 2023, recibió 14.931 denuncias ciudadanas, lo que representa representa un incremento del 21% respecto al mismo período del año anterior. De ese total, 11.091 casos (74,3% ) corresponden al ámbito de convivencia escolar, consolidando esta temática temática como una de las principales materias que deben abordar las comunidades educativas. Pareciera que el diagnóstico ya lo tenemos más o menos aprendido. El problema es cómo abordamos la situación, si contamos con la preparación y las herramientas para hacerlo más allá de los protocolos y las orientaciones oficiales. Porque los protocolos, por sí solos, no contienen la furia ni restauran el tejido roto. Resulta urgente reconocer la magnitud de la problemática y abordarla con toda la comunidad comunidad educativa autoridades, docentes, familias y estudiantes de manera participativa, colaborativa, en un trabajo sistemático y sostenido en el tiempo. No hay soluciones rápidas ni respuestas unívocas.
Lo que está claro es que debemos trabajar juntos para erradicar la violencia de todos los espacios, pero especialmente de aquellos destinados a la educación y la formación, porque si la escuela deja de ser un refugio, entonces habremos perdido mucho mucho más que una infraestructura o un protocolo. El llamado es a reflexionar de verdad con madurez y un grado mayor de sensibilidad.. - - -