Editorial: La Quebradilla
Editorial: La Quebradilla in lugar a dudas, se trata de la feria más grande de la región: S miles de puestos distribuidos en un espacio que no deja de crecer, emplazado en medio de un sitio eriazo del desierto de Alto Hospicio.
Son cientos quienes llegan a diario a ofrecer sus productos de manera informal a La Quebradilla y, de no mediar la intervención del municipio, el lugar ya se habría transformado en un enorme basural, dada la gran cantidad de residuos que se generan y se abandonan cada día.
Pese a estos esfuerzos, el sector poniente de la feria evidencia una acumulación de basura de larga data, correspondiente a desechos que logran permanecer antes de que el viento y las condiciones climáticas hagan lo suyo.
Aunque para algunos es valorada como un espacio que permite a muchas personas ganarse la vida, para otros se ha convertido en un símbolo de la informalidad, donde no existe certeza ni seguridad respecto de los productos que se comercializan. En esa línea, recientemente se ha detectado la venta de mercancías clandestinas, ingresadas por pasos no habilitados, e incluso de productos derechamente prohibidos como medicamentos, entre otros. Frente a este escenario, la respuesta de la institucionalidad ha sido escasa. Más allá de algunos operativos, las acciones resultan claramente insuficientes frente a la magnitud del comercio que allí se desarrolla. Esta feria, además, representa una competencia desleal para los comerciantes establecidos de Alto Hospicio, quienes deben asumir costos de arriendo y cumplir con normativas que les impiden ofrecer precios similares.
Con todo, difícilmente existen hoy las condiciones para una regularización efectiva de esta feria, más aún cuando persiste el silencio de autoridades que ven en este espacio un caudal de votos que no están dispuestas a perder.
Sin perjuicio de lo anterior, resulta indispensable establecer límites claros para esta feria: definir quiénes trabajan en ella, qué se vende y bajo qué condiciones, con el fin de avanzar hacia un ordenamiento y un control institucional mínimos. Mientras no existan alternativas reales para quienes dependen de esta actividad, el comercio informal seguirá siendo un problema complejo de abordar. Sin embargo, ello no puede ser excusa para mirar hacia el costado y permitir que los efectos negativos que arrastra continúen expandiéndose. Frente a este escenario, la respuesta de la institucionalidad ha sido escasa".. EDITORIAL Frente a este escenario, la respuesta de la institucionalidad ha sido escasa".