Autor: MATÍAS ARANCIBIA, CIENTISTA POLÍTICO
Columnas de Opinión: La encrucijada de marzo: Kast, Bachelet y la política
Columnas de Opinión: La encrucijada de marzo: Kast, Bachelet y la política A partir de marzo, el nuevo gobierno enfrentará decisiones que exceden con creces la coyuntura interna y que pondrán a prueba su comprensión del lugar de Chile en el mundo. Una de ellas -quizás la más simbólicaserá definir si respalda o no una eventual candidatura de Michelle Bachelet a la Secretaría General de la Organización de las Naciones Unidas.
La pregunta no es menor, y tampoco es simple: ¿ Debe un gobierno liderado por José Antonio Kast apoyar a una figura que representa todo aquello de lo que su proyecto político ha intentado distanciarse? Desde una lectura estrictamente ideológica, la respuesta parecería obvia. Bachelet es un ícono del progresismo latinoamericano, dos veces Presidenta, ex Alta Comisionada para los Derechos Humanos y una figura respetada en los circuitos multilaterales que Kast y su sector suelen mirar con recelo. Apoyarla podría ser visto por su electorado más duro como una claudicación, una concesión innecesaria al "establishment global" que tantas veces ha sido cuestionado desde la derecha conservadora. Sin embargo, gobernar no es militar. Y la política exterior, especialmente para un país pequeño y abierto como Chile, exige una dosis de pragmatismo que muchas veces incomoda a las trincheras internas. Respaldar a Bachelet no sería, necesariamente, un aval a su legado político interno, sino una señal de continuidad institucional y de madurez republicana. En el tablero internacional, las trayectorias personales pesan más que las disputas domésticas, y Chile ha sabido históricamente separar ambas dimensiones. La eventual llegada de Bachelet a la Secretaría General de la ONU no sería un triunfo de la izquierda chilena, sino una oportunidad para el país. Le daría a Chile una visibilidad inédita, una voz directa en los grandes debates globales y una plataforma de influencia que trasciende a cualquier gobierno de turno. Negar ese apoyo por razones ideológicas podría interpretarse como mezquindad política y aislar innecesariamente a la nueva administración en sus primeros meses. Por otro lado, Kast enfrenta también una oportunidad. Apoyar a Bachelet podría ser una señal potente hacia el exterior: mostrar que su gobierno es capaz de distinguir entre adversarios internos y representantes del Estado en el concierto internacional. Sería, además, una forma de desactivar aprensiones sobre un eventual giro aislacionista o confrontacional en la política exterior chilena. No obstante, un eventual apoyo también podría interpretarse como entregar poder e influencia, desde otra trinchera, a una de las principales líderes de la oposición.
La Secretaría General de la ONU no es un cargo meramente ceremonial: otorga visibilidad global, capacidad de agenda y una autoridad moral que, bien utilizada, podría transformarse en un contrapeso incómodo para la administración de Kast. En un escenario de tensiones internas o cuestionamientos en materia de derechos humanos, esa plataforma internacional podría ser utilizada -directa o indirectamentepara erosionar al propio gobierno que facilitó su ascenso. Autor: MATÍAS ARANCIBIA, CIENTISTA POLÍTICO.