Columnas de Opinión: Mujeres rurales: de la invisibilidad a la acción concreta
Columnas de Opinión: Mujeres rurales: de la invisibilidad a la acción concreta Durante décadas, el mundo rural chileno ha descansado silenciosamente sobre el trabajo de miles de mujeres. Ellas han sostenido la producción de alimentos, el cuidado de la biodiversidad y la transmisión de saberes ancestrales, pero, paradójicamente, han permanecido relegadas en el acceso a oportunida des, recursos y toma de decisiones. Hoy, esa deuda histórica comienza a abordarse con mayor claridad.
La Estrategia Sectorial para Mujeres Rurales en el Agro 2025-2035, impulsada por el Ministerio de Agricultura, no solo reconoce esta realidad, sino que propone un cambio de enfoque: pasar de la constatación de brechas a la implementación de soluciones concretas. Se trata de un instrumento que busca orientar la equidad en el sector silvoagropecuario, promoviendo la autonomía económica femenina y Claudia A. Fuentes Riveros directora@latribuna.cl una participación más justa en el desarrollo productivo del país. Actualmente, existe una "paradoja sistémica": quienes sostienen los sistemas agroalimentarios son, a su vez, quienes enfrentan mayores niveles de exclusión e inestabilidad. La falta de acceso a tierra, financiamiento, conectividad o redes de comercialización sigue marcando el día a día de muchas mujeres rurales, especialmente en territorios donde la desigualdad se profundiza por factores geográficos y culturales. Frente a ello, la estrategia plantea un camino claro. Entre sus ejes destacan el fortalecimiento de sistemas agroalimentarios sostenibles, la autonomía económica, la adaptación al cambio climático, la corresponsabilidad en los cuidados y el acceso a formación y educación. No se trata solo de políticas aisladas, sino de una mirada integral que reconoce a las mujeres como protagonistas del desarrollo rural, y no como actoras secundarias. El desafío, sin embargo, no está solo en el diseño. La clave será su implementación efectiva en los territorios. La historia reciente ha demostrado que muchas iniciativas bien intencionadas pierden fuerza al enfrentarse con la burocracia, la falta de coordinación institucional o la escasa pertinencia local. En este caso, el éxito dependerá de la capacidad del Estado para articular esfuerzos, generar datos con enfoque de género y, sobre todo, escuchar a las propias mujeres rurales. También hay un componente cultural que no puede ignorarse. Avanzar hacia la equidad en el agro implica cuestionar prácticas arraigadas, redistribuir responsabilidades y abrir espacios de participación real. No basta con facilitar el acceso a recursos si no se transforman las condiciones que históricamente han limitado el ejercicio pleno de derechos. Con todo, esta estrategia representa una señal potente. Reconocer el rol de las mujeres rurales no es solo un acto de justicia social, sino una condición necesaria para avanzar hacia sistemas alimentarios más sostenibles, resilientes e inclusivos. En un contexto de crisis climática y desafíos económicos, fortalecer su participación no es opcional: es estratégico. El mundo rural chileno tiene rostro de mujer. Lo que está en juego ahora es que ese rostro deje de ser invisible y pase a ocupar el lugar que le corresponde en el desarrollo del país..