Columnas de Opinión: Ciencia y buen uso de los recursos
Columnas de Opinión: Ciencia y buen uso de los recursos 66 Marcelo Serrano del Pozo Doctor en Historia Profesor en el TEC de Monterrey Investigador adjunto en la Universidad Adolfo Ibáñez I presidente José Antonio Kast, en una de sus malas intervenE ciones, se quejo de que en Chile se invertía: "A veces $ 100 millones, $ 500 millones, para una investigación que termina en un libro precioso, empastado, en la biblioteca", pero incapaz de generar empleos. Ante la ola de críticas, matizó sus dichos y abogó por un buen uso de los recursos. No solo molesta la ignorancia, sino que además insista en esta mala práctica de los presidentes de improvisar sin tener toda la información. No obstante, tampoco me sumo a las defensas corporativas de la academia ni la exigencia de recursos cuando quizás las condiciones económicas no lo permiten, lo que obliga, obviamente, a priorizar. Para que se haga una idea, uno de los fondos más importantes a los que un académico con doctorado puede postular es el Fondo Nacional de Desarrollo Científico y Tecnológico (Fondecyt) en sus distintas versiones. El Fondecyt Regular, uno de los más conocidos y tradicionales, puede llegar a entregar $60.000.000 de pesos al año a un investigador en un plazo que puede ser de dos a cuatro años.
El investigador que se adjudica este proyecto tiene un margen de libertad bastante amplio para utilizarlo en pos de su investigación, aunque siempre bajo un estricto control de gastos: ayudantes de investigación, personal administrativo, coinvestigador, estadías de investigación, participación en congresos nacionales e internacionales, compra de libros, computadores, tablets, etc. Mientras que para el área de Humanidades el fondo es bastante generoso, para los científicos de las áreas más duras podría resultar escaso por el alto costo de algunos equipos. Sin embargo, la Agencia Nacional de Investigación y Desarrollo (ANID) no hace mayor diferencia al respecto.
Convengamos que, para postular a estos fondos, además de ser doctor, hay que poseer un proyecto solido que es evaluado por pares y, principalmente, una producción científica (publicaciones en revistas de prestigio) que acredite que la inversión será retribuida a través de la producción de artículos en este tipo de revistas. A diferencia de lo que mencionó el presidente Kast, Fondecyt no financia la publicación de libros, ni con uno ni con cien ni con quinientos millones. El fondo no está pensado para eso, sino para aumentar la productividad científica del país. Lo mismo sucede con las universidades: la publicación de artículos académicos determina si un profesor es o no exitoso. Las horas de investigación son un premio; más docencia, un castigo. El problema radica en el impacto de estos artículos. A diferencia de lo que sucede en las ciencias duras, en Artes y Humanidades una proporción considerable de éstos permanece sin citas incluso años después de su publicación. Se han hecho varios estudios sobre este tema y existe un porcentaje de entre el 65% y el 85% de artículos que nunca han sido citados tras cinco a diez años de publicación. Esto es real.
Con algo de vergüenza puedo decir que he cumplido con todo lo que me ha pedido Fondecyt a cambio de la entrega de generosos recursos, esto es, varios artículos que cumplen con los criterios de ser publicados en una revista científica, pero que, salvo mi esposa que siempre los corrige, nadie lee y solo yo cito. Esto último tampoco es una trampa, es una de las cosas absurdas de la industria. Por ejemplo, si escribo un artículo sobre Diego Portales, estoy obligado a citar todo lo que he escrito sobre este personaje.
De lo contrario, corro el riesgo de que, al ser una evaluación ciega, el artículo sea rechazado por no citar a un tal "Gonzalo Serrano". Quizás el error del presidente pueda servir para hacer una reflexión honesta sobre nuestro rol y el papel de las universidades. El aporte más grande que podríamos hacer, en tiempos de crisis, es pedir menos, escribir más para el público general y no solo producir artículos que nadie lee.
Con algo de vergüenza puedo decir que he cumplido con todo lo que me ha pedido Fondecyt a cambio de la entrega de generosos recursos, esto es, varios artículos que cumplen con los criterios de ser publicados en una revista científica, pero que, salvo mi esposa que siempre los corrige, nadie lee".. Con algo de vergüenza puedo decir que he cumplido con todo lo que me ha pedido Fondecyt a cambio de la entrega de generosos recursos, esto es, varios artículos que cumplen con los criterios de ser publicados en una revista científica, pero que, salvo mi esposa que siempre los corrige, nadie lee".