Editorial: Sánchez desafía a Trump
Editorial: Sánchez desafía a Trump En plena guerra contra Irán, cuando los aliados de Estados Unidos evitan confrontarse con Donald Trump, el Presidente del gobierno español, Pedro Sánchez, rechaza el bombardeo y dice “no a la guerra”, retomando el lema de las manifestaciones españolas, en 2003, contra la invasión a Irak.
“No vamos a ser cómplices de algo que es malo para el mundo por miedo a las represalias”, lanzó desafiante, después de que el mandatario norteamericano amenazara con sanciones como cortar el comercio o restringir las visas. En un momento en que su popularidad está muy baja, Sánchez ve en un altercado con Trump una buena oportunidad para ganar apoyo electoral y la está sabiendo aprovechar.
Las encuestas son poco favorables al PSOE y a sus aliados, y el Partido Popular lo aventaja por varios puntos, lo que sumado al buen desempeño de Vox, tiene al Presidente en un disparadero para las próximas elecciones de 2027. Usar el lema de 2003 no es casual. Por esa época gobernaba el PP, que se alineó firme con Estados Unidos. Pero los españoles no estuvieron de acuerdo, protestaron masivamente y finalmente votaron contra el PP en las siguientes elecciones, que ganó el socialismo contra todos los pronósticos. Esa experiencia quizás es la que quiere repetir Sánchez, para beneficiarse del rechazo de los españoles a las guerras y resucitando un antiamericanismo arraigado en la población.
Pero adelantar los comicios sería una apuesta muy arriesgada porque las condiciones de 2003 no son las mismas que ahora, y el rechazo al PSOE tiene causas concretas: los escándalos de corrupción que involucran al partido y al círculo cercano del Presidente, la inmigración y la amnistía a los ilegales, los graves problemas económicos y las concesiones a los independentistas catalanes y vascos. La política exterior puede impulsarle la aprobación, pero es difícil que eso sea suficiente para que los electores pasen por alto las verdaderas causas del malestar. En cuanto a las relaciones con Estados Unidos, este no es el único episodio que ha puesto al español en las antípodas de Trump.
El distanciamiento comenzó con la negativa de Sánchez a aceptar la indicación en la OTAN de aumentar el presupuesto de Defensa del dos al cinco por ciento, cuando España empezaba recién a cumplir la primera cifra, mientras algunos de los miembros de la Alianza superaban la meta.
Ahora la tensión ha subido al máximo, con la negativa de Sánchez a autorizar el uso de las bases en su territorio para efectuar o p e r a c i o n e s m i l i t a r e s. Trump ha hablado de un aliado “poco confiable”, un “socio terrible”, y las amenazas siguen pendientes. Cortar el comercio bilateral sería complicado, porque los acuerdos comerciales son con toda la Unión Europea y no con los países individuales. Pero Trump siempre tiene cartas bajo la manga, y está alentando a grandes empresas, como Microsoft o Apple, a reducir sus inversiones en el país. Que lo consiga no es seguro, pero es indicativo de un clima de tensión que no es beneficioso para nadie. Sánchez tendrá que medir bien los costos de sus políticas, que van en dirección opuesta a las de los principales socios europeos. Francia, por ejemplo, autorizó el uso de todas sus bases para operaciones no militares, y sus fuerzas están en alerta para contribuir a la defensa en el Mediterráneo y Medio Oriente. España, en cambio, solo ha enviado un buque a Chipre (que no está en la OTAN), en solidaridad tras el ataque de un misil iraní. Sánchez espera que otros líderes europeos se sumen a su posición, pero no hay mucho entusiasmo por enemistarse con Trump.
En un momento en que su popularidad está muy baja, Sánchez ve en un altercado con Trump una buena oportunidad para ganar apoyo electoral y la está sabiendo aprovechar.. En un momento en que su popularidad está muy baja, Sánchez ve en un altercado con Trump una buena oportunidad para ganar apoyo electoral y la está sabiendo aprovechar.