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CL SANTIAGO DE CHILE DOMINGO 8 DE MARZO DE 2026 MES DE LA MUJER ¿ POR QUÉ LA DEUDA 1 MÁS FUERTE A LAS MUJERES? M PACTA En ChUe y & mundo, habar de autonomía financiera femenina sigue siendo un desafío pendiente derivado de brechas saariales, empleos precarios, sobrecarga de trabajo y cuidados no remunerados. Eflo se traduce en una gran cantidad de mujeres que recurren al crédito, no para invertir o emprender, sino para cubrir gastos básicos o del hogar. El El mito de que las mujeres comenzaron a trabajar recién en el siglo XX es incorrecto.
María Laura Peña, experta en autonomía y desarrollo femenino, explica que las mujeres siempre han trabajado, principalmente en labores domésticas y de cuidado; sin embargo, estas tareas fueron culturalmente vistas como actos de amor y no como trabajos remunerados, lo que invisibilizó su aporte económico y las mantuvo históricamente alejadas del manejo del dinero como un ámbito propio hasta hace muy poco tiempo. Y aunque en las últimas décadas las mujeres han avanzado en participación laboral remunerada, educación y liderazgo, una realidad silenciosa se profundiza entre muchas: el endeudamiento como estrategia de supervivencia. “Un porcentaje significativo de hogares está a cargo de mujeres, pero esa realidad no siempre se condice con formalidad laboral e ingresos. Existen mujeres sosteniendo económicamente a sus familias sin contrato, con ingresos inestables o informales. Cuando el ingreso no alcanza, la deuda se transforma en una herramienta para llegar a fin de mes”, asegura Peña.
GANAN MENOS, PERO GASTAN MÁS Francisca Bravo, abogada y autora del libro “Lo nuestro ¿ es nuestro? Dinero y pareja”, menciona diversos factores estructurales que explican por qué muchas mujeres, especialmente las jefas de hogar, recurren al crédito para cubrir gastos básicos: la brecha salarial, las trayectorias laborales interrumpidas por la maternidad, la mayor informalidad y contratos más precarios reducen su ingreso disponible.
Datos de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal) muestran que el 25% de las mujeres de la región no cuentan con ingresos propios, en comparación con el 10% de los hombres en esa condición.
Carolina Duarte, socia adjunta de Consultoría en Mercado Capitales de EY, señala que esta brecha en el ingreso femenino que implica menor capacidad de consumo y, por ende, de ahorro, genera la necesidad de recurrir a medios de financiamiento a los que la informalidad y las lagunas de ingreso no restringen el acceso: tarjetas de crédito no bancarias, cajas de compensación o cooperativas de ahorro y crédito, además de préstamos informales. Esto agrava el nivel de endeudamiento y, en el caso de los famosos “gota a gota”, también pone en riesgo sus vidas. “Estas fuentes de endeudamiento suelen representar mecanismos para cubrir ámbitos de primera necesidad. La proliferación de la deuda inmediata, más cara y con alto refinanciamiento, genera la temida bicicleta de la deuda, terminando en un sobreendeudamiento en relación con la capacidad real”, indica Duarte. A lo anterior, se suma un elemento crítico: las pensiones de alimentos impagas.
Según datos del Ministerio de la Mujer y la Equidad de Género (2025), más de 270.000 personas están inscritas en el Registro Nacional de Deudores de Pensiones de Alimentos en Chile y el 96% son hombres. Esto se traduce en miles de mujeres asumiendo solas el sustento de sus hijos e hijas. El panorama no es menos complejo para aquellas mujeres que viven en pareja.
Gracias a su trabajo en materia de equidad económica, la abogada Francisca Bravo ha identificado otro fenómeno no menor: muchas familias organizan sus gastos bajo lógicas aparentemente igualitarias (como el 50-501 sin considerar que los ingresos de ambos no son equivalentes. A criterio de la experta, esa distribución termina tensionando especialmente a las mujeres, que absorben cuidados y, finalmente, deudas con el fin de cumplir con esa expectativa.
UN “COLCHÓN” PERMANENTE Según la última versión del estudio “Endeudamiento y género en proveedores financieros de menor tamaño”, elaborado por el Servicio Nacional del Consumidor (Sernac), si bien las mujeres evidencian un mejor comportamiento crediticio que los hombres, este se sostiene a costa de refinanciar sus deudas para no caer en morosidad, lo que prolonga las obligaciones financieras y refleja una situación de mayor fragilidad económica. “Una mujer sobreendeudada tiene menos margen para proyectarse, capacitarse, emprender o incluso tomar decisiones relevantes, como terminar una relación amorosa. La deuda se transforma en un factor silencioso de dependencia económica”, afirma Francisca Bravo. Según la abogada, la desigualdad económica no comienza en el banco, sino en la organización cotidiana del hogar. Dice que cuando el trabajo de cuidado no es compartido de manera corresponsable, las mujeres pierden ingresos presentes y oportunidades futuras. “Y cuando falta dinero, son ellas quienes buscan cómo cubrir el déficit”, destaca.
MÁS ALLÁ DE LO ECONÓMICO María de los Ángeles Lagos, psicóloga especializada en salud mental femenina y estrés crónico, asegura que, a diferencia de la experiencia masculina donde el estrés financiero suele estar circunscrito solamente al rol proveedor, en las mujeres la presión incluye además una responsabilidad emocional. Esto, porque tienden a priorizar sistemáticamente las necesidades de sus hijos e hijas y, en muchos casos, también las de sus padres cuando son mayores. En este contexto, la deuda deja de ser una cifra y se transforma en una experiencia psicológica sostenida, silenciosa y compleja que reconfigura proyectos de vida.
“En contextos de deuda, la postergación se intensifica y se traduce, por ejemplo, en la aceptación de condiciones laborales precarias para cumplir con los compromisos financieros, El proyecto personal queda en pausa y otros aspectos de la vida como el descanso, la salud y los vínculos quedan suspendidos hasta que la situación mejore. En sectores vulnerables, la experiencia se intensifica debido a la fragilidad de los ingresos y a una menor disponibilidad de redes de apoyo”, afirma. Hay otro tema no menor del que somos menos conscientes.
Según la psicóloga, muchas mujeres utilizan el crédito como “alivio momentáneo” frente al agotamiento emocional: la deuda se transforma en un mecanismo de compensación frente al cansancio y la frustración, con pequeñas gratificaciones inmediatas que brindan un alivio temporal pero, al mismo tiempo, contribuyen a perpetuar el ciclo de endeudamiento. La deuda feminizada no solo afecta a la mujer, sino también a su entorno. Los niños y niñas, que no tienen voz en las decisiones económicas, experimentan las consecuencias emocionales de la deuda en sus madres. “Cuando la maternidad se combina con presión financiera y escaso descanso, la disponibilidad emocional disminuye. Cuidar la salud mental de quienes sostienen el hogar es también una forma de proteger a la infancia”, recalca la experta.
TAREAS PENDIENTES María Laura Peña es enfática en que si bien la educación financiera con enfoque de género debiera comenzar desde la niñez, también es clave que llegue a las mujeres adultas en sus propios territorios mediante talleres prácticos que expliquen, sin tecnicismos, cómo organizar un presupuesto, usar el crédito, ahorrar e invertir. “Esto fortalecerá su autonomía y contribuirá a prevenir el sobreendeudamiento y situaciones de violencia económica”, apunta. Peña señala que también es necesario realizar cambios estructurales en el sistema financiero.
Dice que no basta con crear productos “para mujeres” si no hay mayor presencia y verdadera perspectiva de género en directorios, áreas de riesgo y organismos reguladores, junto con un rediseño de productos y procesos que consideren la realidad de mujeres que no solo trabajan, sino que también cuidan y emprenden. “Sin estos ajustes, la deuda seguirá siendo una presión constante”, afirma.
Desde su vereda, Francisca Bravo cree que es fundamental fortalecer el sistema de cumplimiento de pensiones de alimentos, ampliar políticas de cuidado como la Ley de Sala Cuna Universal y generar condiciones que permitan trayectorias laborales continuas para las mujeres. Además, considera necesario avanzar en la corresponsabilidad parental efectiva, no solo como principio cultural, sino como condición económica. A su criterio, una distribución más equilibrada del cuidado permitiría que más mujeres accedan a empleos formales, mejor remunerados y con mayor protección social. “Es clave promover conversaciones económicas al interior de las parejas: revisar cómo se distribuyen los gastos, cómo se construye el patrimonio y bajo qué lógica se toman las decisiones financieras. La equidad puertas adentro no es solo un ideal relacional, es un factor determinante en la autonomía económica femenina”, puntualiza. María Laura Peña, speaker y Francisca Bravo, abogada y Carolina Duarte, socia adjunta M. Ángeles Lagos, psicóloga experta en autonomía y autora del libro “Lo nuestro ¿ es de Consultoría en Mercado especializada en salud mental desarrollo femenino, nuestro? Dinero y pareja. Capitales de EY femenina y estrés crónico..