Autor: Marco López Aballay, Escritor culturadiaguita@gmail.com
Columnas de Opinión: Hasta Siempre Virginia Pailaqueo
Columnas de Opinión: Hasta Siempre Virginia Pailaqueo Este martes 17 de febrero del año en curso nos enteramos del lamentable fallecimiento de la Machi Virginia Pailaqueo Pinguén, quien, gracias al programa PESPI (Programa de salud de pueblos indígenas), desde el año 2018 a la fecha atendiera a las y los usuarios del CESFAM Valle de Los Libertadores de Putaendo, donde diagnosticaba y mejoraba diversas enfermedades con sus conocimientos de medicina ancestral mapuche, generando una cultura de medicina alternativa en la población de Putaendo y otras comunas del valle de Aconcagua. Virginia nació en Valparaíso en el antiguo hospital Doctor Enrique Deformes, un día 21 de mayo de 1954, siendo la mayor de seis hermanos. Su niñez la vivió en el cerro Ramaditas de Valparaíso y sus estudios los realizó en la escuela Parroquial Luis Felipe Salas y en el liceo Pedro Montt. A la edad de ocho años experimentaría 'cosas raras', tales como sueños premonitorios y pesadillas que recordaba con nitidez. Preguntó a sus padres el por qué le sucedía aquello y su padre le aseguró que había nacido con el don de Machi Mapuche. Debido a su corta edad la niña no le dio mayor importancia a lo que su padre le señalara y optaría por seguir una vida como cualquier adolescente: jugar y estudiar.
En esa época, su abuelo materno Francisco Ayala, le compró un equipamiento médico pensando que sería doctora, ya que a esa edad (10 años) Virginia trataba a sus amigos cuando se accidentaban: les preparaba ungüentos caseros para ayudarles y les recetaba tal o cual remedio para mejorarse. joven -de unos 17 añosy se En su juventud comenzaría a trabajar en distintas labores, aunque seguía atendiendo a los enfermos y sin mayor esfuerzo adivinaba lo que padecían, situación que le dio fama de sanadora. Virginia recetaba hierbas para quienes tenían problemas al estómago, a la sangre, a los riñones y a otros miembros de sus cuerpos enfermos. En esa época aceptó el don que poseía y años después viajaría a Temuco a presentarse ante una machi de nombre Lina. Después de un año lograría concretar un encuentro con ella. En dicha ocasión, mientras Lina le solicitaba su carnet de identidad, Virginia le dijo «Madre tanto tiempo que yo quería hablar con usted». Entonces la machi le respondió «Madre para ti no. Tú eres madre para mí, porque eres mayor que yo». Luego le dijo «Tú eres la machi perdida que hemos buscado por tantos soles y lunas. Tú debías haber venido con tu padre hace nueve años atrás.
Él vino con tu hermana menor a ver las tierras que le pertenecen». Entre otras cosas Lina le explicaría que ella era una «Machi Guarriachi», porque había nacido en la ciudad y no en el campo. De esa manera la reconoció ofreciendole iniciarla como machi.
El proceso de iniciación duraba alrededor de un año y el año 2019 Virginia se presentaría ante Lina para someterse al levantamiento de machi (donde se le reconocía como tal). La iniciación consistió en una especie de hospitalización que duró tres días. La primera noche la recostaron sobre una colchoneta e impregnaron su cuerpo con hojas calientes las cuales no quemaban. Entonces tuvo un sueño encontró ante una machi anciana, quien le hizo unas trenzas -para que los demonios quedasen atrapados en ellasy Virginia se tranquilizara. La segunda noche tuvo otro sueño: estaba en el suelo, había mucho pasto y más abajo pasaba un pequeño riachuelo. Divisó casas humildes apiladas unas a otras y mucha gente danzaba a su alrededor: cantaban alabanzas en un idioma desconocido. El tercer día, para terminar el levantamiento de machi, la recostaron sobre un colchón cubriéndola con hojas tibias y húmedas. En esa ocasión no soñó, aunque estuvo en compañía de varios machis que danzaban a su alrededor. Entre ellos había dos machis de edad avanzada que nadie supo de dónde venían, aunque podría tratarse de espíritus que, de vidas pasadas, acudían ahora a acompañarla. El año 1985, Virginia tuvo una premonición a través de sus sueños, en ellos veía un gran terremoto que azotaba al país. Entonces les dijo a sus familiares y vecinos que debían estar preparados y comprasen velas, fósforos y víveres. Ellos, fieles a las palabras de Virginia, siguieron al pie de letra sus consejos.
A las dos semanas después efectivamente ocurrió el terremoto (marzo de 1985). En esta sencilla columna, en honor a Virginia, dejamos sus sabias palabras: «Todas las enfermedades nacen de nuestra alma cuando está en estado de abandono.
Todo sufrimiento se debe a que nuestro espíritu no está bien alimentado y al sentirse abandonado, él enferma a su hermano más próximo: el cuermediante el cual se veía muy po». Autor: Marco López Aballay, Escritor culturadiaguita@gmail.com.