Editorial: Las tomas como refugio criminal
Editorial: Las tomas como refugio criminal I reciente operativo en el campamento "Dignidad" de Francke ha revelado una realidad alarmante: las tomas ilegales en Osorno ya no son solo un problema habitacional, sino el centro operativo de E bandas criminales transnacionales. La incautación de más de $461 millones en drogas y la detención de ciudadanos extranjeros en situación irregular confirman que estos asentamientos están siendo instrumentalizados para el tráfico y el control territorial. A este caso se agrega la detención esta semana de un adulto mayor de 64 años que junto a su pareja vendían drogas en la toma ilegal "Santa María", en Osorno. En total se les incautó más de un kilo de cocaína y municiones. Lo más grave es el nexo directo entre estas ocupaciones y la violencia extrema. El homicidio del carpintero Abel Aravena, acribillado con nueve disparos, evidencia una dinámica de sicariato y disputas territoriales que Osorno no conocía.
Según la Fiscalía, el crimen fue coordinado e incluso celebrado por delincuentes que ven en la falta de control estatal una oportunidad para imponer su propia ley, llegando al extremo de jactarse del asesinato del "chileno" a través de videos y mensajes. La sofisticación de estas organizaciones quedó en evidencia al descubrirse que utilizaban vehículos arrendados para trasladar cocaína base de alta pureza desde la Región Metropolitana hasta el sur del país. Una vez en la toma de Francke, la sustancia era adulterada para aumentar su volumen y maximizar las ganancias.
Esta logística demuestra que los campamentos no son puntos aislados de venta, sino eslabones críticos en una cadena de suministro de narcóticos que cuenta con redes de contacto incluso dentro de los recintos penitenciarios de la capital. La estructura de las tomas -sin urbanización ni registros oficialesfunciona como un escudo para el acopio de armas y sustancias. Mientras el Estado no recupere la soberanía sobre estos terrenos, la delincuencia seguirá echando raíces en la precariedad y el anonimato que brindan las identidades falsas y la irregularidad migratoria. No se trata de criminalizar la pobreza, sino de evitar que la ilegalidad del suelo sea el disfraz perfecto para el narcotráfico y la muerte. Osorno no puede permitir que sus barrios se conviertan en zonas de "no derecho".. Los campamentos en Osorno ya no son sólo un problema habitacional, sino el centro operativo de peligrosas bandas criminales. E Editorial