Editorial: Lula versus Flávio
Editorial: Lula versus Flávio Hasta diciembre, cuando el senador recibió el espaldarazo de su padre, Jair Bolsonaro, y del Partido Liberal, los sondeos mostraban un panorama confuso en la oposición, con varios aspirantes, entre ellos el gobernador de So Paulo, Tarcísio de Freitas, como posibles contendientes.
Ahora, el camino parece despejado para Flávio, al menos en su sector, porque enfrentarse a Lula, fogueado en las luchas políticas y capaz de utilizar muchos recursos comunicacionales para mejorar la llegada a sus electores, en un Brasil muy polarizado, con agudos problemas económicos y enfrentando un entorno internacional convulsionado, no será fácil.
Lula ha hecho de las relaciones con Estados Unidos y con Donald Trump un punto importante de su política desde que ese país impusiera aranceles del 50 por ciento a ciertas exportaciones brasileñas después de que los tribunales condenaran al expresidente Bolsonaro a 27 años de cárcel. Lula exige respeto a la soberanía de su país y defiende la independencia de la justicia brasileña.
Más tarde Trump revirtió la decisión de los aranceles, dejando solo las tarifas base, pero las relaciones siguen siendo tensas, con Lula criticando la intervención en Venezuela para capturar a Nicolás Maduro, y después suspendiendo su anunciada visita a Washington por la guerra en Irán. Lula no aceptó integrar el Directorio de la Paz para Gaza, y tampoco participó en la reciente cumbre Escudo de las Américas, donde se discutió una estrategia regional contra el narcotráfico. Trump dice que lo invitó a Miami, pero no está confirmado que así lo hiciera. Al menos Gustavo Petro, de Colombia, dijo que ni a él ni a Lula ni a Claudia Sheinbaum los habían convidado. En Chile, decepcionó que no haya venido al cambio de mando por razones de “agenda”, pero se dice que en realidad fue por la presencia de Flávio Bolsonaro en las ceremonias. Para Lula es conveniente mantener distancia con Trump para energizar a su base de izquierda que lo considera un representante activo del imperialismo norteamericano. Su estrategia ha Preocupación por el frente interno La política exterior no es carta segura para una reelección, por lo que Lula debe preocuparse del frente interno, y ahí hay variados problemas. Si bien la inflación y el desempleo han sido moderados, la economía tiene signos de complicaciones, que se agudizarán probablemente con los efectos de la guerra en Irán.
El crecimiento ha sido bajo, y con un estimado de 2,3 por ciento del PIB para este año, pero lo que más complica a los expertos es una crisis fiscal en ciernes, con una deuda muy alta y tasas de interés que rondan el 10 por ciento. “No estamos en la UTI, pero vamos para allá”, dijo un expresidente del Banco Central brasileño. Los especialistas culpan al extendido programa de ayudas sociales, y a la “generosidad” de Lula en ese aspecto, pero el combate a la pobreza ha sido un sello de los gobiernos de Lula. Para los brasileños, las principales preocupaciones son la economía y la seguridad; por eso, el combate al crimen organizado es uno de los temas que complican al gobierno. También el tema de la corrupción, que después de Lava Jato quedó en evidencia que era transversal a los partidos políticos y a la sociedad.
La confianza pública es baja, y por estos días, el caso de un grave fraude financiero tiene no solo a políticos, sino también a jueces de la Corte Suprema en el ojo mediático, y en el caso de Lula, complicado por las acusaciones contra su hijo Fabio Luis en un fraude previsional. Flávio Bolsonaro aprovecha estas circunstancias para ir con todo contra Lula.
Hace unos días encabezó una marcha contra el gobierno cuyo eslosido siempre buscar relevar el papel de Brasil tanto en el entorno regional como mundial, con su participación en el grupo de los BRICS, donde junto a Rusia, India, China y Sudáfrica pretende cambiar las normas del sistema internacional para dar más protagonismo a los países del llamado “Sur global”. La guerra de Ucrania complicó el trabajo de este grupo, pero Lula sigue coordinando sus acciones con ellos, como quedó en evidencia en su reciente reunión con el Presidente sudafricano, Cyril Ramaphosa, en Brasil.
En ese encuentro, Lula destacó la importancia de la cooperación estratégica entre esos países, advirtiendo que deben “preparar sus defensas”, porque, al no tener armas nucleares, dijo, son vulnerables a “que cualquier día puedan ser invadidos”. En el marco regional, Lula es un aliado visible de Colombia con Petro se reunió hace pocos días, y de México la Presidenta mexicana visitará Brasil en junio, los tres países que mantuvieron las mejores relaciones con el dictador Maduro. gan era “despierta Brasil”, con lo que quería remecer a los electores para acercarlos a su opción.
Los seguidores de su padre son fieles a su candidatura, pero es probable que enfrente una fuerte campaña en su contra por algunos casos judiciales en los que estuvo acusado de enriquecimiento ilícito cuando era diputado por Río de Janeiro, que terminaron en nada luego de que el tribunal rechazara iniciar el juicio pedido por la fiscalía. Para ganar la elección, Lula y Bolsonaro deberán conquistar a los independientes, y disminuir los porcentajes de rechazo que para ambos son muy altos, superando el 55 por ciento. Pero el Presidente está más complicado, ya que el 51 por ciento desaprueba su gestión.
Será una larga e interesante campaña electoral.. La campaña presidencial en Brasil no comienza todavía, pero la encuestas ya adelantan lo reñida que será la competencia entre Lula da Silva y Flávio Bolsonaro, hijo del expresidente encarcelado, quienes estarían empatados en la intención de votos para octubre. Es temprano para pronósticos, porque en estos meses todo puede cambiar. ENFOQUES INTERNACIONALES