EDITORIAL: GEC 2026: MÁS DE LO MISMO EN EL AIRE
EDITORIAL: GEC 2026: MÁS DE LO MISMO EN EL AIRE on el inicio de una nueva temporada de Gestión de Episodios Críticos (GEC, el diagnóstico parece repetirse con preocupante precisión: tenemos, en lo esencial, más de lo mismo. Un calendario conocido, medidas ya aplicadas en años anteriores y un despliegue comunicacional que, una vez más, parece insuficiente para el desafío que se pretende abordar. El lanzamiento oficial, acompañado de actividades simbólicas en un colegio, refleja una intención correcta: instalar el tema en la comunidad. Sin embargo, un punto de prensa y actos protocolares no constituyen una estrategia de comunicación efectiva. La contaminación atmosférica no se combate solo con anuncios, sino con campañas sostenidas, segmentadas y capaces de modificar conductas. Hoy, ese esfuerzo simplemente no se ve. A ello se suma un problema aún más complejo: la fiscalización.
Porque si bien la normativa establece restricciones claras --especialmente en torno al uso de calefactores a leña--, en la práctica la percepción ciudadana es que estas medidas operan más como un llamado a la conciencia que como una prohibición real. Sin presencia suficiente en terreno ni mecanismos visibles de control, el cumplimiento queda sujeto a la voluntad individual, debilitando cualquier política pública que aspire a generar cambios estructurales. Es humanamente imposible que los pocos fiscalizadores de salud que hay en la región puedan abordar además esta fiscalización. Este punto no es menor. La experiencia de años anteriores ya ha demostrado que sin fiscalización efectiva, las medidas pierden legitimidad y eficacia. No basta con prohibir; hay que hacer cumplir, y en ese aspecto, la GEC sigue mostrando una debilidad evidente. Pero incluso si la fiscalización mejorara, el problema de fondo seguiría intacto: la ausencia de un cambio cultural profundo. Y ese cambio no se decreta. Se construye a través de educación ambiental sostenida, desde la escuela hasta la vida cotidiana, generando conciencia real sobre el impacto de nuestras decisiones. En ese ámbito, el esfuerzo sigue siendo fragmentado y, muchas veces, más declarativo que concreto. Alo anterior se suma una crítica que este medio ha planteado en reiteradas ocasiones: la falta de datos robustos, accesibles y oportunos para la toma de decisiones. Sin información clara sobre niveles de contaminación, fuentes emisoras, cumplimiento de medidas y resultados concretos, cualquier evaluación de la política pública queda incompleta. La transparencia en la data no es un lujo técnico, sino una condición básica para diseñar mejores estrategias y para generar confianza en la ciudadanía. en consecuencia. Además especialmente este año emerge una realidad incómoda: para miles de familias, la leña no es una opción, sino una necesidad.
En un escenario donde la parafina y el gas enfrentan alzas de precio, y donde las cuentas de la electricidad continúan presionando los presupuestos domésticos, pedir que se abandone el uso de leña sin ofrecer alternativas viables resulta, simplemente, desconectado de la realidad. Por lo mismo, si el Estado quiere avanzar en serio, debe pasar de la restricción a la solución. Esto implica fortalecer --y ampliarprogramas de recambio de calefactores, subsidiar energías más limpias, mejorar la aislación térmica de las viviendas y focalizar ayudas en los sectores más vulnerables. También requiere innovar en instrumentos que permitan reducir el costo de energías menos contaminantes, especialmente durante los meses de invierno. Se requiere una política más integral, con mejor comunicación, mayor fiscalización, educación efectiva, datos transparentes y, sobre todo, apoyo concreto a quienes hoy no tienen alternativas. Hoy nos enfrentamos simplemente a más de lo mismo. Luis Fernando González V. Sub Director..