Editorial: A esconderse, que salpica el barro
Editorial: A esconderse, que salpica el barro ay escándalos que indignan. Y hay escándalos que avergüenzan.
El caso del doctor Aldo Ibani Chamorro, hasta ayer seremi de Salud de la Región de Valparaíso, pertenece a la segunda categoría, porque no es solo la H caída de un funcionario cuestionado, sino el retrato más descarnado de cómo se reparten los cargos públicos en Chile: con criterio político, sin due diligence, y con total desprecio por la ciudadanía que tendrá que pagar las consecuencias. ¿ Nadie le preguntó al Colegio Médico si lo conocían? Las acusaciones que circularon estos días en redes sociales -ejercicio ilegal de la odontología, deudas impagas con arrendadores y trabajadores, abandono de pacientes a mitad de carrerano surgieron de la nada ni fueron inventadas por adversarios políticos. Surgieron de personas que dicen haberlo vivido en carne propia.
Y la pregunta que nadie en el Gobierno ha querido responder con claridad es una sola: ¿ alguien hizo la tarea antes de nombrarlo? ¿ El Segundo Piso al menos habrá gastado 5 minutos en googlearlo? Porque si la respuesta es sí, el escándalo es aún mayor. Significaría que sabían y lo nombraron igual. Y si la respuesta es no, estamos ante una negligencia imperdonable en un cargo que tiene bajo su responsabilidad la salud pública de más de un millón ochocientas mil personas. Ibani, en su carta de renuncia, dice sentirse víctima de una "funa basada en mentiras" y anuncia acciones legales. Tiene todo el derecho de ejercerlas.
Pero lo que no puede borrar con frases elegantes ni con su título de médico cirujano es la pregunta de fondo: ¿ cómo llegó hasta ahí? La respuesta es sencilla: por simple, ordinario y tercermundista cuoteo político para la UDI local, además de un delegado presidencial regional sin carácter ni capacidades.
El resultado lo vemos hoy: un seremi que dura menos de lo que tardó en acomodarse en su silla, un Ministerio de Salud que acepta la renuncia con un poco prolijo comunicado institucional (ni siquiera fueron capaces de justificar el segundo párrafo), y una Delegación Presidencial Regional que, fiel a su costumbre, brilla por su ausencia. Porque eso también hay que decirlo. El delegado presidencial de Valparaíso ha convertido el perfil bajo en una filosofía de gestión. Mientras la región acumula problemas (seguridad, salud, reconstrucción tras incendios, conectividad), la Delegación parece existir principalmente para publicar comunicados (borrarlos) y aparecer en fotos protocolares.
Dar la cara cuando el barro salpica no está en su agenda.. La caída del seremi de Salud es el costo del cuoteo político, del ninguneo sistemático y de una DPR que, sencillamente, ya no fue. E Editorial