40 Años limpiando la ciudad sin hacer ruido
40 Años limpiando la ciudad sin hacer ruido A veces los héroes no llevan capa, sino guantes, botas y uniforme de trabajo. Germán Vargas Améstica lo sabe bien.
Desde muy joven, cuando apenas tenía 13 años, comenzó a recorrer las calles de San Antonio arriba de un camión recolector, impulsado por una necesidad urgente: ayudar a su familia. "Llegué a los 13 años por necesidad de ayudar a mis padres y desde ahí jamás me salí", cuenta con la tranquilidad de quien ha hecho de su oficio una forma de vida. Su jornada no tiene un solo punto fijo.
Día a día, Germán recorre distintos sectores de la comuna, cumpliendo labores de aseo domiciliario y recolección de residuos orgánicos, en un trabajo que exige constancia y resistencia. 'Hago recorrido por disSERVICIO KS tintos sectores de San Antonio", explica, resumiendo una rutina que, aunque puede parecer repetitiva, cambia constantemente según el ritmo de la ciudad. Sobre su día a día, lo describe con sencillez: "Es un día tranquilo, a veces pesado, pero siempre es agraA ST dable y grato". En la calle, Germán ha conocido todo tipo de realidades. Sin embargo, destaca que, en general, el trato de las personas ha sido respetuoso. "Hay de todo tipo de personas, pero siempre tienen un buen trato hacia mí", señala.
También guarda recuerdos que lo acompañan con especial cariño. "Sí, sobre todo en fechas especiales, como Navidad", dice, en referencia a los gestos de la comunidad que rompen la rutina y dan sentido a su labor. Aun así, reconoce una deuda pendiente: el reconocimiento social. "No muchas veces", responde cuando se le pregunta si siente que su trabajo es valorado.
UN LLAMADO ALA CONCIENCIA Desde su experiencia, también hace un llamado claro a la comunidad. "Que tengan cuidado al botar residuos como vidrios, jeringas y cosas que puedan ocasionar un accidente", advierte, poniendo sobre la mesa uno de los riesgos más invisibilizados de su trabajo.
En el marco del Día del Trabajador, su reflexión es que "valoren el trabajo que uno realiza". Y aunque no busca protagonismo, hay algo que le da sentido a cada jornada. "Me hace sentir orgullo saber que cumplo con mi trabajo y ayudo a mantener limpia nuestra ciudad", afirma. La historia de Germán Vargas no es excepcional, pero sí esencial. Es la historia de miles de trabajadores que, en silencio, sostienen el funcionamiento de una ciudad. Sin reflectores, pero con una convicción que se mantiene intacta con el paso de los años.. Desde los 13 años recorre las calles de San Antonio como recolector de residuos. Su historia refleja esfuerzo, constancia y un trabajo que pocas veces recibe el reconocimiento que merece.