Posgrados en Chile: crecimiento sostenido, nuevos perfiles y desafíos estratégicos
Posgrados en Chile: crecimiento sostenido, nuevos perfiles y desafíos estratégicos El sistema de posgrados en Chile ha experimentado un crecimiento sostenido en la última década, consolidándose como un componente relevante del sistema de educación superior y como una herramienta clave para el desarrollo de capital humano avanzado. De acuerdo con cifras de la Subsecretaría de Educación Superior, en 2025 la matrícula total de posgrado llegó a 54.696 personas, lo que representa un alza cercana a 14,9% respecto de 2016.
De ese total, los programas de magíster concentran el 85,3% de la matrícula, con 46.646 estudiantes, mientras que los doctorados reúnen a 8.050 personas (14,7% del total). No obstante, los doctorados muestran un crecimiento en torno al 45% entre 2016 y 2025, muy por sobre el aumento de cerca de 11% de los magísteres en el mismo período. FOCOS DIVERSOS Esta evolución refleja orientaciones diferenciadas dentro del sistema, las que también se observan en el tipo de institución que imparte estos programas.
“Mientras casi la mitad de la matrícula de programas de magíster se concentra en universidades privadas no tradicionales (50%), la matrícula en programas de doctorado corresponde mayoritariamente a universidades privadas del Consejo de Rectoras y Rectores de las Universidades Chilenas (CRUCH, 49%) y a universidades estatales del CRUCH (38%). Asimismo, los doctorados tienden a dictarse en jornada diurna (93% de la matrícula), consistente con una dedicación a tiempo completo.
En los magísteres se observa mayor flexibilidad: los planes a distancia y semipresenciales han aumentado hasta representar el 46% de su matrícula total, “lo que es coherente con la necesidad de conciliar la formación profesional con el trabajo y la vida familiar”, explica la subsecretaría. El perfil del estudiante de posgrado también ha cambiado.
Según los datos oficiales, el 49% de las personas matriculadas tiene 35 años o más, mientras que solo el 28% es menor de 30 años, lo que evidencia trayectorias formativas más largas y una mayor presencia de experiencia laboral previa.
En términos de áreas del conocimiento, los doctorados concentran su matrícula en Ciencias Básicas (32%) y Tecnología (23%), en tanto que los magísteres se orientan mayoritariamente a Administración y Comercio (28%) y Educación (18%). Estas cifras reflejan, según la subsecretaría, “un mayor énfasis en el desarrollo profesional y la actualización de competencias en los magísteres, y un énfasis en la investigación y la generación de conocimiento en los doctorados”. RETOS ESTRUCTURALES Pese al crecimiento, el sistema enfrenta desafíos estructurales. En la comparación internacional, Chile presenta una baja continuidad hacia niveles avanzados de formación. Según datos citados por la autoridad, solo el 2% de los adultos jóvenes entre 25 y 34 años alcanza estudios de maestría, frente a un 17% promedio en la OCDE.
KIPERF Respecto de los programas de doctorado, el Consejo Asesor de la Estrategia de Desarrollo de la Educación Superior ha enfatizado la importancia de lograr un mayor reconocimiento del rol estratégico de los doctorados nacionales para la generación de conocimiento, la formación de capacidades y el desarrollo sostenible del país.
A ello se agregan distintos instrumentos de planificación y política pública, a nivel nacional y sectorial, que destacan la necesidad de una mayor formación de las capacidades técnicas y profesionales como parte de los desafíos para el desarrollo sostenible del país, lo cual se vincula directamente con el fortalecimiento de un ecosistema nacional de posgrado. SECTORES PRIORITARIOS Respecto de las áreas o desafíos por priorizar, existen distintos ámbitos y dimensiones según los instrumentos o políticas considerados.
Por ejemplo, el Programa Desarrollo Productivo Sostenible declara prioritarios cuatro objetivos temáticos: descarbonización justa de los sectores productivos; resiliencia de estos a la triple crisis ambiental; sofisticación y diversificación productiva sostenible, y Estado innovador y capacidades habilitantes para el desarrollo productivo sostenible.
Además, existen políticas y estrategias sectoriales que aluden a la formación de habilidades específicas avanzadas, como la Política Nacional de Inteligencia Artificial (2024), la Estrategia Nacional de Biotecnología 2025-2035 y la Estrategia Nacional de Tecnologías Cuánticas 2025-2035.
En el ámbito socioproductivo se cuentan también la Estrategia Nacional de Hidrógeno Verde (2020) y la Estrategia Nacional del Litio (2025), cuyo desarrollo requiere la formación de capacidades, desarrollo de competencias e investigación, en lo cual las universidades, institutos tecnológicos y de investigación juegan un rol único.
PRÓXIMA DÉCADA Mirando hacia los próximos diez años, el desafío es crecer en matrícula y consolidar un ecosistema de posgrados “capaz de responder de manera efectiva a las necesidades de desarrollo del país”, afirman desde la subsecretaría.
Según la Estrategia de Desarrollo de la Educación Superior en Chile 2026-2038, uno de los retos es impulsar la proyección regional e internacional del posgrado, que produzca capacidades para responder a los desafíos prioritarios del país, América Latina y el mundo.
Asimismo, desde la autoridad apuntará a “una mayor articulación entre el posgrado y el sistema de Ciencia, Tecnología, Conocimiento e Innovación, con foco en áreas estratégicas y en aquellas donde el país tiene ventajas comparativas, siempre resguardando la autonomía de las universidades”, destaca la subsecretaría.
Este trabajo busca también diversificar los programas de magíster, “fortaleciendo su carácter aplicado, profesional, industrial y tecnológico, y avanzar en una colaboración efectiva entre instituciones de educación superior, sector productivo y Estado, para formar capacidades que respondan a los desafíos sociales y productivos de mediano y largo plazo”, puntualiza la autoridad.. Con más de 54 mil estudiantes matriculados, este ámbito muestra una expansión constante, cambios en sus estudiantes y una creciente presión por responder a las necesidades productivas, científicas y sociales del país. En general, los alumnos de magísteres apuntan al desarrollo profesional y la actualización de competencias, mientras que los doctorados enfatizan la investigación y generación de conocimiento.