Autor: CARLOS PEÑA
Columnas de Opinión: No, no es la economía el problema
Columnas de Opinión: No, no es la economía el problema La escasez de palabras y de ideas (suelen ir juntas, según sugiere Wittgenstein) produce abundancia de gestos mudos con los que se intenta llenar el silencio. Es lo que suele ocurrir a una persona cualquiera cuando algo la deja estupefacta.
Entonces, no sabiendo qué decir, o pensar, se encoge de hombros, levanta las cejas y gira la cabeza levemente hacia atrás, o sonríe, o pronuncia una frase hecha, o intenta hacer una broma o, lo que es peor, culpa a alguien de lo que no entiende. ¿A qué viene esa obviedad? Bueno, viene a propósito de lo que ocurre al Gobierno.
Uno de los rasgos del Presidente Kast subrayarlo molesta a sus adláteres, pero, en fin, no sería honesto callarlo es que, por timidez o lo que fuere, el Presidente no logra expresar las orientaciones finales, los propósitos, que persigue el Gobierno. Frases genéricas, apelaciones a la buena voluntad y cosas así, el tipo de cosas que hasta ahora profiere el Presidente, no alcanzan, desgraciadamente, a ser razones para orientar la conducta.
Y el resultado de ello es que entonces la única persona que parece tener un mapa de problemas en la cabeza y una idea, equivocada o no acerca de cómo remediarlos, es el ministro Jorge Quiroz.
Casi como para decir de él lo que González dijo alguna vez de Fraga: es el único que parece llevar al Estado en la cabeza (aunque lo lleva, habría que agregar de paso, para reducirlo). La consecuencia es entonces que el Gobierno acaba girando en torno a las cuentas de esto o de aquello y sin que nadie se entere con claridad de las razones subyacentes.
O, lo que es peor, en medio de la predominancia del ministro Quiroz, afloran personalidades agresivas que se le resisten de mala forma, como la del ministro Iván Poduje, quien parece empeñado en poner su lenguaje a la altura de su aspecto amenazante y a veces parece no distinguir la escena gubernamental de un programa de polémicas televisivas (y arriesga olvidar que la gente aplaude sus excesos no porque los encuentre virtuosos, sino simplemente porque son entretenidos); u otras como la del ministro García Ruminot que intenta, inútilmente hasta ahora, con una modosidad algo exagerada, de edulcorarlo todo; o la del ministro Alvarado, que muestra más habilidades de operador político que de conductor del gabinete; o, en fin, la de la ministra Steinert, quien a pesar de ocupar el ministerio más cercano a las expectativas desatadas por el Presidente Kast, no logra desprenderse de su rol de fiscal, de manera que sigue estando sin ejecutar la tarea de pensar estratégicamente las cuestiones de seguridad.
En medio de ese panorama, y siendo Quiroz el único que parece tener la cabeza amoblada cuando de los problemas generales se trata (con buenos o malos muebles, ya se verá), ¿habría acaso que aceptar que el programa de reducciones del gasto sea el centro del Gobierno, remediando con cifras y con recortes la mudez que hasta ahora lleva? Un breve rodeo en la historia de las ideas ayuda a responder la pregunta. El año 1894, Max Weber asume una cátedra de economía en Friburgo.
Entonces pronuncia un famoso discurso que, es seguro, los integrantes del gabinete deben haber leído (¿ o no?). Se trata de “El Estado nacional y la política alemana”. En ese discurso, Weber (a quien no se le podría llamar octubrista, ni radical, ni ninguna de esas cosas a las que hoy se reducen asuntos complejos) recuerda que la economía “como una ciencia analítica y explicatoria, es internacional; pero tan pronto como la economía expresa valores, se encuentra limitada por la sustancia de nuestra vida como nación”. Weber piensa que la economía debe subordinarse a la razón de Estado (cuando emite el discurso, Prusia está amenazada por la migración del este) y eso, hoy, puede ser considerado una exageración. Pero hay algo en sus palabras a lo que un gobierno de derecha o cualquier otro debe atender. En un Estado democrático, siempre y en todo caso, la economía es economía política, es decir, está entrelazada con valores y principios cuya prosecución orienta y legitima a los gobiernos. Pero para que ello ocurra hay que ser capaz de explicitar cuáles son esos valores y esos principios que han de orientar el quehacer colectivo.
Y no repitan, por favor, que lo que legitima todo es la tasa de empleo, porque ello querría decir que el problema, acerca del que Weber llama tempranamente la atención, y que tiene desorientado al Gobierno, y a la derecha, no se acaba de entender. n El ministro Quiroz parece ser el único en el Gobierno que tiene la cabeza amoblada cuando de los problemas generales se trata. El problema es que sin orientaciones de parte del Presidente (orientaciones sustantivas, no frases corrientes) la mera economía no alcanza. Autor: CARLOS PEÑA. OPINIÓN El ministro Quiroz parece ser el único en el Gobierno que tiene la cabeza amoblada cuando de los problemas generales se trata. El problema es que sin orientaciones de parte del Presidente (orientaciones sustantivas, no frases corrientes) la mera economía no alcanza.