Columnas de Opinión: Convivir para coexistir
Columnas de Opinión: Convivir para coexistir Hoy, con la urgencia mediática ya desplazada por otras noticias, quedan las preguntas: ¿ qué aprendemos de la tragedia de enero en la región del Biobío y Nuble, y cómo seguimos conviviendo con un territorio que puede arder cada verano? Aprender a convivir puede parecer que debemos resignarnos. Más bien significa reconocer que la prevención no se decreta sólo desde oficinas técnicas, sino que se construye con monitoreo local, educación ambiental, y diálogo entre ciencia, comunidades y tomadores de decisiones. Significa entender que las experiencias locales, con la academia y el estado no compiten: se complementan. La ciencia participativa, esa que involucra a la gente, pero desde la colaboración o creación de ideas y preguntas científicas, ofrece una oportunidad real para cambiar el relato. No se trata únicamente de contabilizar hectáreas quemadas o pérdidas económicas, sino de fortalecer capacidades locales, generar alertas tempranas comunitarias y reconstruir vínculos entre personas y el territorio que cohabitamos. Lassoluciones no son mágicas, pero algunas ya existen. Desde las regiones están emergiendo herramientas concretas a raíz de previos incendios en otros sectores de las región del Biobío, con excelentes resultados que fortalecen la autonomía de las comunidades. Ya no son sólo las universidades las que proponen soluciones. Iniciativas relacionadas a restauración ecológica y/o el pastoreo estratégico, entre otras, impulsado por organizaciones de la región del Biobío demuestran que es posible reducir el riesgo de incendios integrando prácticas productivas, ecológicas y sociales. Estas propuestas locales son alentadoras para quienes habitamos en estas regiones, pero deben ser abordadas desde escalas más grandes. Pongamos atención a estas experiencias, demos el espacio que merecen para coexistir en las mismas cuencas. Se conoce que los incendios forestales responden a tres factores: temperatura, oxígeno (viento) y combustible. De ellos, el único que podemos gestionar directamente como sociedad es el combustible. Y ahí se abre una oportunidad que rara vez se discute: transformar un problema en una palanca de desarrollo regional.
Por ejemplo, la reducción de la carga combustible mediante ganadería regenerativa, y otras prácticas territoriales no solo disminuye el riesgo de incendios, sino que permite agregar valor a los productos locales, diversificar economías rurales y recuperar una relación másequilibrada entre animales, paisaje y comunidad. Por otra parte, así como en Chile dejamos de usar bolsas plásticas, por un acuerdo social respaldado por políticas públicas, la gestión del combustible vegetal debiera transformarse en una práctica compartida con difusión nacional. Cortar la vegetación seca y reducir la carga combustible alrededor de viviendas, caminos, campos rurales con plantaciones forestales no debe ser una recomendación estacional: debe convertirse en una costumbre, asumida de manera colectiva y pública. Casi un mes después, el fuego ya no ocupa titulares, pero sigue marcando la vida de miles de personas. Si algo nos deja esta tragedia es una certeza incómoda: solo a través de aprendizaje colectivo podremos evitar que historias como esta se repitan. DRA.
MARIELA YEVENES Laboratorio de Agua y Ciencia Ciudadana, Facultad de Ciencias Ambientales, Universidad de Concepción ROCÍO CRUCES Profesora de Ciencias Naturales Bosques de Chacay Se conoce que los incendios forestales responden a tres factores: temperatura, oxígeno (viento) y combustible. De ellos, el único que podemos gestionar directamente como sociedad es el combustible.. Opinión Se conoce que los incendios forestales responden a tres factores: temperatura, oxígeno (viento) y combustible. De ellos, el único que podemos gestionar directamente como sociedad es el combustible.