Editorial: El error fiscal de Hacienda y el déficit oculto
Editorial: El error fiscal de Hacienda y el déficit oculto El reciente error de cálculo del Ministerio de Hacienda, que reveló un déficit fiscal mayor al proyectado y una omisión significativa en la deuda pública, constituye un golpe directo a la confianza en la gestión económica del país. La transparencia en las cuentas fiscales es un pilar fundamental para sostener la credibilidad internacional y la estabilidad interna, y cualquier inconsistencia mina la percepción de rigor técnico que históricamente ha caracterizado a Chile. Este episodio no solo expone una falla en las proyecciones, sino también una fragilidad institucional que debe ser atendida con urgencia. La ciudadanía y los mercados necesitan certezas, no estimaciones que luego se corrigen con impactos significativos en el gasto y la deuda. La credibilidad de las instituciones económicas depende de la capacidad de entregar información clara, precisa y confiable.
Más allá de lo técnico, el error abre un debate político y ciudadano: ¿ se trató de una falla metodológica inevitable o de una decisión administrativa para suavizar las cifras? La respuesta es crucial, pues la confianza en las instituciones depende de la certeza de que las proyecciones fiscales reflejan la realidad y no un cálculo acomodado. En este sentido, la rendición de cuentas y la fiscalización parlamentaria adquieren un rol central para evitar que errores de esta magnitud se repitan.
El impacto económico tampoco es menor: un déficit más alto y una deuda que superará el 45% del PIB antes de 2030 pueden encarecer el financiamiento externo, presionar el gasto social y poner en riesgo la clasificación crediticia del país. Este error debe transformarse en una oportunidad para fortalecer los mecanismos de control, mejorar la calidad de las proyecciones y reafirmar el compromiso con la disciplina fiscal. La lección es clara: sin transparencia y rigor, no hay credibilidad; y sin credibilidad, no hay estabilidad.
Chile debe recuperar la confianza perdida y garantizar que la política económica siga siendo un motor de desarrollo y estabilidad, no una fuente de incertidumbre.. “Un tropiezo que pone en duda la transparencia y la credibilidad económica del país”.