Las desigualdades económicas de Cuba se están agrandando
Las desigualdades económicas de Cuba se están agrandando Cuando por fin parpadean y se encienden las luces de la gasolinera Los Pinos, se eleva un aplauso tenue y cansado entre quienes están reunidos en el parque cercano. En esta parte de Matanzas, a 100 km al este de La Habana, la capital, no ha habido electricidad durante un día completo. La oscuridad cayó hace horas. El primero de quizá 100 autos había llegado varias horas antes que eso. Muchos conductores se fueron al parque, siguiendo un método de fila de autos peculiarmente cubano. Espere donde quiera, pero memorice la cara, el nombre o la patente de la persona que está delante y detrás de usted. Aun así, nadie se atreve a alejarse del sector. El premio es demasiado grande. Los Pinos es una de las 30 estaciones estatales de la isla que tienen combustible de forma regular, cuando hay electricidad para hacer funcionar los surtidores.
Ofrece un ejemplo de las divisiones que se están profundizando en Cuba a medida que se hace sentir el embargo petrolero que impuso Estados Unidos en enero y el Estado retrocede: divisiones entre la diáspora visitante y los locales; entre el mundo rural y el urbano; entre quienes reciben y no reciben remesas desde el extranjero; entre los operadores de negocios privados relat i v a m e n t e n u e v o s y l o s trabajadores estatales. La red de gasolineras que incluye a Los Pinos solo puede ser utilizada por autos de arriendo, que pueden cargar apenas 20 litros por visita. Los pagos, en dólares al tipo de cambio gubernamental de US$ 1,30 por litro, deben hacerse con tarjetas de crédito emitidas en el extranjero o con tarjetas cubanas prepagadas. Los dueños particulares pueden, en principio, usar una aplicación del gobierno para reservar en otros lugares, pero eso es, en la práctica, una lotería con escasas probabilidades y esperas aún más largas. Aunque los cubanos pudieran simplemente pasar por Los Pinos a llenar el estanque, para muchos los precios serían desorbitados. Los datos oficiales, posiblemente maquillados, sugieren que el salario promedio de un traDERECHOSEXCLUSIVOS bajador estatal es de 6.500 pesos mensuales. Al tipo de cambio no oficial de uso más común, eso equivale a unos US$ 15.
El peso se ha de pre c iado c o n fuerza frente al dólar en los últimos meses, reduciendo una brecha que antes era enorme entre el tipo de cambio oficial y el no oficial. A fines del mes pasado, los precios de la bencina en el mercado negro saltaron desde unos 2.000 pesos por litro hasta, EFE en algunos lugares, 6.000. Esa oportunidad de arbitraje era visible en Los Pinos. Dos conductores, trabajando coordinadamente, habían arrendado un auto; uno cargaba 20 litros allí y el otro en una estación vecina. La reventa posterior les dejaba una ganancia diaria de US$ 180. Un día después de la visita de este corresponsal, el gobierno cerró esa vía: los autos de arriendo quedaron restringidos a no residentes. Los cortes de electricidad se están volviendo más largos e impredecibles, sobre todo en las provincias centrales y orientales de Cuba. Hay una enorme variación entre pueblos y zonas rurales, e incluso a veces dentro de áreas urbanas: desde casi nada de electricidad hasta un suministro confiable durante buena parte del día. Quienes tienen la suerte de vivir cerca de un hospital, una base militar o una estación de bombeo de agua son los que mejor resisten. Mucha gente cocina ahora con carbón y hay un comercio activo de cocinillas de fierro improvisadas. En el oriente de Cuba, los sacos de carbón se venden por 1.300 pesos. Pero ¿ qué cocinar? Nadie puede depender solo de la libreta de racionamiento estatal. Las raciones de carne y pescado comenzaron a desaparecer en 2023.
Los productos disponibles con regularidad se limitan a dos libras de arroz por persona, una libra de azúcar, un pequeño pan al día y cuatro cajetillas de cigarrillos sin filtro que muchos venden en el mercado negro. El aceite de cocina, antes fuertemente subsidiado, hoy se obtiene en su mayor parte en negocios privados autorizados. En zonas apartadas del oriente, puede llegar a US$ 5 por litro, a la par de la bencina de contrabando. La mendicidad se ha vuelto frecuente; dormir en la calle, algo impensado hasta años recientes, es una escena bastante común. La basura no retirada se acumula, y el transporte estatal dentro de las ciudades y entre ellas ha sido recortado o eliminado por completo. Los cubanos con edad suficiente para recordar la abrupta retirada de ayuda en el “período especial”, tras el colapso de la Unión Soviética, dicen que ahora las cosas están peor. Inequidad privada Aun así, algunos cubanos pueden pagar aceite de cocina y carbón caros, como quienes reciben remesas de amigos y familiares en el extranjero. Y quienes participan en las firmas privadas altamente reguladas que proliferan en la isla tienen acceso a la economía dolarizada. Muchas son administradas con más eficiencia de la que el Estado puede lograr, lo que deja a sus dueños con dólares cada vez más sólidos para gastar. Es en este sector donde las cosas están cambiando más rápido, y no siempre para mejor. La mayoría de las importaciones debe pasar ahora por una zona franca en Mariel, un puerto occidental lejos de gran parte del país. Eso empezará a añadir costos de transporte significativos. Y a fines de febrero el Presidente Donald Trump dijo que permitiría exportaciones de combustible a firmas privadas, siempre que no terminara en manos del Estado. Cabe esperar una oleada de empresas de papel que intenten esquivar esa regla, y un enredo aceitoso entre negocios privados sin experiencia en importar ese producto. En ninguna parte se ven con más nitidez todas las contradicciones y desigualdades de C u b a q u e e n Guantánamo, la capital de una provincia pobre del mismo nombre. Los salarios estatales están por debajo del promedio nacional. Hay menos oportunidades para participar en emprendimientos privados o en las actividades paralelas que forman cada vez más la columna vertebral de la economía de la isla. Y, sin embargo, es una zona rica en términos agrícolas. Una historia de emigración vincula a muchos de sus habitantes con familias en el extranjero y, por lo tanto, con remesas. Varias partes del centro de la ciudad tienen electricidad durante la mayor parte del día. Los bares y restaurantes suelen llenarse los fines de semana. Se forman filas fuera del moderno Downtown Bar, donde platos abundantes de cerdo y pollo cuestan hasta 3.500 pesos. Pero, al otro extremo de la calle Aguilera, en la periferia oriental de la ciudad, está el barrio de San Justo. Las calles no están pavimentadas, la electricidad escasea y los residentes cocinan lo poco que pueden pagar sobre brasas de carbón. Los cortes de electricidad se están volviendo más largos e impredecibles, sobre todo en las provincias centrales y orientales de Cuba.. La suerte y la astucia determinan cada vez más quién consigue cuánto. The Economist: Los cortes de electricidad se están volviendo más largos e impredecibles, sobre todo en las provincias centrales y orientales de Cuba. Además de una grave crisis económica, Cuba sufre un complejo escenario energético y que se ha acentuado en los últimos días, con apagones masivos.