Autor: Marlene Bohle, escritora puertomontina
Columnas de Opinión: Reseña de un día distinto
Columnas de Opinión: Reseña de un día distinto A bril fue un mes con significados diversos para la mayoría de los habitantes de este espacio.
Es cuando comienzan las verdaderas lluvias del nuevo año, cuando hay que vestir la cama con ropajes más gruesos, cuando hay que proveerse de leña seca y astillas para hacer fuego y calentar la casa, secar sábanas, manteles y freír sopaipillas para la once. También fue el Mes del Libro.
Cada año, durante muchos años, los que caímos en las hebras del tejido literario, consideramos este mes como de trabajo potente y de un sinnúmero de gestos afectuosos, que proceden desde el agradecimiento y el afecto. Hasta la escuela más modesta realiza su acto homenaje al libro. Casi siempre son los profesores comprometidos con el lenguaje los que dan vida y forma a encuentros, conversatorios, recitales, ferias de libro, homenajes, representaciones y concursos de creación literaria, por ejemplo. Este año he sido convidada a distintos colegios, pero quiero detenerme en dos establecimientos públicos, que visité el 23 de abril, el Día Oficial del Libro. Muy de mañana llegué a Liceo Politécnico Mirasol, a instancias del periodista y profesor de lenguaje, Cristian Pinto. Allí pude abrazar a mi querido amigo venezolano y también profesor de Español, Edgar Sánchez. Pamela Vargas, directora de este establecimiento, nos convida a su oficina y nos permite degustar un humeante cafecito, junto a exquisitas galletas preparadas por los cursos de gastronomía del mismo liceo. Por espacios limpios, ordenados y poblados de mensajes sabios, con el poeta Nelson Navarro y el creador del himno del liceo, don Héctor Vargas, llegamos a la biblioteca. Nos esperan alumnos de distintos cursos. Me llama la atención el respeto en el trato, el silencio cómplice; pero por sobre otras consideraciones, el deseo de realizar preguntas sobre la escritura y sus afanes y los problemas que habitan nuestra cultura. Por la tarde noche, a través de largas filas de vehículos, concurrimos a la Escuela de Adultos Reloncaví de Alerce. Inmensamente afectivos los docentes -partiendo por su directora Susan Soto-hasta su personal administrativo y auxiliar. El alumnado es completamente diferente de cualquier establecimiento diurno. Son personas cansadas, pero alegres. Llegan apurados bajo la lluvia, salidos desde sus trabajos o sus casas, después de haber dejado todo en orden y a veces, encargados los hijos pequeños. No hay justificación para no estar en la clase. Saben que esta es una posibilidad que deben aprovechar para avanzar. Ellos se comprometen con sus profesores, porque se saben la otra parte de la cuerda. Al observar sus rostros, no puedo menos que emocionarme y dar gracias porque hay espacio para que ellos alcancen los conocimientos que les posibiliten una existencia mejor.
Todos los establecimientos educativos de nuestros espacios son distintos y únicos, así como los alumnos también ofrecen sesgos de similitud y diferencias; sin embargo, el Liceo Politécnico Mirasol y la Escuela de Adultos Reloncaví de Alerce se enmarcan bajo la educación pública, largamente manoseada y denostada.
Cuando enjuiciamos este tipo de educación, al amparo de algunos espacios donde se enarbola violencia e irrespeto hacia todo, deberíamos recordar que es justicia señalar lo bueno y noble que se realiza en gran parte de los liceos públicos y no generalizar. Autor: Marlene Bohle, escritora puertomontina. C Columna