Autor: TERESA LEIVA UBILLA
Una familia cuasimodista relata cómo se vive esta fiesta: “La tradición no se puede abandonar”
Una familia cuasimodista relata cómo se vive esta fiesta: “La tradición no se puede abandonar” P ara la familia Milla Ruz, el Cuasimodo no es una fiesta cualquiera. No solo porque su vida haya estado siempre ligada a esta procesión. También porque allí, hace más de 20 años, el caballo de Maribel Ruz le cortó el paso al de Luis Milla. “Yo sabía que lo hizo con querer, así que ahí le hablé”, confiesa Luis, hoy de 64 años. El romance siguió, hoy están casados y sus hijas, al igual que como años atrás lo hicieron el abuelo y el padre de Luis, “corren” el Cuasimodo. Y este año se sumará su nieto de tres meses, Santino Emiliano. “Desde chica mi papá nos llevaba.
Al principio iba en carroza y desde los quince más o menos que soy jinete”, dice la hija menor, Belén Milla (22). Para esta familia que preserva el legado desde hace cinco generaciones, el Cuasimodo es parte de su esencia. “Mis compañeros del colegio no entendían por qué faltaba el lunes después de la corrida y yo les tenía que explicar que quedaba muy cansada por correr en Cuasimodo. Pero ellos no sabían lo que era”, relata Belén.
En palabras sencillas, el Cuasimodo es una tradición que consiste en acompañar al sacerdote que lleva la comunión a personas enfermas o en zonas alejadas, el domingo siguiente al de Semana Santa (ver recuadro). Desde hace dos años, el Cuasimodo que se celebra en Independencia, Conchalí y Recoleta lo lidera el padre Alexander Mateus. Es el primer haitiano en liderar la procesión del sector.
“Al principio a la gente le causó un poco de rechazo, pero luego lo vieron tan cercano, que ahora todos lo quieren”, explica la presidenta de Vecinos Organizados RHL (por el nombre de calles importantes del sector), Maribel Montecinos. “Los inmigrantes acá son súper devotos. Tenemos venezolanos, dominicanos y colombianos (... ). A ellos les encanta Cuasimodo”, dice el encargado cultural de la misma agrupación, Christian Torres. Todos juntos Luis relata que, al igual que su familia, la mayoría de los cuasimodistas del barrio son feriantes, y que se preparan meses antes para tener todo listo para esta fiesta. En su familia, confiesa, como llevan tantos años celebrándola, pueden tardar menos, incluso una semana. Este año, por ejemplo, el único traje nuevo es el de Santino; se lo hizo su abuela. Maribel recuerda entre risas: “Un año Luis me tuvo haciéndole una esclavina (manta que cubre los hombros) súper larga, que le llegaba a los pies. Estuve haciéndosela desde enero y la perdió el mismo día porque se la prestó a su primo”. Ella no solo es la encargada de la vestimenta, también de la decoración de la carreta. Estas llevan flores amarillas hechas con papel volantín y hojas de palmeras. Pero en esa tarea recibe ayuda: todos participan, hombres y mujeres, lo que une a la comunidad: “Uno puede estar bordando algo y si te ven las vecinas, se unen”, ejemplifica. Sobre los cambios que han visto, Luis dice que las carretas están volviendo a usarse en Cuasimodo.
“Un tiempo se vieron más bicicletas pero ahora hay caballos más que nada, se volvió a como era antes”. Respecto a los colores de las carretas aclara: “Cada familia tiene un color, aparte del blanco, y así se distingue quienes van juntos”. El de los Milla Ruz es el amarillo. Además, explica que cuando un cuasimodista muere se hacen carretas “mortuorias”, que van vacías y con una foto del fallecido. A él ya le ha tocado despedir amigos cuasimodistas. “Tenemos que seguir los que podamos”, afirma.
Y confiesa que es su fe lo que lo motiva, a pesar de sentirse cada año un poco más cansado: “La tradición no se puede abandonar”. El recorrido en Conchalí, Independencia y Recoleta parte en la Parroquia Nuestra Señora de la Merced y SONICETNOMLEBIRAM Autor: TERESA LEIVA UBILLA. Los Milla Ruz suman cinco generaciones participando. Aunque hay vecinos que alegan por el cierre de calles, en general es un momento que une: la comunidad ayuda a decorar las carretas, lo que puede tardar semanas. Entre tres meses y 64 años tienen los integrantes de este hogar que participarán el próximo domingo Luis Milla y Maribel Ruz junto a su hija Belén y su nieto Santino Emiliano. En la foto, usando las esclavinas que se pondrán el próximo domingo. Estas fueron confeccionadas por Maribel, quien también participa de la fiesta de Cuasimodo. Una familia cuasimodista relata cómo se vive esta fiesta: “La tradición no se puede abandonar” pasa por lugares tan urbanos como Avenida Los Zapadores y el Metro Santa Ana. La única parada que tienen los cuasimodistas durante el día es en el cruce de Avenida El Guanaco con Einstein. En esta esquina paran a almorzar y según la agrupación Vecinos Organizados RHLA, es el principal foco de conflicto, ya que se cortan las calles, se desvía el tránsito y a veces, se generan disturbios.
“Uno no puede asegurar que una vez que pase el Cuasimodo no sigan festejando ahí y dejen sucio (... ). En esa esquina se ponen a vender personas externas a la organización, pero no queremos que eso manche la imagen de los cuasimodistas, que no tienen nada que ver”, dice Montecinos. Otra de las críticas que han enfrentado los cuasimodistas son las acusaciones de maltrato animal. “La última vez una vecina agredió a un caballero porque dice que los caballos sufren. Cuasimodo se realiza el primer domingo después de Semana Santa desde mediados del siglo XIX. Esta fiesta solo se celebra en nuestro país, especialmente en la zona central.
Su nombre proviene de la expresión en latín “Quasi modo”, que significa “Al modo de”, y corresponde a las palabras con que empieza la antífona de entrada de la misa ese domingo (“Quasi modo geniti infantes”, “Como niños recién nacidos”). El objetivo era acompañar al sacerdote que les llevaba la comunión a los enfermos que no pudieron recibirla en la misa de Pascua, y evitar que en el camino le robaran el cáliz. Para esa tarea, engalanaban sus caballos y la carreta del sacerdote. En señal de respeto, reemplazaban sus sombreros por mantillas atadas a sus cabezas y esclavinas sobre sus hombros.
Pero todos saben que para los huasos sus caballos son lo más importante”, dice Gloria Herrera, presidenta de Campanita, el club de adultos mayores de la comuna, quien cada año sale a alentar a los cuasimodistas.
Eso sí, señala que los opositores son pocos: “Son unos dos o tres los que no están de acuerdo; en general acá a todos les gusta”. Maribel concuerda: “A veces los vecinos dejan agua para los caballos y si uno quiere ir al baño, por ejemplo, te abren las puertas de sus casas”. Además explica que Cuasimodo es una fiesta que reúne a las familias: “En el barrio, la mayoría son adultos mayores, entonces sus hijos y nietos vienen especialmente para ese día”. Para ella ese es justamente el espíritu que mantiene viva la tradición. Así, tal como a sus antepasados, “ahora a Santino Emiliano le toca ponerse la esclavina”. OLLITSACDLORAH El origen de la fiesta Autor: TERESA LEIVA UBILLA.
El origen de la fiesta “El año pasado teníamos 110 carretas y este año tenemos 150 (... ). Esperamos más de 300 jinetes”, dice Maribel Montecinos, quien es parte de los organizadores del Cuasimodo en Independencia, Conchalí y Recoleta.