Autor: Carlos Peña
Columnas de Opinión: La razón insuficiente de Quiroz
Columnas de Opinión: La razón insuficiente de Quiroz Una breve revisión de los tropiezos gubernamentales de estos días, permiten identificar la causa que los provoca. Es la predominancia del ministro Quiroz y la forma que él posee de acercarse a los problemas.
El ministro Quiroz es un hombre indudablemente inteligente; pero, como le suele ocurrir a las personas inteligentes, carece, o simula carecer, de empatía, es decir, de la capacidad más o menos espontánea de situarse en la subjetividad ajena, de ponerse en los zapatos, por decirlo así, de la gente de a pie o, para resucitar al personaje del expresidente Lagos, de pensar lo que espera la señora Juanita.
Si esto o aquello es racional, si una vez meditado es la única solución que favorece el bienestar, si sacadas las cuentas y consideradas todas las variables a nuestro alcance, entonces, parece pensar el ministro Quiroz ¿ cuál es el problema en comunicarlo y decirlo con total claridad? Por supuesto si a la ciudadanía, si a la suma de señoras Juanita, le interesara la verdad obtenida a partir de la racionalidad económica es decir, la decisión adoptada a la luz de una escala ordinal, procurando satisfacer la preferencia más urgente o más intensa, una escala ordinal como la que tiene el controlador de una empresaentonces el ministro Quiroz tendría toda la razón y los oficios que hace circular con la más descarnada racionalidad, o los diagnósticos que formula, o la sequedad de sus explicaciones, o la escasez discursiva de que hace gala (después de todo, ha de pensar, la verdad es sencilla), no debieran ser motivo de queja sino de aplauso. Pero ocurre que en la vida social y política el asunto es algo más complicado. Desde luego formar una escala ordinal de preferencias de manera que la decisión pública sea perfectamente racional no parece posible.
Las personas desean cosas distintas y a veces contradictorias y para ellas el corto plazo suele ser más relevante que el largo plazo, a veces prefieren pagar menos ahora, aunque mañana deban pagar más y así. En suma (y el ministro conoce bien el teorema de Arrow, conforme al cual la racionalidad colectiva no es la misma que la individual) la vida social y política es imperfecta. Y porque es imperfecta existe un oficio que suele ser malentendido; pero sin el cual la vida colectiva no sería posible o sería indeseable.
Se trata del oficio de político que sabe que de la madera torcida de que están hecho los seres humanos nunca saldrá nada recto (la frase, desde luego, es de Kant) motivo por el cual el político es quien sabe cómo alcanzar lo mejor dentro de lo posible, de qué manera hacer algo recto o que al menos lo parezca, a partir de un tronco inevitablemente torcido, de qué forma lograr se satisfaga alguien, usted, yo o cualquiera, que desea cosas incompatibles e inconmensurables entre sí ¿ Falta de racionalidad del político, un gesto de simple embaucador? Hasta cierto punto sí; pero también comprensión de la vida vivida y los temores que la habitan. En suma, hay en el gobierno una predominancia de la racionalidad estricta de Quiroz, y ausencia de la racionalidad del político. No se trata de embaucar a la ciudadanía, se trata de ser fiel en alguna medida a la vida vivida desde dentro.
La vida, en efecto, se puede observar desde fuera en base a lo que serían las mejores decisiones para ella; pero también se la puede observar desde dentro, desde las urgencias que la agobian, tal como se la vive, y hacer el esfuerzo de aminorar sus temores. El técnico observa la vida desde fuera; el político, que pasa injustamente por embaucador o demagogo, se esfuerza por mirarla desde dentro. El técnico busca la eficiencia, el político disipar los temores. Ambos mejoran la vida, sin duda, y en equilibrarlos está el secreto del éxito. Autor: Carlos Peña. MIRADA CONSTITUCIONAL