Autor: BANYELIZ MUÑOZ
Los vecinos de Dalal Halabi le regalan papas y paltas: así construyeron la buena onda en el edificio
Los vecinos de Dalal Halabi le regalan papas y paltas: así construyeron la buena onda en el edificio n post de la cocinera Dalal Halabi en X (@dalalhalabi) se viralizó porque contaba la buena onda que U existe entre sus vecinos. "En mi edificio somos pocos y nos dejamos regalos en las puertas. El viernes me dejaron papas del sur y anoche, paltas del campo. Yo dejo aceite de oliva. A un paso del vivir del trueque", escribió. Hasta este miércoles, la publicación superaba las 42.000 visualizaciones, acumulaba cerca de 2.000 "me gusta", había sido compartida en 40 ocasiones y guardada por 22 cuentas.
Ese alcance reflejó cuánto valor le dan muchas personas a este tipo de gestos, algo que también quedó claro en las reacciones de otros usuarios: "Sueño con vivir así", comentó una persona, mientras otra destacó que "es un bonito gesto de cariño con los vecinos". En la misma línea, algunos compartieron experiencias propias similares a la publicación original.
Una persona relató que tras podar su árbol de romero decidió repartir las ramas entre sus vecinos. "No es mucho, pero se hace lo que se puede", manifestó. ¿Se da mucho esto de los regalos entre ustedes? "No ocurre siempre, se da en ciertas ocasiones. Justo coincidió que la semana pasada fueron dos veces seguidas, casi en dos días.
Me dio risa y por eso lo compartí". ¿Qué cosas ha recibido? "Hasta ahora, paltas, papas del sur y, hace un tiempo, porotos". Al ser cocinera, seguramente los vecinos saben qué le puede gustar. .. "Sí, pero no es algo exclusivo conmigo: sucede con varios vecinos". ¿Y usted qué tipo de regalos deja? ¿ Con todos o solo algunos? "Solo con un par de vecinos, generalmente con quienes tengo mejor relación o a quienes les debo algún favor.
Hasta ahora he regalado aceite de oliva". A su juicio, la buena convivencia también se explica por el bajo número de residentes en el edificio. "Es un inmueble pequeño y antiguo, con diez departamentos y poca rotación. Varios son propietarios y un par somos arrendatarios. Llevo casi cinco años aquí, pero muchos llevan más de diez", señala. Otro punto que destaca es que el edificio no cuenta con ascensor ni tampoco tiene servicio de conserjería. "Estamos muy atentos a cerrar bien las puertas y a coordinar cuando ocurre algo. Muchas veces no estoy para recibir mis encomiendas y los vecinos las reciben por mí. Tengo una excelente relación con la vecina de al lado". ¿Se organizan por WhatsApp para estas cosas? "Sí, tenemos un chat grupal. La falta de conserje hace que todos nos cuidemos y apoyemos. Al ser pocos, la convivencia es muy cercana. El otro día me quedé fuera de mi departamento, escribí al grupo y enseguida apareció un vecino a ayudarme. Siempre hay alguien dispuesto a colaborar". ¿Desde que llegó hay gestos así o se acentuaron pospandemia? "Llegué justo después de la pandemia. La buena onda venía de antes, pero en los últimos años se ha dado más interacción.
No nos juntamos todos los días ni hacemos asados todos los meses, pero intentamos organizar al menos una reunión social anual o un asado antes de fin de año". Respecto del perfil de quienes viven en el edificio, afirma que es diverso. "Hay una señora que tiene más de 70 años y vive sola, un separado que vive con su hijo. Hay dos parejas jóvenes: e una tiene un bebé pequeño y la otra es una pareja de hombres. También hay una familia con hijos universitarios", detalla.
Sentido de pertenencia La doctora en sociología Beatriz Revuelta, directora del Departamento de Sociología de la Universidad Central, considera que este tipo de gestos resulta especialmente destacable en la actualidad, en un contexto donde cada persona suele concentrarse en sus propios asuntos. "Existe un sentido de comunidad que reaparece para apoyar y cuidar a otros, sobre todo en escenarios de alta exigencia laboral y social", afirma.
Este vínculo vecinal no solo fortalece la convivencia, también incide de manera positiva en la calidad de vida. "Contar con una comunidad de este tipo contribuye a que las personas se sientan parte de algo", explica.
La experta dice que estas dinámicas suelen desarrollarse con mayor facilidad en comunidades reducidas. "No sé si sería posible replicarlo en edificios más grandes, pero sí podrían impulsarse iniciativas en distintas comunidades que permitan que los vecinos, al menos, se conozcan", sostiene. Una mirada similar plantea el antropólogo social Christian Matus, investigador adjunto del Instituto de Estudios LUN Urbanos y Territoriales de la UC. A su juicio, estas experiencias responden a la construcción de un sentido de pertenencia. "La pandemia fortaleció muchas relaciones comunitarias, en las que las personas se comunican, por ejemplo, a través de WhatsApp", indica.
A su vez, las relaciones de complementariedad suelen darse en edificios con carácter patrimonial o de menor densidad -como en este caso-, algo que no se observa en los denominados guetos verticales o en edificios de alta densidad. "En esos contextos, la mayoría son arrendatarios y casi no hay propietarios, por lo que esa ecología no se genera y el espacio termina sobrecargado.
Tampoco sucede en edificios donde no se cuidan las instalaciones, eso debilita el sentido de pertenencia y la convivencia", explica. ¿Qué le parece el caso del edificio de Las Condes? "Me parece positivo y me siento muy identificado. Vivo en un edificio patrimonial donde se da esa dinámica de convivencia. Hay personas que llevan más de 50 años allí, en su mayoría mujeres solas, y también residen muchos jóvenes.
Se observa respeto en el uso y cuidado del inmueble, en el manejo de la información, así como en la preocupación por las personas mayores y en el reconocimiento del patrimonio". MAURICIO QUEZADA Autor: BANYELIZ MUÑOZ. Una doctora en sociología y un antropólogo social analizan qué hay detrás de esta conducta. Vive en un inmueble con diez departamentos. Todos se conocen y se cuidan Dalal Halabi lleva cinco años en este condominio.