Autor: Marco López Aballay, Escritor culturadiaguita@gmail.com
Columnas de Opinión: Encuentro de escritores
Columnas de Opinión: Encuentro de escritores En el mes de enero del 2019 se desarrolló el Primer Encuentro de Escritores en Tierras Altas, actividad impulsada por nuestra agrupación cultural y que contó con el apoyo financiero del municipio. El evento fue todo un acontecimiento, donde recibimos escritores y poetas de Uruguay, Argentina, Paraguay, Bolivia y de nuestro país.
Valentino Paz, un joven estudiante de filosofía y aspirante a poeta, se convertiría en mi asistente personal apoyándome en todas las actividades propuestas: gestión de alojamiento y alimentación para los invitados, programación de presentaciones ante las autoridades y comunidad en general, recitales poéticos, entrevistas radiales, visitas a establecimientos educacionales de la comuna y un sinnúmero de acciones que requerían un sobresfuerzo a mi persona y que él aliviaba en la tarea. El encuentro duró cuatro días y a la tercera noche le propuse al joven que se quedara en casa. Aceptó de buearrebato de locura me acerqué y besé su cuello. En esa posición estuvimos alrededor de quince minutos, hasta que no aguanté más y lo besé. Él respondió apasionadamente mientras se sacaba la polera, los pantalones y los calzoncillos. Acto seguido me dijo «date vuelta» y comenzó a puntearme por atrás. El día de la finalización del encuentro fue intenso y estuvo cargado de emociones.
Una de las más significativas fue la denominada 'Ruta de despedida', la cual consistió en realizar un recorrido por los principales atractivos turísticos de la comuna: el hospital psiquiátrico, el centro cultural, la casa museo del escritor, la Sala de Artes Romino Cruz, el Cristo de Palo y el Río Aguas Claras de Tierras Altas. Debido a la alta demanda se hicieron tres recorridos, Valentino se ofreció de guía para la ruta que comprendía el hospital psiquiátrico, el centro cultural y el Cristo de Palo. A mediodía me enteré, na gana, pero antes solicitó a mediante una llamada telefósu madre el permiso correspondiente, quien trajo sus medicamentos que requería para dormir. A medianoche lo conduje al dormitorio de visitas, le indiqué su cama y mientras se recostaba me fijé que estaba pegado a la pantalla del celular. Al acercarme me di cuenta que espiaba el Facebook de una tal Mariluz Venegas y mientras la observaba gesticulaba su nombre con una extraña sonrisa.
De pronto sentí unas enormes nica, que Valentino había disganas de abrazarlo y en un cutido sin motivo aparente con el guardia de seguridad del hospital, argumentando que él estaba autorizado por el servicio de salud para llevar a los escritores y escritoras al recinto. Acto seguido habría amenazado al guardia con denunciarlo ante las autoridades correspondientes e insultándolo a garabato limpio. Me quedé mudo y no pude reaccionar ante tamaña noticia. En ese momento estaba en la plaza y en mi desesperación me dirigí a la iglesia, ahora con mi cabeza llena de pensamientos confusos. Es mi culpa, pensé, no debí molestarlo anoche. Quizás no había tomado su medicamento, además pasamos casi toda la noche tocándonos y besándonos (debido a mi condición de ostomizado no pudo penetrarme) y me puse a temblar. Diez minutos después llamé a su celular y sonaba apagado. Volví a intentarlo y no hubo respuesta, lo que aumentó mi angustia. Una hora más tarde recibí una llamada de un número desconocido. ¡ Aló! ¿ Augusto? apenas reconocí su voz de pito sentí alivio y agradecí a Dios el milagro. Al acto le pregunté cómo estaba, esperando a que él contase lo sucedido. Pero lo único que dijo fue que había terminado la ruta y estaba feliz puesto que la misión estaba cumplida. El almuerzo se sostuvo en un ambiente de camaradería y buena onda. Valentino leyó algunos poemas de amor, Juan López hizo unas payas y las poetas feministas dedicaron versos a la madre Tierra. Al finalizar la jornada hubo reconocimientos, galardones y abrazos. A las diez de la noche estaba en casa y a partir de las tres de la madrugada no pude pegar pestaña, pensaba en Valentino y en su extraño actuar en el recinto psiquiátrico. Autor: Marco López Aballay, Escritor culturadiaguita@gmail.com.