Autor: Ismael Rivera Arquitecto
Columnas de Opinión: La guerra del fuego
Columnas de Opinión: La guerra del fuego n la película "La guerra del fuego", el fuego no era metáfora: era poder, territorio y supervivencia. Hoy sigue cumpliendo ese rol, pero con trajes, permisos y discursos popuE listas. Memoria histórica y fundacional, patrimonio, legislación, política y economía han hecho del fuego una herramienta perversamente útil en cada uno de sus tiempos, lugares, discursos y silencios. En el sur de Chile y la Patagonia (chilena y argentina), el fuego sigue "ordenando" el territorio. Los "comentarios de alerces" nos cuentan cómo el fuego ayudó a abrir caminos y preparar territorios para la agricultura. ¿ Necesario en su tiempo? Puede ser debatible, pero fue una realidad. El fuego, en ese contexto, fue utilizado como "política de progreso". En lo urbano cambia el escenario, pero el "método" persiste.
Casas patrimoniales que "sufren accidentes" (eléctricos o de otra índole) se incendian y, a los pocos meses, aparece un proyecto inmobiliario. ¿ Qué falla acá? ¿ La protección al patrimonio o el silencio legislativo? "La oportunidad hace al. .. ". Negocio, iba a decir negocio. En las últimas semanas hemos visto cómo se quema la Patagonia argentina y el sur de Chile. Una sospecha social se instala: ayer eran terrenos protegidos y hoy están ad portas de ser viables para proyectos mineros e inmobiliarios.
Como guinda de la torta, tanto en Chile como en Argentina, un sector político históricamente negacionista del cambio climático, con defensa irrestricta de la inversión privada frente a la protección ambiental, es el que se ha opuesto sistemáticamente a normativas de control, tanto en la prevención como en la especulación. No solo en lo legislativo, sino también en lo político, y desde 2026 ambos países estarán gobernados por este sector. Frases como "¿ Y dónde están ahora esos 6 naranjillos?" nos dan luces de lo que podemos esperar en los siguientes cuatro años. Para algunos, un avance positivo en la inversión privada al "destrabar" normativas y legislación, generando más empleo y/o mejorando los índices macroeconómicos. Para otros, una conducción orientada al enriquecimiento de las élites de siempre y un retroceso irreversible en la protección del medio ambiente. Quienes hoy disfrutamos de un sur conectado y próspero gracias a las políticas de colonización de antaño no vemos el costo que esto tuvo para un ecosistema privilegiado en su diversidad. Tampoco vemos que ese goce es de espectadores a la distancia: todos los bordes de lagos son privados y las grandes extensiones de campos verdes pertenecen a terratenientes. Cuando el fuego decide el uso del suelo, la legislación suele llegar tarde o, muchas veces, no llega, pues depende del hombre, y el hombre ya no se mueve por supervivencia: se mueve por intereses. La guerra del fuego no ha terminado y parece lejos de hacerlo. Pero, paralelamente, en la Patagonia surge silenciosa la otra guerra, donde ya el 80 % de sus derechos son privados: la guerra del agua. Autor: Ismael Rivera Arquitecto. C Columna