Nuevamente una postal con la basura y la insalubridad en sus calles
Nuevamente una postal con la basura y la insalubridad en sus calles Una situación que se ha vuelto cada vez más frecuente, y que para muchos iquiqueños ya comenzó a parecer parte del paisaje habitual, sigue repitiéndose en las calles de la ciudad cada fin de semana.
Durante los días domingo, distintos sectores de Iquique amanecen con bolsas de basura acumuladas en las veredas, esquinas y calzadas, luego de que vecinos y comerciantes las dejaran en la vía pública la noche del sábado, pese a que existe pleno conocimiento de que el retiro de residuos no se realiza en esa jornada.
El problema ha sido expuesto de manera reiterada a través de redes sociales por vecinos que denuncian no solo la mala imagen que proyecta la ciudad, sino también el serio riesgo sanitario que esta conducta genera.
La basura permanece por largas horas expuesta en la calle, en algunos casos abierta o dispersa, lo que favorece la presencia de perros vagos, insectos, ratones y otros vectores que pueden transformarse en agentes transmisores de enfermedades. La preocupación va mucho más allá de una cuestión estética o urbana. La acumulación de residuos domiciliarios y orgánicos en espacios públicos genera focos de insalubridad que afectan directamente la calidad de vida de quienes transitan, viven o trabajan en esos sectores. En una ciudad con alta circulación peatonal, actividad comercial y fuerte exposición turística, la falta de limpieza termina golpeando tanto la convivencia diaria como la percepción de orden y seguridad en el espacio público.
A este escenario se suma otro problema que vecinos y usuarios del centro de Iquique vienen advirtiendo desde hace tiempo: la utilización de calles, aceras y arterias de alto tránsito peatonal por parte de personas en situación de calle para realizar sus necesidades fisiológicas. La situación, particularmente visible en el casco céntrico, agrava la sensación de abandono y profundiza un problema sanitario que ya no puede seguir siendo ignorado. La presencia de orina, fecas y desperdicios en sectores de alta concurrencia no solo deteriora la imagen urbana, sino que también expone a la población a condiciones de evidente insalubridad.
Comerciantes, trabajadores y peatones deben convivir diariamente con olores nauseabundos, suciedad acumulada y espacios públicos degradados, en un escenario que habla de una crisis más profunda: la incapacidad de controlar conductas incívicas y, al mismo tiempo, de abordar con políticas efectivas la realidad de las personas en situación de calle. Lo más inquietante es que esta situación comienza a ser asumida con resignación. Que los domingos haya basura en las calles de Iquique ya parece un hecho esperado. Que en el centro existan puntos donde caminar se vuelve incómodo o derechamente insalubre, también.
Y cuando una ciudad comienza a aceptar como normal aquello que atenta contra la limpieza, la salud pública y la dignidad del espacio común, el problema deja de ser solo operativo y pasa a ser también cultural e institucional. Aquí no solo hay una responsabilidad de quienes insisten en sacar la basura cuando saben que no habrá retiro. También hay una tarea pendiente en fiscalización, educación cívica, coordinación municipal y recuperación efectiva del espacio público. Porque una ciudad no se deteriora de un día para otro, sino a partir de pequeñas renuncias cotidianas que se van acumulando hasta convertir la desidia en costumbre..