Carmen Quiroga: filantropía y caridad para el Limache del siglo XIX
Carmen Quiroga: filantropía y caridad para el Limache del siglo XIX Si nos situamos en San Francisco de Limache, al subir por calle Riquelme hacia el cerro La Huinca, nos toparemos con la Villa Viñedos de Urmeneta. Precisamente al llegar, lo haremos por calle Carmen Quiroga de Urmeneta, nombre que hace homenaje a una de las mujeres más importantes de la oligarquía limachina del siglo XIX. Carmen Quiroga Darrigrandi fue una reconocida filántropa chilena y esposa del político, latifundista y empresario minero José Tomás Urmeneta, apellido que da su nombre a la icónica Avenida Urmeneta. La historia de esta mujer comenzó el 18 de septiembre de 1813 en la hacienda de San Juan, Ovalle, siendo hija de Maria Antonia Darrigrandi y Juan Bautista Quiroga. Carmen nació en una familia acomodada, parte de la élite del norte chico y ligada a la próspera actividad minera.
MATRIMONIO URMENETA QUIROGA Tras una breve estancia en Inglaterra y arribar al norle del país para participar en negocios familiares, José Tomás Urmeneta fue nombrado administrador de las haciendas de Sotaquí y Guallillinga con 23 años, donde se instaló en 1831. Se presume que fue Edmund Eastman, cuñado de Carmen, quien llevó a Urmeneta a casa de sus padres. De ahí que en 1834 contrajera matrimonio con José Tomás, quien aún no ostentaba la riqueza y el reconocimiento que tendría décadas después. En primera instancia, decidieron quedarse en la zona.
El matrimonio Urmeneta Quiroga tuvo tres hijas: María del Carmen, que solo vivió hasta los 12 años; Josefa Amalia, esposa de Maximiliano Errázuriz, fallecida a los 30 años tras dar a luz; y Manuela del Rosario, casada con Adolfo Eastman, quien tuvo una frágil salud y murió días después de su padre. SUS INICIOS EN LA FILANTROPÍA Y OBRAS DE CARIDAD Durante la década de los cincuenta, Urmeneta realizó las primeras inversiones en tierras agrícolas, específicamente en Santiago. En esos años, Carmen comenzó a entregar limosna a la Iglesia Católica y a los pobres, además de aportar a organizaciones caritativas. También organizó misiones en empresas de su marido. Ya en 1860, tal como otros mineros y comerciantes, José Tomás invirtió en una hacienda ubicada en un lugar privilegiado. El predio, adjudicado a él tras un remate, era parte de la antigua hacienda San Pedro de Limache. Así llegó la familia Urmeneta Quiroga a las tierras que luego los recordarían como verdaderos personajes históricos. En el lugar también fueron dejando un poco del estilo inglés, evidenciado en la infraestructura y decoración de la hacienda de Limache. Tras enfrentar la muerte de José Tomás Urmeneta, el 20 de octubre de 1878, Carmen Quiroga debió asumir labores administrativas.
Y a partir de la década de 1880, además de apoyar obras de beneficencia, destacó por la entrega de limosnas, respondiendo a numerosas solicitudes y enviando los recursos de manera confidencial. "Carmen Quiroga, a pcsar de vivir una época muy patriarcal, tuvo un rol relevante en lo público, desde la dimensión social y la dimensión caritativa", destaca Fernando Venegas, académico de la Universidad de Concepción. "Es importante para el desarrollo de Limache en el sentido social, que se reflejó en la construcción y el impulso del Hospital Santo Tomás. Además está la caridad cristiana, pues hacía numerosas donaciones", explicó. EL ANTIGUO HOSPITAL Gran parte de las obras de caridad realizadas por Carmen Quiroga tuvieron lugar en San Francisco. Su huella innegable quedó en la donación del terreno y posterior construcción del Hospital Santo Tomás, que además equipó completamente con implementos traídos desde Inglaterra.
Inaugurado el 13 de enero de 1887, el recinto fue el primero de este tipo en Limache. "Hablamos de una época donde no había un Estado Social, entonces es muy relevante esta iniciativa de Carmen Quiroga", explica Venegas, quien ha estudiado diversos aspectos de la historia limachina. Destaca también que "anteriormente, durante una epidemia de cólera, se había pedido ayuda a José Tomás Urmeneta para hacer un lazareto. Se trataba de una vivienda rústica en las afueras, lejos de la población, para llevar a los a los enfermos. Pero ella hizo un hospital". Y no solo eso. Quiroga determinó que en el recinto de salud se instalara un dispensario. "Los hospitales en esa época no eran como los de ahora, en cuanto a equipamiento y otras cosas. Eran lugares donde la gente iba a morir bien. Entonces, el dispensario era muy importante porque se entregaban medicamentos a la comunidad", explicó.
El recinto funcionó bajo la administración de las religiosas de la Providencia, atendiendo a un gran número de personas al año y siendo de gran ayuda para auxiliar a los heridos de la Guerra Civil de 1891, según destacó el académico Fernando Venegas. Además, "en esa época, San Francisco era una población mayormente industrial. Estaba la maestranza, la cervecería y el ferrocarril. Entonces, había mucho trabajador herido porque no había leyes ni protecciones contra accidentes.
A ellos se les atendía en el hospital". LA CAPILLA SANTO TOMAS A petición de la benefactora, junto al hospital se levantó luego la Capilla Santo Tomás, en honor a su esposo y considerando que no había ningún templo para recibir a los fieles católicos que habitaCARMEN QUIROGA URMENETA ban de ese lado del estero.
Y es que no podemos dejar de mencionar que Carmen Quiroga fue un bastión del Partido Conservador en un tiempo de disputas ideológicas, pues desde la caridad cristiana y a través de la fe se enfrentaba el anticlericalismo, el laicismo y la secularización. En relación a lo anterior, según las investigaciones de Fernando Venegas, Carmen Quiroga tuvo un rol muy político, ayudando a financiar el periódico "El Independiente" y a los opositores de la Guerra Civil del '91. Carmen Quiroga falleció el 4 de diciembre de 1897. En su testamento consideró la ayuda a mujeres, varias de ellas viudas; y también a obras de caridad en el Norte Chico, Santiago y el Valle de Aconcagua. Entre los aportes considerados, además, figuraron hospitales como el de Limache. Según dispuso antes de morir, tanto sus restos como los de su esposo descansan al interior de la capilla del antiguo Hospital Santo Tomás. Hasta hoy, a pesar de los embates del tiempo, esta obra de arquitectura ubicada en calle Baquedano sigue siendo una de las edificaciones históricas más importantes de la comuna. CARMEN QUIROGA EN EL LIMACHE ACTUAL "Las huellas de Carmen Quiroga han sido múltiples, aunque poco conocidas. Mucho más se sabe de su marido, pero ella tuvo una disposición especial con Limache porque quiso dejar sus restos en la capilla Santo Tomás, junto a él, lugar donde aún están. La gente no conoce que ella está ahí y tampoco sabe que existía", reflexiona la periodista Aulikki Pollak.
A través de las "Caminatas en Limache", Pollak ha intentado traspasar a los participantes el interés por el patrimonio comunal. "Hago una caracterización con un personaje histórico que pregunta por qué este lugar está cerrado y lo tienen en esas condiciones, cuando ese espacio fue donado para la ciudad. Es una pregunta sobre cómo se ha preservado, o no, ese lugar tan valioso", comenta.
Y, agrega Pollak, "lo único que hay en memoria de Carmen Quiroga es una calle en una población, no en una avenida principal, que sería importante, porque ella fue una filantropa que quiso lo mejor para nuestra ciudad". La hacienda Los límites de la hacienda alcanzaban hasta Concón, Viña del Mar, Quilpué, San Francisco de Limache y Tabolango. La nueva propiedad de José Tomás Urmeneta tenía una ubicación privilegiada al estar a medio camino entre Santiago y Valparaíso, lo que permitia la continuidad de sus diversos negocios. Como en otras empresas, Urmeneta inició, en la hacienda de Limache, una serie de transformaciones que la convertirían en una de las más modernas y prósperas del país. Su producción era enviada hacia el puerto de Valparaíso o a Santiago vía ferrocarril, el que tenía una de sus estaciones en los limites de la hacienda. En 1868, José Tomás Urmeneta decidió entregar en arriendo gran parte de la hacienda, quedando fuera de este contrato la casa patronal y la viña. Ese fue su lugar de descanso.
Tras la muerte del matrimonio Urmeneta Quiroga, los terrenos pasaron a manos de la familia Eastman.. Se trata de uno de los personajes más influyentes en la historia de la ciudad, pero poco conocido para gran parte de la comunidad La hacienda Los límites de la hacienda alcanzaban hasta Concón, Viña del Mar, Quilpué, San Francisco de Limache y Tabolango. La nueva propiedad de José Tomás Urmeneta tenía una ubicación privilegiada al estar a medio camino entre Santiago y Valparaíso, lo que permitia la continuidad de sus diversos negocios. Como en otras empresas, Urmeneta inició, en la hacienda de Limache, una serie de transformaciones que la convertirían en una de las más modernas y prósperas del país. Su producción era enviada hacia el puerto de Valparaíso o a Santiago vía ferrocarril, el que tenía una de sus estaciones en los limites de la hacienda. En 1868, José Tomás Urmeneta decidió entregar en arriendo gran parte de la hacienda, quedando fuera de este contrato la casa patronal y la viña. Ese fue su lugar de descanso. Tras la muerte del matrimonio Urmeneta Quiroga, los terrenos pasaron a manos de la familia Eastman. Mientras vivió en Santiago, Carmen Quiroga comenzó a dedicarse a la caridad, acciones que replicó durante sus años en Limache. A la fecha, el único homenaje tangible en la ciudad es una pequeña calle con su nombre. Carmen Quiroga compró la quinta que limitaba con las calles Baquedano, Dolores, Carrera y Colón, para construir el antiguo hospital. A la fecha, el único homenaje tangible en la ciudad es una pequeña calle con su nombre. Carmen Quiroga compró la quinta que limitaba con las calles Baquedano, Dolores, Carrera y Colón, para construir el antiguo hospital.