Autor: Claudia Bustos Jefa regional de la Fundación Las Rosas
Columnas de Opinión: Cuando quedarse en casa ya no basta
Columnas de Opinión: Cuando quedarse en casa ya no basta C hile está intentando avanzar hacia una manera más humana de envejecer. Que las personas mayores puedan permanecer en sus casas, cerca de sus recuerdos, de su barrio y de las pequeñas rutinas que les dan identidad y tranquilidad. Y cuando existen redes, autonomía y condiciones adecuadas, eso puede ser profundamente valioso. Pero la realidad muchas veces es bastante más dura. Porque hay personas mayores que ya no pueden levantarse solas, que viven con demencia avanzada, que necesitan ayuda para comer, bañarse o, simplemente, recordar dónde están. Hay hijos agotados intentando cuidar mientras trabajan jornadas completas, familias viviendo en espacios pequeños y adultos mayores completamente solos, sin nadie que pueda acompañarlos.
Ahí aparece una pregunta incómoda que como país todavía no terminamos de responder: ¿ qué pasa cuando quedarse en casa deja de ser sinónimo de cuidado? A veces hablamos de envejecimiento, soledad y abandono como conceptos lejanos, pero detrás hay personas concretas. Personas que pasan semanas hospitalizadas no porque necesiten seguir internadas, sino porque nadie sabe dónde podrán vivir después. Personas que sienten culpa por "ser una carga". Hijos que lloran en silencio porque aman a sus padres, pero ya no pueden sostener cuidados permanentes y especializados. Y mientras el país impulsa modelos domiciliarios-algo necesario y positivo-, también disminuye la capacidad residencial para quienes sí requieren cuidados intensivos y permanentes. Esa es la tensión que estamos viviendo silenciosamente. Porque permanecer en casa puede ser un acto de dignidad cuando existe una red que sostiene. Pero cuando no hay apoyo, recursos ni compañía, la casa también puede transformarse en un espacio de aislamiento y abandono invisible. En regiones como la nuestra este panorama se vuelve aún más nítido. Valparaíso es una de las zonas más envejecidas del país, y aquí constatamos a diario cómo la geografia de cerros y escaleras profundiza el encierro de quienes ya no pueden desplazarse por símismos. No podemos permitir que el lugar donde alguien construyó su vida se convierta en su propio límite.
Por eso, el debate legislativo sobre un Sistema Nacional de Cuidados no puede ser una discusión técnica abstracta; debe traducirse en recursos reales para fortalecer tanto el apoyo en los hogares como las alternativas residenciales de larga estadía, entendiendo que ambas realidades no compiten, sino que se complementan. El desafio más urgente no es solamente sanitario o económico. Es volver a poner a las personas mayores en el centro de nuestra conversación como sociedad. Mirarlas desde su humanidad. Entender que cuidar no es sólo resolver necesidades físicas, sino también acompañar, contener y hacer sentir a alguien que sigue siendo importante. Porque todos -si tenemos suertevamos hacia allá. Autor: Claudia Bustos Jefa regional de la Fundación Las Rosas. C Columna