Editorial: Transición energética: El desafío de cruzar el umbral del hogar
Editorial: Transición energética: El desafío de cruzar el umbral del hogar Este 14 de febrero se celebra -además del día del amor y la amistadel Día Internacional de la Energía, que nos invita a reflexionar sobre el motor que mueve nuestra sociedad y los desafíos de una transformación que ya es realidad en Chile. Chile suele celebrar con orgullo un liderazgo en generación renovable: cerca del 70% de nuestra matriz eléctrica proviene de fuentes limpias, alcanzando incluso picos del 77% en periodos específicos de 2024. Sin embargo, esta alentadora cifra ecológica convive con una paradoja invisible: el consumo energético final de los chilenos -lo que usamos para transporte, cocina y calefacciónsigue dependiendo en casi un 70% de combustibles fósiles. Este es el "eslabón perdido" de nuestra transición. No basta con un desierto lleno de paneles solares si esa energía no logra desplazar al diésel o a la leña. La transición ecológica demanda una electrificación profunda de los usos finales, pero para que esto ocurra, debemos enfrentar obstáculos estructurales, especialmente en la infraestructura de la red eléctrica.
Hoy, nuestras redes de distribución carecen de la resiliencia e "inteligencia" necesaria; operan con márgenes estrechos y poca visibilidad de datos en tiempo real, lo que genera riesgos de cuellos de botella técnicos que podrían frenar la masificación de la electromovilidad o el uso de bombas de calor. Desde una perspectiva regional, la disparidad es crítica. En nuestra región, la energía puede ser hasta un 70% más cara para pymes e industrias, y es la más costosa del país para los hogares. La fragmentación del territorio y el uso de sistemas eléctricos aislados han profundizado brechas históricas. No obstante, la reciente promulgación de la Ley de Sistemas Medianos desde Río Ibáñez marca un hito de equidad territorial. Esta normativa busca reducir las tarifas para más de 10,000 familias y fomentar la inversión en energías renovables locales, permitiendo que zonas extremas se integren eficazmente a la transición nacional. Finalmente, la legitimidad de este cambio depende de los costos asociados. No se puede exigir al ciudadano que electrifique su vida sin señales de precio claras y tarifas flexibles que traspasen los bajos costos de la generación limpia al bolsillo residencial.
La transición energética dejará de ser un indicador macroeconómico y será un éxito verdadero sólo cuando se convierta en una mejora tangible, cotidiana y económicamente accesible para la calidad de vida de todas las personas, sin importar en qué rincón del país se encuentren..